Las ganas de dormir recostada en el pasto sin ninguna preocupación.
(El artista se debe a su público).
Las ganas de dormir recostada en el pasto sin ninguna preocupación.
(El artista se debe a su público).
Tengo que decir que me gusta jugar a imaginar tanto —o más— como cuando era niña. Poco ha cambiado; las historias me llaman y yo las sigo, encontrando magia en cada recoveco en el que me pueda meter.
Hallar magia ahora, sin embargo, se siente como una decisión consciente y adulta: Mi energía, mi tiempo, es menos del que me gustaría. Duermo como un lirón, bailo hasta que me duelen los pies, sacudo el polvo de todas partes, incluida yo, y, de tanto en tanto, recuerdo que la vida mundana sólo es un pedacito de lo que puedo ser.
Un dibujo, una noche de risas de amigos, la cordillera sonriéndome al otro lado de una ventana, el mar tocando la punta de mis dedos.
Rodeada estoy de magia y amores.
¿Qué será eso que te hace venir a mí?
Me pregunto y me pregunto y me pregunto.
Y el eco de mis preguntas se lo lleva el atardecer. Yo miro los colores.
¡Ah…! Ya entendí.
(Creo).
Estamos en esa época del año donde oscurece más temprano, hay atardeceres bonitos y las nubes me saludan y se van durante el día.
Todo corre rápido, rápido, y los recuerdos se arremolinan y se apelotonan, uno encima del otro en nudos extraños que no sé por dónde comenzar a desenmarañar.
Los días son cortitos, hasta aquellos que deseo duraran para siempre. Con danza, risas, paseos en bici, con paseos lentos por las calles mientras tarareo canciones que me despiertan la nostalgia.
La nostalgia es bonita, como mis fotos en 35mm. Con el rollo vencido, pero esa sensación de ensueño y granulosa que sólo puede dar lo análogo. Siempre pienso que si me viera desde atrás, me daría esa curiosidad que tienen los niños por esas vidas que se ven interesantes.
El otro día, una estudiante me dijo Maestra Miel. Se me había olvidado que ese es el punto de todo.
El fin de semana toqué pastito, hice un picnic, sentí abrazos largos y apretados de amistad. Dormí en una habitación llena de risas y amigas que me dicen "Catita" y me escuchan tanto, tanto.
Hoy probé por primera vez una manzana del árbol del John. Dulce, dulce. Creo que me preparó el estómago.
Nunca diré de qué es la guerra porque debo ganarla, y esto es una cosa de mucha estrategia, al parecer. Ha durado más de lo que creí, y hoy pensé que la perdería, pero la vida da sorpresas.
(Miro el fanart que me regalaron. El segundo, además. Soy como el meme del tipo que mira un cuadro por cinco horas).
Me acuerdo de que he cantado, de que he viajado. El viento frío en la cara te da vida.
Hay cosas que no sabes, ya; supongo que hay cosas que no sé, también. ¿Febrero es una derrota?
Hay guerras peores que perder. No me olvido. (No tengo memoria selectiva).
Los días se vuelven más frios —por fin—, y yo visito viejos amigos.