lunes, febrero 23, 2026

La guerra.

 El fin de semana toqué pastito, hice un picnic, sentí abrazos largos y apretados de amistad. Dormí en una habitación llena de risas y amigas que me dicen "Catita" y me escuchan tanto, tanto.

Hoy probé por primera vez una manzana del árbol del John. Dulce, dulce. Creo que me preparó el estómago.

Nunca diré de qué es la guerra porque debo ganarla, y esto es una cosa de mucha estrategia, al parecer. Ha durado más de lo que creí, y hoy pensé que la perdería, pero la vida da sorpresas.

(Miro el fanart que me regalaron. El segundo, además. Soy como el meme del tipo que mira un cuadro por cinco horas).

Me acuerdo de que he cantado, de que he viajado. El viento frío en la cara te da vida.

Hay cosas que no sabes, ya; supongo que hay cosas que no sé, también. ¿Febrero es una derrota?

Hay guerras peores que perder. No me olvido. (No tengo memoria selectiva).

Los días se vuelven más frios —por fin—, y yo visito viejos amigos.

lunes, agosto 25, 2025

La doncella.

 El otro día escuchaba canciones sobre quemar todo y dejar cenizas, sobre rendirse como equivalente a coraje y sólo me reí y dije "Ah, la comprensión lectora está muerta". ¿De qué sirven libros y libros si no hay pensamiento crítico detrás?

Cuánto será performativo, al final. Estás grandes muestras de 'no me importa' que se caen a pedazos sin que yo tenga que soplar siquiera, cuando los fantasmas deambulan tan cerca, tan en mis narices, que hasta yo me pregunto qué es lo que pretenden encontrar en estas tierras.

Yo no huyo de los fantasmas. Los saludo, los respeto, les invito a visitarme aunque no vuelvan. Los fantasmas pertenecen a estos lugares igual que yo, y quemarlos sería, sobre todo, una falta de respeto a mí misma.

Los fantasmas no se pueden quemar.

En estas fechas llenas de fantasmas los oigo deambular en mi propia cabeza, no sé si visitarán ya, y no lo quiero averiguar tampoco. Dejo estos espacios como un ático por el que paseo de vez en cuando reacomodando cosas. Pero principalmente hago nuevas memorias y converso con los vivos.

Los fantasmas me acechan cuando miro un puntito en el mapa y escribo una letra "c" en pixeles, pero no lo continúo, y me voy a pensar en besos y cadenas rotas, en almas gemelas que duermen juntas a pesar del miedo de volver a amar. En el último mes, he pensado en todas esas señales que se me pasaron. Con el tiempo libre después de mi operación, he armado nuevas cosas, memorias lindas. He dibujado un montón.

En el cielo está ese otro fantasma que atormenta a mi retoño, ese nacido bajo las estrellas de la doncella.

Pero está bien, le digo. Pasará, y serás feliz.

viernes, julio 25, 2025

En mis sueños…

 Siempre

.

martes, julio 08, 2025

Sing once more like you did before.

 Y bailar entre las nubes y el frío, riendo.

jueves, junio 19, 2025

El cometa

 Me siento un poco desconcentrada para escribir.

 Bueno. Eso de lado, el otro día me atacó la nostalgia. Creo que soy un bicho medio olvidadizo, y me dejo arrastrar fácilmente por las garras de los buenos recuerdos; me pierdo en ellos, y una vez las cosas me dejan de dar pena, es como si tuviera feed eterno de serotonina en el pasado.

Así me encontré, el otro día; sorprendida por la ausencia de tristeza, de enojo.

 No soy tonta, eso sí. Sé cuál es la función de la pena y el enojo: No olvidar, aprender. Evitar situaciones similares o afrontar con más cautela la siguiente vez. Le comentaba a mí psicólogo que quizás por eso no me he transformado en un ser sin esperanzas, un adulto fome; quizás tengo muy mala memoria.

Pero tengo buena estrella, o eso creo yo, al menos. El otro día me agarraron las garras de la nostalgia y acabé siendo arrastrada de vuelta, un cometa brillando en el cielo, gentil y hermoso.

Siento yo que me dijo, sin regañarme, que hay cosas mejores en el presente y ahí tengo que fijar la vista. 

martes, junio 03, 2025

☁️🌥️

 Ese sueño se me hizo tan real.

martes, mayo 20, 2025

We're on our way home

We're going home.

♫⋆。♪ ₊˚♬ ゚.

miércoles, mayo 07, 2025

🍂

 Las hojas arremolinándose a ras de suelo.

El viento en la cara. Frío, frío.

Mis dedos rozando las flores (amarillas, rosadas, lilas) mientras voy en bicicleta.

Un atardecer bonito, de colores y colores en el cielo. De nubes tornasol, de naranjas que me regalan porque tengo ángel.

Llego a mi casa y sonrío.

martes, abril 22, 2025

3.

 Más que nada, admiro mi propia capacidad de siempre lanzarme al vacío a pesar del susto. No siempre sale bien, pero lanzarse siempre es mejor que la inacción.

lunes, abril 21, 2025

De ángeles y otras cosas.

 No iba a escribir nada hasta mañana, pero la vida funciona de maneras curiosas siempre, ya debería saber.

En mi hiperfijación de todos los años, me pasé el fin de semana santo escuchando Jesucristo Superstar. Pensar que en algún punto de mi vida audicioné como coro en ese musical porque me daba pánico cantar sola. Quién lo diría.

La cosa es que el viernes interpreté todo el musical en el living de mi casa y el sábado decidí hacer la repetición mientras viajaba en metro a la costa. Y para amenizarlo, decidí irme leyendo la página de Wikipedia del Jesús histórico, sólo por curiosidad.

Cronológicamente, llegué al Sermón del Monte y me di cuenta que no me acordaba de las Bienaventuranzas, así que las leí. Bienaventurados los que lloran, decía, bienaventurados los con sangre y sed de justicia.

A mí el Jesús histórico me cae super, creo que más gente debería darse cuenta que su mensaje es de puro amor. Me he alejado mucho del dogma católico, pero el mensaje de este hombre de hace dos mil años atrás todavía resuena en mí. Aún le tengo cariño a él y los ángeles.

Los ángeles…

La cosa es que tuve la brillante idea de contarle lo que iba leyendo a mi hermana, mientras viajábamos. Sentado junto a nosotros iba un tipo que decidió abrir la boca. Un cristiano.

Me dio risa y un poco de lástima, porque no sabía en lo que se estaba metiendo. Claramente, no pude terminar de escuchar el musical, pero hablé del amor y la búsqueda de justicia, de cómo no creía en un Dios castigador, que no me hacía sentido.

Me dijo de forma condescendiente que mi mirada era tierna, que había una sola verdad. Le dije que realmente no me importaba y me alegraba que él sintiera que tenía la verdad, que ojalá hiciera el bien. No esperé mucho, tampoco, porque dijo que los niños de Palestina merecían su sufrimiento porque sus papás no creían en Dios.

Hoy, lunes, supe que se murió el Papa. Me dio pena, porque para lo conservadora que es la Iglesia, tener un representante del Sur Global, alguien que conoce la teología de la liberación, la pobreza y miseria que se vive por pestes como la codicia y el individualismo, su palabra era mucho. Lloré cuando, de pronto, en uno de sus muchos videos dijo "Ternura, por favor, ternura".

La gente de hoy cree que ser duro, que hacerse el rudo y pegar de vuelta, el ir a la defensiva lleno de rencores es la manera de ir por el mundo. A veces, hasta yo me lo he creído. Afortunadamente, siempre hay pequeñas señales que me encaminan de regreso a esto que me mueve las entrañas, que permea mis acciones: el amor. Tal vez falta, realmente, gente tierna, gente sensible, gente que a veces es ingenua en su actuar porque espera lo mejor del mundo.

Al menos, entre ingenuos, consuelo nos iremos dando. Hoy, en la pena de un trocito de bondad que se va en el mundo, pienso en cuántos hay ahí como yo, esperando a sus compañeros para seguir la carrera.

martes, abril 15, 2025

🌊

 He looks at the sea, that old friend. And he thinks.

 He thinks of creatures that aren't there anymore, and waits.

miércoles, abril 09, 2025

10 PM.

 Con el cambio de hora me di cuenta de un par de cositas:

  • Esperaba los atardeceres más tempranos, los lindos de esta época; azules y morados, naranjas y rosados pintados en el cielo.
  • Siempre está mi hermanita esperándome en la casa, ya sea con algo para contarme, algo para ver, algo rico para comer o su abrazo si he tenido un mal día.
  • Hay un punto entre mi llegada y el prepararse para dormir donde no hago nada y es exquisito.
  • Mi colchón y mi almohada son magníficos y dormir tantas horitas es maravilloso.
  • Que el gatito del techo me maulle cuando le doy las buenas noches y haga un poquito de frío me da paz.

 

martes, abril 01, 2025

!!

 One tummy ache at a time.

domingo, marzo 23, 2025

La filosofía moral.

 He querido escribir toda la semana acá, pero he tenido tanto pensamiento enganchando el uno del otro que no es sino hasta hoy que me decido a sentarme y dejar las ideas fluir.

 Este es el filtro, un poco; el decantado bonito de las ideas. El vino sin los restos de fruta. La fruta se la deja la Hobonichi, entre timbres bonitos y recuentos del día a día. Ahí me quejé de los pacos el día que me pararon por andar en bici en la vereda (estúpidos), y el día que descubrí la limerencia. Ahí he comentado de mis libros y mis ideas como la providencia manda: Con lápiz y papel.

 Me acuerdo que partí esta semana queriendo hablar de cómo el capitalismo se come hasta nuestras relaciones sociales y hoy me encuentro haciendo un análisis de cómo este pedacito de espacio en internet igual se volvió una versión más glamorizada de mi vómito de palabras. Acá, ahora pienso antes de escribir.

 Pero vamos pensando en la limerencia y en el masking, en cómo una de mis compañeras de trabajo dijo que no se podía dudar mi autismo porque lo primero que se me ocurre cuando un paco me para en la calle es leerle la ley de manera textual para que se dé cuenta de que es tonto y yo sé más que él. ¿Qué iba a hacer, de todas formas? ¿Aceptar que estaba en lo correcto sólo porque es un agente de la ley? Chao. Y lo siguiente que pensé es que definitivamente tengo que terminar de tramitar mi credencial de discapacidad.

 Chistoso, ¿no?

El lunes hablaba con el Cristian sobre la limerencia. Cuando me apareció el video explicativo fue como ¡¡¡!!!, porque vaya que es acertado. Después, cuando busqué la definición para la sesión con el psicólogo, me asusté un poco, como cuando empecé a escuchar a la gente neurotípica hablar de la neurodivergencia. Creo que ellos han sido la razón por la que me he resistido tanto a un diagnóstico oficial. Si nadie sabe lo que soy y ya me tratan así, sólo puede ponerse peor cuando tengan la confirmación.

Al menos, me dije al final, estos días, voy a tener un papelito para restregarles en la cara que por ley tienen que tratarme bien. Algo es algo.

La cosa es que empecé a explicar la limerencia con vergüenza, casi excusándome un poco. ¿Quién va a querer a alguien obsesivo, con aquella intensidad tan difícil de manejar? La sociedad nos dice que eso no está bien, que es malo. Mi experiencia me lo dice también. Cristian, compasivo como siempre, me dijo que no puedo comparar mi experiencia relacional a la de una persona neurotípica. Y llegamos a la analogía de los cuicos y los pobres, alguien con abundancia de agua y alguien que vive en sequía: Si yo no tengo conexión como la otra gente, si me cuesta, si los otros tienen amor y amistad como si fuese una catarata lanzándoles agua a la cara, tanto que les satura, ¿cómo yo no voy a luchar con uñas y dientes para que me caiga más que una mísera gota de agua? Y me tuve compasión, y pensé en cuánto masking he hecho a lo largo del tiempo para no molestar.

 Pensé en la limerencia y en los objetos de mi limerencia por harto rato. En cómo he tenido que sobrevivir al perderlos como si me arrancaran un pedacito de mí misma, a veces. Me dio pena, pero también sentí calma al entender. El Cristian también me vio más tranquila.

 Tal vez eso le hizo preguntar algo que, por fuera, se veía bastante inofensivo. En su serie de preguntas para intentar comprenderme a mí y a mis procesos dijo esto:

 ¿Y cómo actúas cuando vuelven?

Yo le miré confundida, porque ni idea de lo que estaba hablando. ¿Quiénes vuelven?, le pregunté.

Estas personas que has dejado atrás.

Y me dio como pena, lástima, no sé si por él, por su ingenuidad, o por mí. Creo que me reí un poco y le respondí que ninguna ha vuelto, nunca. Y que no creo que lo hagan. La que tiene dificultad para soltar y extraña hasta el fin de sus días soy yo. En un momento de mucha honestidad, le dije que las puertas siempre están abiertas, que si alguno volviera lo recibiría con los brazos abiertos, esperando que ambos hubiésemos crecido entre aquel pasar del tiempo y la distancia. Siempre habría un "Hola" de mi parte, un consuelo y un abrazo de ser necesario.

Le dije que soy un Rousseau: La gente es inherentemente buena y todos podemos crecer, cambiar, ser mejores.

El Cristian me sonrió con la misma melancolía que yo sentía en ese momento y me dijo algo que, por fin, me hizo darle un poco de sentido a lo que elegí estudiar un día a los dieciocho:

 Si no creyéramos eso, no podríamos trabajar en lo que trabajamos.

Y, bueno, me condené solita.

domingo, marzo 16, 2025

This won't be our last memory.

 Don't say goodbye like you're burying him,

'cause the world is round and he might return.

lunes, marzo 10, 2025

El balance.

 Por un lado, aliviada.

Viena y Saturno

 Este último tiempo ha servido para desenterrar todas las enseñanzas. Y como son enseñanzas, claramente no es la primera vez que me pasa.

Si tuviese que describirlo en una palabra sería divergente, como ese libro que nunca leí. O diverso, si tuviese más ganas.

Disidencia, si no quisiera llevarlo con ternura.

El punto es la otredad, esa otredad que siento día a día con el mundo, más fuerte a veces, más enmascarada en otras. Con el tiempo, esa otredad brotó en la semilla del darse cuenta que el mundo esperaba una performance de mi parte y nadie me había avisado.

Lo que en mi infancia era quirky, chistoso, extraordinario y prometedor ya con los años no lo era tanto, porque se me habían olvidado algunas cosas de una lista que nunca accedí a cumplir. De nuevo, sin aviso: Seriedad, aterrizaje, un lindo trabajo y lindas casitas con lindas familias y lindos hijitos.

Al principio, era entretenido rebelarse, pero poco a poco me fui quedando sola en la rebeldía.

Ah, la soledad.

La gente dice que a los autistas no nos interesa lo social, el mal entendimiento es que sí nos interesa, y mucho, y damos el todo por esos momentos en donde sentimos que pertenecemos. Tanto, que queremos quedarnos ahí para siempre. El problema, al final, es que a la neurotipia no le gusta quedarse con nosotros.

Yo no sé si con el mundo queer será lo mismo; eso es lo curioso de la interseccionalidad. Al final me discriminan por autista, que se nota más, que por bisexual, pero supongo que si fuera bi solamente igual sentiría la presión de la experiencia romántica convencional. ¿Cuántas veces más tendré que sonreír por relatos insípidos? Yo siempre dije que quería algo extraordinario, y creo que sigo fiel a mi palabra a pesar de todo.

La gente se rinde. Los otros se rinden. La infancia es bonita porque la gente tiene esperanza, sueños, intensidad y ganas, sueña lo imposible y ama lo imposible. Y uno, un otro ingenuo, cree que podrá congeniar para siempre con esas cosas.

Pero parpadeas y, plop, el ciclo vital se los lleva.

Lo bueno (siempre hay bueno) es que uno no pasó su vueltita de Saturno por nada. Como alguien místico que ya no es tan místico me dijo una vez: Esas lecciones son duras, pero son lecciones.

Creo que ya se mejor quién soy, quién quiero ser, a pesar del costo que tenga eso, las lágrimas. La fantasía no se pierde tan fácil, y en estos momentos de incertidumbre es importante saber que no hay apuro, no realmente.

Queda tanto, tanto tiempo. Y ese es el alivio más lindo, el abrazo más reconfortante.

Las palabras siguen siendo ciertas: Viena espera por mí.

miércoles, marzo 05, 2025

Amanda.

 A la Amanda me la crucé ayer. Tiene 11 años y va en sexto, se ríe mucho con sus amigos en la sala de clases. No sé cuál es su nacionalidad.

No había reparado en ella antes, o quizás estaba más preocupada de otros estudiantes, los que sí me corresponde asistir. Incluso ayer, no la percibí del todo hasta que estuve al frente de la sala con todos esos onceañeros atentos a la clase.

Lo primero que noté es que usa lentes con mucho aumento. Se le ven los ojitos chiquitísimos, y me da mucha ternura.

Como cuando--

Casi al lado de ella hay un niño al que le gusta mucho Colo-Colo y, al otro lado, otro niño al que la Amanda le saca casi una cabeza de estatura. Pienso que va a crecer y crecer, altísima, larguirucha igual que ahora.

Tiene el pelo con volumen, pero no tiene rulitos. Me la imaginé con ellos y me dolió un poco el corazón; rulitos oscuros que le rodean la cabeza como un halo. Y una sonrisa. Y esos lentes con tanto, tanto aumento.

Recordé--

-- y volví. Hoy, después de haber estado de nuevo en esa sala, deseé con todas mis fuerzas que nunca se sienta sola, que en el colegio no la molesten, que tenga una familia que le ame y que, si tiene una mascota, que viva mucho y tenga buena salud. Que salga al sol y tenga hobbies sanos y muchas cosas hermosas en ese futuro que tiene por delante. Incierto, sí, pero ojalá brillante, también.

Ayer, atacada por aquella sorpresiva carita familiar, me di un pequeño lujo:

Cuando tocó hacer los ejercicios de matemáticas en la pizarra y la mitad del curso levantó la mano, la elegí a ella primero.

lunes, febrero 24, 2025

Acento.

 Así que todo este tiempo sí había razón para sentirme acomplejada y preocuparme de hablar lento en los audios que mandaba.

domingo, febrero 23, 2025

Lamngen

 El otro día fuimos a la ciudad más colonizada a aprender de lo que es resistir la colonización. Qué curioso.

Y nos sentimos horriblemente winkas, entre aquellos que sabían cuál era su pasado, su lengua, sus raíces. Entre el orgullo de ver hermosas personas ataviadas en sus ropas tradicionales. En el conocer, el pertenecer.

Había cantos de tristeza y resistencia, no se negaba la pérdida, ni la frustración, ni la lucha. Se cantaba suave como un arrullo en una lengua que me es ajena pero que tiraba dentro de mí, sobre dificultades, vicisitudes, desafíos. Sobre el llevar la raíz como un orgullo y un peso.

Y entre las lágrimas, salió el rugido, y no estuvimos solos.

“Lamngen”, me llamaron también, y me sentí en casa. En mi morena piel también están ellos.