martes, julio 27, 2021
jueves, julio 22, 2021
♥ Venus. ♥
Qué rabia ser traicionada por mi propio corazón.
Que la cosa que más he ansiado, con la que he soñado desde que tengo memoria no pueda ser posible porque acabé siendo una planta carnívora en lugar de espuma de mar.
Que, al final, sea mi mayor enemiga y tenga que derrotarme a mí misma para amar bien.
Lo sé hace tiempo. Lo miraba así, de lejos, porque era una realidad de esas que a uno le gusta ignorar con la inocente esperanza de que se solucionen solas.
Si miro hacia atrás, sin embargo, el caminito de migas guía siempre hacia el mismo lugar. La evidencia es contundente; las fantasías y la creatividad, infinita. Es muy, muy difícil tener un espíritu que guía hacia el amor al mismo tiempo que se la pasa aterrado por la posibilidad de perder.
La venus atrapamoscas, exquisita y tentadora, nunca se cansa de alimentarse. Permanece ahí, invitando a las moscas a un destino poco alentador.
Saturno.
Ay, ay, ay. Ay.
Quería plasmar aquí lo que me pasa, lo que me aqueja, lo que me acongoja.
Pero es tanto. Tanto, tanto. Tanto que pareciera que llevo meses con el nudo en la garganta. Tanto, que mis días se miden en cuánto me duele el corazón, en cuánto debo dejar atrás. En cuál será el sueño infantil que tengo que posponer esta vez.
Las explicaciones que le doy a esto son muchas: El crecer, el cambiar, el estar cansada a los veintiocho. Hoy, mi destino brilla en los astros.
La luna bajó con poca programación (gasp, una sorpresa) y me regaló un poquito de magia, de esa que se me había olvidado a medias. Me hizo mirar al cielo, a las estrellas —mucho más intensas, infinitas y trascendentales que yo— y arrullarme en mi propia pequeñez. Allá, en la nada, entre el polvo cósmico y la falta de oxígeno, entre los millonarios que buscan colonizar más y más, encontré que soy un puntito, y mis problemas un puntito más pequeño.
Que no soy la única que, a los veintiocho, tiene la vida un poco (bastante) patas arriba.
lunes, mayo 24, 2021
La melancolía.
Todos estamos un poquito tristes todo el tiempo, o eso dicen.
Si lo estamos, deberíamos abrazarnos más.
miércoles, mayo 19, 2021
martes, mayo 11, 2021
Sentir, hacer.
El otoño, a pesar de su naturaleza neutra y tranquila, parece moverme.
Se roba los colores del verano y me los obsequia a mí para deslavarlos. Se hace el ciego cuando me quedo con algunos, cuando los abrazo y destiño con mis lágrimas. Luego, me besa y me río. Me hiela los pies y me hace correr.
Es la antítesis del moverse o congelarse. Del cero o el cien. Del estar o desaparecer.
Entre la música, mis pasos, los colores y las letras, descanso yo. Un metamorfo que busca el calor pero no lo pide y que sonríe cuando se ve envuelto en mantas.
Mantas de amor, mantas de cobijo, mantas del otro que me cuida.
Tantos otros como las hojas que reposan en el suelo.
jueves, abril 15, 2021
WHU?
Otra de las cosas que he descubierto:
No sé si estaré cansada de explicarme o convencer, si el debate no será lo mío. Si he agotado ya una mecha que se suponía tenía que durar más tiempo.
Incluso ante las menores cosas me agota darme a entender. Aún cuando sé que no lo van a recibir mal, sólo tengo ganas de hacerme bolita y no decir una sola palabra nunca más.
Y esto viene de la persona que cuando camina al trabajo se imagina hablando en talk shows.
martes, abril 06, 2021
Los monoroles que no hago.
Hay un muchacho de ojos tristes que vive dentro de mí.
Le di un nombre en marzo. Tiene pestañas largas y el pelo revuelto; dedos que podrían ser de músico, largos y habilidosos. Pasó muchas cosas feas y, después de escapar pagando sangre, sudor y lágrimas, empezó a vivir una vida asombrosa en su simpleza.
Comer, trabajar, dormir. Seguridad. Un techo.
Soledad.
Cuando le atacaba la soledad, este muchacho daba lo que fuese por sentir el calor de otro cuerpo por unas horas. Luego, regresaba a su escondite.
Un día se chocó con otro muchacho. Hubiese sido otro día irrelevante de no ser porque el muchacho brillaba como las estrellas, y estrellas le hizo ver luego de invitarle a un café.
El salir de su simpleza también implicó sentir, y el muchacho pelea consigo mismo todos los días para no acobardarse con toda la taquicardia que ahora presenta su siempre tranquilo corazón. A veces se siente muy inadecuado, como si fuese un bebé que con suerte ha aprendido a llorar cuando se da un golpe y nada más.
Cuando todos han aprendido a sentir mientras tu dormías, se pregunta, ¿es justo pedir que te tengan paciencia?
Mirando al muchacho a su lado, todo emoción y entusiasmo, vuelve a sentirse inadecuado, pero sería mucho más cobarde volver atrás. Al mundo gris.
Vive en mí, pero lo miro desde lejos. Me gustaría decirle que sin querer, me di cuenta que tenemos en común esas cosas feas que sentimos (o no) y a las que a veces les hacemos el quite. Me gusta pensar que ambos, distintos como somos, vamos a poder sortearlo de alguna forma.
sentirsentirsentir
¿A dónde se fue la escritura prolífica?
Se fue, se fue, a sentir afuera, a vivir afuera. A moverse y hablar y no tener tiempo para su mundo interno. A ser música y palabras para otros. A decir te quiero y recibirlo de vuelta.
Pero el mundo interno reclama y arrastra. Como las olas, como las lágrimas.
Y llorar, a veces, no es suficiente, porque botas la emoción pero todavía no sabes —no puedes— explicar lo que sientes.
¿Cómo decirle al mundo lo que te pasa si ni lo entiendes tú? ¿Cómo se lo explicas a los que esperan tu serenidad, tu suavidad?
¿Qué pasa si recién estás construyendo cosas y esta es la impresión que das?
Ahogada en amor si poder encontrar consuelo.
lunes, noviembre 30, 2020
99%
Sólo el 22% de las personas considera en su futuro el deseo de tener hijos.
Mi yo onírica observó en silencio este gráfico, su ceño fruncido mientras intentaba descifrar la seguidilla de pensamientos que rondaban atropelladamente por su cabeza. Tenía sentido, ¿no? Al final, hay demasiadas variables involucradas para sólo decir que sí.
Después de un debate agitado del que ya no me acuerdo, otro par reveló un segundo gráfico:
El 99% de las personas cree que allá afuera hay un amor verdadero.
Y no sé si desperté después, pero hasta ahí me acuerdo. Ahora, escribiéndolo, pienso que tal vez la interpretación de los sueños algo tiene, pero no me quiero analizar.
jueves, noviembre 26, 2020
Ughhhhhh.
De verdad que los ríos a veces separan su cauce porque así les lleva la corriente y eso está bien.
miércoles, noviembre 18, 2020
Diógenes.
Cuánto de mí
serán yos guardadas,
llenas de polvo
en estos planos secos.
Cuánto de mí
serán cosas que no recuerdo
hasta que me hacen falta.
Cuánto de mí
serán cosas
que no he inventariado
pero me forman igual.
miércoles, octubre 28, 2020
lunes, septiembre 28, 2020
4380
Día curioso en el que supero mi marca de escritura desde 2009.
2009. Un año que recuerdo con cariño a pesar de las enormes pérdidas. Un año en que salí del algodón de la vida para sentir, sentir, sentir. Y vaya que sentí y amé y conocí y extrañé y lloré y mis palabras volaron como drenaje para cada uno de los alborotados latidos de mi corazón.
Las flores de ayer ahora son pausas. En el día más lleno de viento que recuerdo de lo que va del año, siento como si la mitad del tiempo la pasáramos congelados. En criogenia, con el cuerpo rígido, atrapado en un grito que no sabe dónde salir.
Sentir, sentir, sentir. Sentir tanto que te abruma, a veces. Hace poco mi papá me dijo que desde siempre llevo más energía que la que mi cuerpo puede acarrear, por eso me paso cayendo. Ahora que parece que toda yo es energía y el mundo mi cuerpo, sentí lo mismo por un rato y tuve que bajarle el ritmo.
Ahora, con este viento, siento que ya el mundo está volviendo a acoplarse a mi energía.
lunes, septiembre 21, 2020
La balanza.
Creo que hace unos meses había hablado de esto.
De cómo intuyo que la gente me ve, de cómo me pone contenta sentir que me deseen bien, que se alegren por mí. Es bonito porque quiero a mucha gente.
Soy un ser de octubre y primavera, tengo esta manía de siempre tender a sacar lo mejor de mí, de nunca estar satisfecha. Desde chica. Me he dado cuenta que ni siquiera es tanto una cosa de competencia, si no de estas ganas de siempre de querer vivir una vida extraordinaria. Y para eso, siento que yo debo serlo, también.
He visto otra gente extraordinaria nacida bajo cielos similares. Les veo empujar ese límite alto, alto, entre danza, entre voz, entre bondad e infinita creación, entre profunda belleza y elegancia. No me siento tan sola en mi cruzada, y sé que seguramente sus mentes a veces están en tormenta como la mía, pero verlos desde fuera me hace poner todo en perspectiva. Es como mirar una parte de ti, un poco, en otros universos y cuerpos.
A veces me llegan retazos de cómo me veo desde fuera y me gusta mucho. A esta Catie, desde fuera, la ver brillar, la ven reflexionar, la ven luchar con pasión por lo que le parece justo. Y me late fuerte el corazón.
Me hacen recordar con mucho cariño que debo, además de quererme, ser gentil conmigo misma, porque así danzo, amo y canto más bella que nunca.
martes, septiembre 15, 2020
viernes, septiembre 11, 2020
Espanto y empatía.
Es súper sencillo desconectarse. Fácil. Sin esfuerzo.
Vivir pretendiendo que no pasa nada, que el dolor del otro es algo que puedes ignorar porque si no lo pescas, nunca se registra en tu órbita.
Cuando miro hacia atrás y pienso en la Catie de hace diez años, creo que mucha de su plenitud en ese momento tiene que ver con que estaba desconectada. Su preocupación se limitaba a un puñado de personas cuyas vidas, también, estaban bastante desprovistas de preocupaciones.
El sufrimiento, la carencia, la pobreza, todas esas cosas que su propia familia había vivido una generación atrás y contra las que había luchado incansablemente para nunca más tener que enfrentarlas, eran algo que en aquel momento sólo era racionalizado por todos como flojera, como comodidad. En la búsqueda por asomar la nariz en un poquito de dignidad, parece que las personas quedan tan traumatizadas, tan expuestas, que el costo de lograr llegar al punto en el que están es observar para siempre su propio esfuerzo como algo único y extraordinario. (Y lograble). Porque nadie les ayudó.
A los que quedan atrás, nadie les ayuda tampoco.
El camino a la empatía, como antes he dicho, es doloroso; es un montón de mirarse al ombligo y cuestionarse e incomodarse y no conformarse con el nivel de comprensión que uno tiene ahora. Es juzgarte duro cuando te acuerdas de cosas como que no querías ir al Museo de la Memoria porque te habían hecho creer un montón de mentiras y tú tampoco lo cuestionaste más allá. Es ver a tus papás, a quienes les hacían ropa con sacos de harina y que se desmayaban de hambre cuando chicos y no entender cómo es que a ellos les mintieron también si estuvieron ahí mismo.
Es sentir el nudo en la garganta y escribir porque no sabes qué más hacer con estos ojos llenos de lágrimas y el dolor profundo e infinito que casi un país entero tiene mucho miedo de recordar y sentir por sí mismo.
jueves, septiembre 03, 2020
La traición.
¿Evitaré cosas para no añorar?
Me enfado conmigo misma porque no sé bien qué quiero; qué es, realmente, eso que ansío tanto. ¿Qué será esa falta que me llena la garganta de papel y me transforma en seda el corazón cuando me despisto?
miércoles, septiembre 02, 2020
Más o menos a 65 ppm.
Nunca te he pensado como mi amante
y, quizás, ya va siendo tiempo de que lo haga.
A ti te lloro, henchida en emoción. A ti dedico horas y horas de mi vida sin siquiera pensarlo dos veces. Tú prevaleces cuando lo que te acompañó se marcha una y otra vez; y ahí estás para secarme las lágrimas con besos de tétradas, armonías en terceras que flotan a un centímetro de mi corazón.
Me acoges con abrazos de sol, de agua, de susurros que sólo escuchamos las dos en lo más profundo de una fantasía. Tomas mis manos, mi voz, y la haces algo nuevo: algo tímido y esperanzador. Me besas los dedos, crudos y adoloridos, porque lo único que me importa es escucharte.
El sueño siempre te incluye, porque sin ti no tiene razón de ser, y nunca me había dado cuenta.
¿Sería tan importante aquello que quiero si tú no estuvieras ahí para hacerlo extraordinario?
