jueves, junio 18, 2020

¿Es rencor?

¿Es orgullo herido? ¿Es envidia? ¿Es tener humanidad?

No sé. Tampoco sé si alguna vez logre saberlo con claridad.

Quizás juzgo más fuerte por todas estas cosas. Quizás es cierto que soy más dura con la gente que quiero o he querido mucho. Quizás, es verdad que como pongo mi corazón ahí, mis expectativas de cómo son como persona suben inmensamente. Aquí, en este caso particular, creo, pega un poco como si fuese un familiar: un montón de años fueron compartidos con mucha fuerza e intensidad; vergüenzas, risas, gustos afines, compañía.

Y las cosas cambian, uno cambia, los otros cambian. Los caminos se separan y te preguntas si es tu culpa que se hayan separado o sólo estaba destinado a pasar así. Tú reniegas de cosas y otros se meten más en el cuento, y al mismo tiempo parece que ese cuento requiere un cambio completo de personalidad y formas de relacionarse. Tomas distancia, pasan más cosas, te pasan más cosas. Te guardas, te cuidas.

Y se te reprocha y te da más rabia y el camino se ve cada vez más distante del tuyo. Tanto, que hay otros caminos más cercanos que quedan en medio. Puedes ver como esos dos caminos interactúan, se unen, se desunen. Un camino pasa por encima del otro y ya no parece un paseo tan bonito.

Te da más rabia. ¿Lo peor? No puedes hacer mucho porque tu camino está lejos y se sigue alejando. Y parece que no vas a retroceder en tus pasos.

Dios, cómo odio a los psicólogos.

miércoles, junio 17, 2020

El checklist de la obsesión.

[  ] Ser bonitos.
[  ] Cute hairstyles.
[  ] Meaningful lyrics.
[  ] Melodías que me aprietan el corazón en el mejor de los sentidos.
[  ] Personalidades de dorks.
[  ] Material para hacer mi imaginación volar.
[  ] Capacidad para mejorarme el día en un instante.

martes, junio 16, 2020

Nowhere man, can't you see me at all?

De repente hay muchas cosas que me hacen creer en eso de que el tiempo es circular.

Cosas de la Catie de antes y la Catie de ahora que se repiten como si sólo nos hubiésemos dicho un hasta luego. La expectación, el soñar despierta, el entusiasmarnos por las mismas cosas, igual y diferentes a la vez. Igual como las distintas.

Quizás la baby, baby Catie era pitonisa también. Quién sabe. Parece que tengo esa facultad maravillosa de andarme sorprendiendo a mí misma constantemente.

Por ahora, me quedo con esas cosas suaves, simples. El disfrutar una música que te hace sentir bien y escuchar discos, tras discos, tras discos, perdida en un mundazo precioso y lleno de color y poesía, letras y melodías que parecen cantarme de una manera especial hecha sólo para mí.

martes, junio 09, 2020

Y resulta que mi psicóloga (una vez más) tenía razón.

Uno comienza a comportarse de forma auténtica, a hacerlo porque y no por el resto...

... y las cosas que andabas buscando llegan solas.

lunes, junio 08, 2020

El /crecer/.

Cuando eres chico, te acostumbras a recibir, recibir, recibir. Comida, cariño, cobijo, abrazos, risas. Cuidado.

Conforme pasa el tiempo, vas aprendiendo a dar cosas también. Porque te nace, porque te es cómodo dar en ese momento. Creces un poco más y te vuelves consciente de que dar es algo bueno, que uno tiene que tender a dar aunque no sea cómodo todo el tiempo. Hay que pensar en el otro y, si entre todos damos, todos recibimos un poquito también.

Así, nadie está obligado a dar de más.

Pasa más tiempo y ya no recibes tanto. Tú tienes que darte la comida; recibes cariño, sí, pero se entiende que tienes que darlo de vuelta. Te entregas cobijo, das y recibes abrazos, risas. La mayoría del tiempo te cuidas solo.

Y yo sé que es genial recibir todas esas cosas, para qué vamos a mentir; a nadie le molesta recibir. Pero crecer y dártelas tú mismo también es humano. Para el otro, sobre todo.

viernes, junio 05, 2020

A veces me gusta pretender que el viento y yo somos cómplices.

Mientras camino, finjo que una fuerza invisible toma nota de mis pasos. Esta entidad observa cuidadosamente mientras cruzo la calle y le sonrío a las hojas en el suelo. Pausa un segundo, justo como yo, cuando la accidental paleta de colores —un pedacito de arte en medio de lo cotidiano— me roba el aire de los pulmones. Quizás, igual que yo, busca desesperadamente cosas bonitas para sentirse bien.

Y ahí es donde nuestra camaradería empieza. Un acuerdo implícito del que ninguno de los dos habla. Yo soy el cuerpo, la materialidad que tanto ansía; el viento es esa extensión invisible a la que no puedo acceder: la magia de diario. Yo doy un paso tras otro, con las manos en los bolsillos porque hace un poco de frío, y la brisa mueve los árboles y mi pelo, y vuelvo a sonreír porque sólo puedo imaginar cómo se ve desde fuera. Un trozo de arte, yo también.

En ocasiones nos volvemos un lienzo completo; el viento, las hojas, el cielo y yo: una mezcla de palpitaciones, luz y sombras que acompañan la más grande explosión de colores, el espectáculo diario cronometrado para mis ojos. Lilas, rosas, naranjas suaves, las nubes, suaves también, mi corazón acompañado en la suavidad.

El viento, cuidándome.

lunes, junio 01, 2020

Lazos.

Ya, tengo que admitir que sí es un poquito como forzado. Prendo el notebook sólo para darme este ratito para escribir, pero también es porque quiero. Como que reabrí una cosa que ya no está en mi control, que ya agarró poder por sí sola; el verme ahí en un cúmulo de letras que luego no son letras y que, sin yo saberlo muy bien, se vuelven un pedacito de mí. Me secuestran las manos y me susurran al oído que las adorne como hacía antes, que busque palabras de muchas sílabas que suenen bonito, pero creo que todavía me queda un poco de reticencia: Hay otro susurro un poco más quieto que me pregunta si el querer hacer eso no es como emular algo de forma artificial.

Luego, mientras escribo, mientras la noche está quieta y sólo me acompaña el silencioso ronroneo del disco duro y el tac tac tac de mi tecleo, me doy cuenta que he caído en lo mismo, y solita me respondo que tengo que dejar de pensar en mí como dos personas de un antes y un después, que somos la misma, que siempre lo hemos sido. Antes me describía en capas, tenía claro cuándo salía una y cuándo la otra; creo que es la itinerancia de cada una lo que ha cambiado y me ha hecho creer que sólo porque una yo se haya quedado más tiempo fuera, las otras desaparecieron.

Es chistoso esto de los mensajes, de las señales y de las cosas que de improviso llaman tu atención para darte claridad en algo. El otro día, leí que en la vida hay que ser pétalo y espina, y creo que lo entiendo.

Una flor sólo es flor, no importa qué parte de ella estés mirando.

viernes, mayo 29, 2020

Hábitos.

Cada vez que me acuerdo, vengo a saludar.

No sé si es ritual, si es la memoria muscular, si soy yo misma imponiéndome algo. No importa, vengo igual. Dejo que las cosas fluyan. Dejo que lo que sea que siento en ese momento me guíe. Y si no, intento encontrar algo que me deje llevar un hilo.

Nunca se siente como forzar algo, eso sí. Supongo que siempre tengo algo que decir, lo quiera o no. ¿Cuándo no piensas?, me han preguntado. Cuando duermo, respondo. Y, cuando duermo, sueño, y esos sueños los manejo como si fueran arcilla. Cuando despierto, me pongo a pensar en los sueños que tuve y en las cosas que me pasan con ellos.

Me está yendo mejor con la prosa, creo. Las palabras por fin pasan de ser sólo un concepto en mi cabeza y se vuelven mías para mirarlas, para re-leerlas; mías para quererlas. Disfruto de las cosas bonitas sólo por ser bonitas, sólo porque me inflan el corazón. Todavía tengo que tomar fotos, pero al menos los videos me están quedando bonitos.

Y hago galletas, y mi pieza se ve linda. Siempre estuve ahí.

lunes, mayo 25, 2020

Let’s meet when the lilies bloom and say goodbye when they wither

(Sobre)vivir a base de serotonina musical, obsesiones y videos aesthetic de los sitios donde camino.

Emocionarse otra vez, sintiendo todo a flor de piel como si se retrocediera diez años.

Ay.

Gracias.

viernes, mayo 22, 2020

Y la mente se está acostumbrando a decirme...

¡Oye!






Aquí estoy.

lunes, abril 27, 2020

El ojo.

Cada vez que me acuerdo de este blog me pregunto qué Catie va a aparecer esta vez. ¿La inspirada? ¿La nostálgica? ¿La metódica? ¿La que quiere volver a la racha de escritura?

Después me doy cuenta que no importa, realmente. Que esto es sólo para mí.

Me dan ganas de desdoblarme y preguntarme, a ver qué chivas me doy a mí misma. Siento que lentamente voy encontrando un balance —libra, libra, libra— sin siquiera buscarlo, que creo que es a lo que uno tendría que tender. Si no, las cosas se ven un poquito forzadas.

No tecleo tanto ya, me cuesta darme estos tiempos, pero cuando lo hago todo vuelve súper fluido. Como agua, como brisa. Incluso si tengo las manos frías, como ahora.

Pero los momentitos están ahí. Cuando hago mi cama, cuando busco que mi pieza se vea bonita. Cuando miro el fondo de mi celular.

Diez años atrás me miraría y diría:

Wow.

martes, agosto 20, 2019

Qué libriano de mi parte.

Oye, estas estrellitas no paran.

Y se me olvidó cómo hacer la aesthetic. O como no frenarme, pero el origen llama igual.

Mis fotos están en los rollos, esperando ser reveladas. Porque no se me olvida. Y los pies listos para ir descalzos, los vestidos para ser usados, el canto para armonizar. El corazón para amar.

El resto es volver a acostumbrarse, porque uno no se olvida de cómo andar en bicicleta.

Y de ahí, encontrar el equilibrio a pesar de lo torpe.

sábado, octubre 06, 2018

26.

Magia:

Ven, ven, ven.

Por favor, ven.

jueves, octubre 05, 2017

Tout va bien.

Se calmaron las agüitas.

Después de tragar agua, de que me escocieran los ojos y nadar hasta no sentir el cuerpo, salí.

domingo, mayo 07, 2017

Airecito nuevo.

Como ese que te pega cuando estás literalmente en la punta del cerro y que te llena los pulmones de alegría y vida. Ese mismo que, ante el más mínimo descuido, te vuelve el pelo una maraña incorregible.

(Nada que un cepillo chiquitito no pueda arreglar).

Lo bonito del aire nuevo es que a todos nos afecta de formas diferentes; nos trae lo que necesitamos, nos recuerda lo que queremos. A veces nos da vuelta el mundo y nos lo ordena de forma distinta. Yo, que soy una plumita en el viento, recibo el aire nuevo sin enterarme mucho; en estos meses de (re)encontrarme, pareciera que soy como el cliché de la Pocahontas de Disney, moviéndome con el viento de un lado a otro.

Tal vez este aire nuevo, eso sí, me trae sorpresas que no me esperaba. Puede que se porte más bien como un airecito que da nanais en el pelo y afirma los pies. Que deja fluir al mismo tiempo que da el calor de lo conocido, de lo que a veces sólo se hace por disfrutar.

Shh, me susurra el viento al oído, esto lo has sabido siempre, esto sigue siendo tú. Sólo te lo estoy trayendo de vuelta porque... Y se ríe.

Parece que estás agarrando tu vuelo de vuelta, al fin.

martes, diciembre 27, 2016

El plot twist.

Y me caí al abismo.

Pero era un pajarito.

Y volé de vuelta.

miércoles, diciembre 07, 2016

¡!

Supongo que debo sentirme parecido a alguien que hipotéticamente mira el fondo de un abismo desde el mismísimo borde, y que tiene una persona detrás cuyas intenciones no sabe: o le toma la mano para que no se caiga, o es quien la empuja.
Es rara la oscuridad. Y no me refiero a esa oscuridad que tanto susto da, la que pareciera arrastrarse por la espalda como unas garras frías que quieren llevarse todo lo bueno del mundo, no. Hablo de la oscuridad que llega de a poquito, suave, la que nace siendo penumbra y de a poco se vuelve ama y señora del lugar.

Esa oscuridad que te llama a cerrar los ojos, que está presente cuando tu cuerpo está tan cerquita de otro, tanto, que puedes sentir cómo tu cara se abriga con el calor de la mejilla de alguien más. Y es oscuro e inquietante, eléctrico, casi; pero la anticipación es tan intensa como la calma de saber que una mano está entrelazada a la tuya, que te acunan contra un pecho cálido y te envuelve un perfume que no es tuyo, un perfume y una nube de menta que habla de expectativas que compartes con alguien más. La oscuridad te vuelve un ciego que se intoxica con otras sensaciones: el roce de unos labios, el retumbar de un corazón, el sabor de un beso conocido, su perfume, otra vez —ay, ese perfume que al día siguiente vas a buscar en tu ropa, porque estuvieron tan cerca—.

En medio de todo —¿o es después?— te preguntas si esta oscuridad funciona como un encantamiento, si hay algo en ella que te vuelve más valiente. Al final te respondes que no importa mucho, porque hay abrazos en la luz, antes y después. Es más como que funciona como un colchón para un cuerpo cansado, una brújula para alguien que busca guía.

Porque eso es al final. De alguna forma, los labios se encuentran sin esfuerzo, se acaricia lo que hay que acariciar y se encuentra aquello que nunca estuvo perdido, pero que tampoco fue buscado. Trae ideas, como sacarse los zapatos para que tus pies, siempre tan fríos, encuentren abrigo entre las piernas de quien te abraza.

Los abrazos, en la oscuridad, son como besos en el corazón, como un fuego suave en la base del vientre.

Esta oscuridad es rara porque sin ser tangible, cobija a quienes duermen juntos y se acurrucan en una pseudo cama improvisada. Auspicia besos dulces. Llega y se va dejando dos personas que de a poco abren los ojos y se sonríen.

jueves, noviembre 17, 2016


¿?

lunes, noviembre 14, 2016

Sigh.

Es chistoso esto de que te guste alguien.

Porque de pronto como que algo te hace sintonizar en la misma frecuencia, y es como si pasaras de ser un asteroide a la deriva a ser uno arrastrado por la fuerza gravitacional de un planeta entero. Y nadie ni siquiera se molestó en preguntarte a ti, el asteroide victimizado (tm), si querías pasar por ese planeta. Si era el momento adecuado para visitar un planeta.

¿Estás lo suficientemente protegido para no estrellarte, pequeño asteroide?

Entre todo, entre este empuje tan intoxicante e inevitable de la gravedad, entre la caricia sutil de este planeta —angustiante a la vez que emocionante—, te preguntas si el planeta sabe de su fuerza gravitacional.

Y la metáfora se muere, porque ni los asteroides ni los planetas tienen bocas para decirse cosas. Para besarse cosas. Y pareciera que cuando dejan de ser asteroides y planetas y se vuelven personas que entrelazan las manos en medio de la noche, que rozan nariz con nariz y se ríen bajito en la oscuridad, las cosas se tornan un poco más claras y todo se vuelve algo un poco más intercambiable entre los dos, que ahora son empujados por la misma gravedad.

¿Cierto?

Eso se imagina el asteroide, porque, ¿qué puede ser más claro que un beso? Así que orbitas alrededor del planeta en una explosión de luces. Y el planeta se mantiene ahí, silencioso.

Indiferente.

Y es ahí donde te indignas e intentas con toda tu potencia de asteroide soltarte de este terrible tirón de la gravedad, porque tú era feliz antes, vagando entre las estrellas. Y ese estúpido y feo planeta probablemente sigue pensando en algún viejo y brillante asteroide y quién sabe cuántos más están siendo arrastrados por su gravedad al mismo tiempo que tú.

Allá él. Allá tú.

Y si este asteroide tuviera banda sonora, probablemente sería Lemonade de Beyoncé. Porque esta personita detrás del cuerpo celestial trata tanto de cantar "boy, bye" que llega a dar risa.

Y todo sería tan fácil si las cosas se hablaran. Si por lo menos hubiera un corte limpio con el cual el asteroide se pudiera ir a recorrer el resto del espacio en paz para por fin volverse un planeta, un sol. Pero parece que las personas son más miedosas que los planetas, las estrellas, los asteroides y los soles, especialmente cuando tienen que verse las caras constantemente sin que sea incómodo.

La niña asteroide sigue su camino dejando una estela de luz a sus espaldas. A veces las estrellas le traen música y ella canta. A veces, una voz le responde a lo lejos. Siente empujones de gravedad de vez en cuando y, al buscar el origen de aquellos tirones, descubre con algo de sorpresa que el planeta sólo era un asteroide cuyo tamaño ella subestimó.

El otro asteroide a veces sonríe cuando la ve. Ella le sonríe de vuelta.