sábado, febrero 15, 2025
martes, febrero 11, 2025
(o no recuerdo cómo se llama)
… y otro montón de cosas super equis que de la nada me hicieron sentir genial.
lunes, febrero 10, 2025
Catita con amor.
Había una vez una niñita que se llamaba Catalina (Catita, para todos, eventualmente) y que fue criada con mucho amor. Tanto, que luego de un tiempo aprendió que no le gustaba que la trataran de otra forma. Nunca y bajo ninguna circunstancia.
En el jardín infantil, sus maestras intentaban llamarle la atención y tratarla con severidad. "Catalina", decían, en un tono muy serio, y Catalina las miraba con calma y les decía: "Si van a hablarme, díganme Catita con amor".
Y así quedó. Ya todas estas décadas después, las maestras siguen encontrándose a esa otrora niña en la calle, le dan un abrazo y sin titubear la llaman Catita con amor.
Catita con amor se ponía a llorar con las bromas pesadas de sus primos. Les decía "¡No me gustan esas bromas!", y sus primos se reían todavía más. Su abuelita tuvo que enseñarle a pegar.
Y era esa misma abuelita, esos mismos papás que la criaron con amor quienes luego la mandaban a hacer cosas con tono enojado. Catita con amor se rehusaba, obvio, porque no lo pedían con cariño. Por eso, tal vez, tuvo una relación extraña con la academia; sólo estudiaba bajo la promesa del amor y, cuando eso desapareció, dejó de hacerlo.
Catita con amor creció y creció pero esta premisa se mantuvo a pesar del tiempo, y era clara en pequeñas cosas: En la amiga que le regañaba y a quien decidiría, luego, no contarle más cosas; a la terapeuta que decidió decir las cosas con dureza, por lo que se rehusó, testaruda, a ocultar su esencia amorosa.
En esta tercera cosa, también:
Una conversación honesta, el equivalente en la inmaterialidad a una mano extendida, un intento de caricia, de abrazo. Palabras duras y defensivas de vuelta; un siseo, tal vez.
De vuelta, Catita con amor y un "Estoy conversando esto porque me importas y quiero entender, no quiero que peleemos, no estoy buscando atacarte".
Y su corazón descansó en el entendimiento, en el aprendizaje que creyó que había calado. En un corazón seguro.
Y Venus, Venus, Venus. Venus de pronto tenía todo el sentido.
Catita con amor, ahora, logró una cosa que había costado mucho sólo a través de la incondicional comprensión. Alguien entendió, por fin, y dijo: "Está bien, tú haces esto por esta razón, funcionas así y no tiene nada de malo" y de pronto todo se dio vuelta.
Catita con amor quedó sin razones para contradecir.
sábado, febrero 08, 2025
Dates.
Leer cosas, llorar, escribir, escribir, escribir, escuchar música, ver videos, intercambiar libros, conversar, viajar, mirar el mar, escuchar música, caminar, tomar fotos, mirar cuadros, recorrer museos, conversar con amigos, tomar café, llorar, leer cosas, cantar, escuchar música, escribir, salir a caminar, ir al psicólogo, viajar, leer, tocar el pastito, sentir el viento, ver pajaritos, pelear con avispas, caminar, escuchar música, leer, ir al cine, llorar, ir al psicólogo, hablar con amigos, tomar desayunitos ricos, mirar muchos videos, ir al cine, grabar videos graciosos, viajar, subir cerros, fotografiar murales, comer pizza, vestirse lindo, escuchar música, hacer montaje de videos, reír, reír, reír, ver documentales, bailar Michael Jackson, sentirse orgullosa, ir a entrevistas, rechazar ofertas, tomar helado, caminar, ver stickers, colorear, aprender acuarelas, escribir, escuchar música, abrazar al Gaspar, contemplar, sentir el aire, mirar el mar.
Repetir.
miércoles, febrero 05, 2025
Estómago.
Se lo traga todo, digiere las ideas y experiencias nuevas que tenemos.
¿Qué (o quién) es lo que usted no puede tragar? ¿Y lo que le revuelve el estómago?
Cuando hay problemas de estómago, eso significa generalmente que no sabemos cómo asimilar las nuevas experiencias: tenemos miedo.
Muchos recordamos aún la época en que empezaron a popularizarse los aviones comerciales. Eso de meternos en un gran tubo metálico que debía transportarnos sanos y salvos por el cielo era una idea nueva y difícil de asimilar. En cada asiento había bolsas de papel para vomitar, y casi todos las usábamos, tan discretamente como podíamos, y se las entregábamos bien dobladitas a las azafatas, que se pasaban buena parte del tiempo recorriendo el pasillo para recogerlas.
Ahora, muchos años después, sigue habiendo bolsas en todos los asientos, pero rara vez alguien las usa, porque ya hemos asimilado la idea de volar.
sábado, enero 25, 2025
Graciela, tú ganas otra vez.
Hora de borrar los videos que grabé y desistir de lo que iba a escribir.
jueves, enero 23, 2025
Mer.
Yo pensaba en su nombre. Azul, como el mar. Por ahí en el 2021, entre las entradas tristes de este blog, pensé hasta en hacerle canciones. Pisciana con emociones como un río.
Eso siempre lo odió mi psicóloga y, mirando hacia atrás, la entiendo. Me gusta sufrir bonito, me gusta darle sentido a esa desolación que en momentos específicos de mi vida me ha azotado con ganas. Y en esa búsqueda de arte ofrezco mi corazón a personas que no lo van a cuidar.
Miré y miré y miré las entradas de este blog. El otro día, leí hasta nuestro canal de Discord y lloré de madrugada.
Mer me hizo sentir tan vista, tan importante, que cuando me di cuenta que se había aburrido de mí fue totalmente devastador. Vergonzoso, incluso. Porque yo había agarrado sentimientos y ella no; a ella sólo le gustaba mi atención. Porque soy buena para dar atención, puedo bajar hasta la luna si creo que la persona destinataria de mis afectos me quiere de vuelta.
La linda Graciela, mi psicóloga, me lo decía mucho, y yo peleaba silenciosamente con ella porque si no amo, no vivo, si no soy capaz de mirar el mundo y verle el potencial, ver cuán hermoso puede ser con la ayuda del amor y la amistad y la esperanza, entonces para mí no tiene sentido vivir en él en lo absoluto. Resguardarme, en ese entonces, para mí era equivalente a matar mi esencia.
Pude ver mes a mes cómo Mer se iba con la marea. Primero, dejamos de hablar por Discord porque no tenía tiempo, después dejamos de rolear por lo mismo. Después me dijo que roleaba, pero que yo era soft y no me quería llevar a esas temáticas. En el intertanto me daba atención a goteo, cuando podía, y yo me sentía así como cuando a Jessie la encuentran debajo de la cama y su dueña le sonríe. Me decía que amaba hablar conmigo, que era su soulmate, su tecito de manzanilla porque la sanaba (Si el Hanahaki fuera una enfermedad de verdad, pensaba yo, esa sería exactamente la flor que me saldría en los pulmones), me hablaba tan, tan bonito, que a mí no me quedaba otra que sangrar y sangrar y ocultar las heridas y tratar de ser una buena amiga.
¿Por qué nunca dije nada? Creo que alguna vez lo discutí con mi grillo psicóloga: Porque las relaciones a distancia no funcionan —comprobado con otro trauma; gracias, Isa—, y lo que yo quería con Mer tenía que durar, y algún día iría a México y si ella estaba aún, se iba a intentar.
No hubo chance, por supuesto.
Porque después de todo eso, en nuestros momentos de conversación dulce, Mer me comenzó a contar de otra amiga, un patrón que yo reconocí al instante: Hablaban mucho, se quedaban hasta tarde, roleaban, jugaban Plato y escuchaban música. Yo vi sus roles; donde no había tiempo para mí, había párrafos y párrafos de texto a toda hora. Mer me contó que Tori, su amiga, le había comenzado a responder cortante, y ella no sabía qué significada.
Fui buena, dije yo. Y la ghosteé.
Uno ve a otros soldados enamorados, otras novedades que vienen a quitarte lo que has atesorado para ti. Yo contra eso no podía pelear, porque del otro lado había tiempo, intereses nuevos en común y ganas de arriesgarse, y yo ya me había vuelto cautelosa después de un par de corazones rotos.
Mer me habló un día, otro día, y yo me escapé donde mi abuelita (como estos últimos tres días en el presente). Me sirvió, igual que ahora, para desconectar y conectar a la vez con lo mundano y tangible. Antes de irme, le dije a mi psicóloga que si Mer me hablaba (tonta fantasiosa, yo), le iba a contar todo.
Mi psicóloga dijo: Llámala, que te de un cierre digno.
Yo dije, como una estúpida: Perfecto, le voy a cantar una canción donde vomite todo lo que siento.
Mi psicóloga dijo: NO.
Mi psicóloga, como ven, era muy buena en lo que hacía.
Mer me habló por Whatsapp dos veces para decirme que me extrañaba, nunca stalkeó nada porque yo no era lo suficientemente importante para que lo hiciera. Además, estaba ya de novia con Tori, en el idilio de los primeros días. Así que si yo estaba en segundo plano antes, ni siquiera había planos para mí en ese entonces, con esas circunstancias. Le dije que necesitaba hablar con ella por teléfono, y nunca lo concretó, siempre dijo que era difícil.
Y eso fue. Perdí como dos kilos de la pena, porque la situación y lo que veía/leía me daba tantas náuseas que no podía mantener la comida en el estómago por mucho tiempo. Me metí a Taekwondo, me echaron del trabajo y eso al menos me mantuvo ocupada concentrándome en la vida terrenal.
Mi psicóloga dijo que Mer y Tori no iban a durar y, dicho y hecho, terminaron semanas después. Qué mujer. qué pitonisa. Mer llegó a Discord a alimentar la mascotita del bot que yo le había hecho y que había abandonado. No respondí. En mi cumpleaños, luego, me di el autoregalo de usar el bot de nuestro canal de Discord como una rama de olivo. No respondió. Creo que se fue a fake, y yo ya estaba roleando con alguien más que también me rompería un poquito el corazón luego, aunque con Andi seguimos siendo amigas.
Le hice una carta, una que nunca le leí y que después borré. Allá por agosto del 2021 hay registro. Un día hablo de ella; al siguiente, me salgo de la fantasía que armé en mi cabeza respecto a una reconciliación y desecho la idea. Posteé una playlist que me imagino que nunca vio, y mucho menos se molestó en escuchar.
El hacer playlist me duró una amistad más. De ahí, aprendí que mejor no, porque la gente se va y los recuerdos de la música quedan y uno parece payaso haciendo esas cosas.
Ahora, como un fantasma de la fuerza en el universo de Star Wars tatuado en mi psiquis, una imagen de mi ex psicóloga observa cuidadosamente cada cosa que pienso, planeo y desisto de hacer, hasta la fecha que me he autoimpuesto como límite.
lunes, enero 20, 2025
domingo, enero 12, 2025
Hues.
Desenterrando entre la música que me gusta, de pronto me acordé del sountrack de Amélie. Eso me hizo recordar dos cosas: La conversación que tuve hace un tiempo con un amigo sobre cómo él sentía que Ted Lasso resumía muy bien su mundo, y yo acoté diciendo que Amélie se sentía como el mío. La otra cosa que recordé es como siempre se burlan de las cosas que aman las mujeres, y que no hablo de esa película hace mucho porque hubo un tiempo en que los hombres eran insoportables si mencionabas Amélie.
La cosa es que, si bien me enamoré de Amélie hace una mitad de vida atrás, la niña que se asoma y se esconde de vez en cuando dentro de mí sigue resonando mucho entre esos matices de rojos y naranjas cálidos y esas melodías rápidas de acordeón que adornan la transformación de lo mundano en lo extraordinario. Hace mucho, mucho tiempo atrás (de las primeras entradas de este blog, debe ser), alguien me dijo que yo era su Amélie. Me pregunto en qué matices me vería.
A pesar de esta sensación de camaradería con Amélie, siempre he sentido la vida en mármoles y rosas, en violetas suaves de atardecer. En el verde del bosque, el pasto y el deslavado de las flores.
Hoy, que por accidente cambié un poquito los colores de mi blog mientras cambiaba el widget de Goodreads, sólo dejé los colores suceder.
martes, enero 07, 2025
El cierre.
Quiero pedirte disculpas por ser aburrida, por quizás no pelearla tanto. Quiero pedirte disculpas porque quizás pensaste que te di por sent--
*dejar de escribir*
miércoles, diciembre 18, 2024
martes, octubre 15, 2024
Lo que queda.
El viernes fui a ver a Paul McCartney.
En los días y días de anticipación previa, pensé mucho en la música y lo que significa para mí. Particularmente, The Beatles. Si uno mira este blog y las casi dos décadas que lleva (uff), es imposible no notar las pinceladas que sus letras y melodías tienen en todo lo que aquí implica el vómito de mi creatividad y emociones. Mientras la yo de ahora se iba formando, ahí estaban ellos haciendo de banda sonora.
Junto a estos abuelos perdidos en el tiempo igual que yo, cosas han ido y venido. Sobre todo, mi corazón se ha entregado y devuelto, sangrado y sanado, y al final del día sólo quedamos él y yo y una discografía que todavía me hace llorar si la escucho con la suficiente atención.
Pienso mucho en cómo llegaron a mí; la yo que quería encajar consumiéndolos en un atracón y descubriendo un nuevo lado de la música que me acompaña hasta el día de hoy y que creo que no va a abandonarme en ningún momento cercano: Las palabras melosas, las promesas de amor, acordes de guitarra y piano aprendidos con la pasión de un corazón joven y lleno de la esperanza de promesas compartidas. Puedo mirar todo eso, en retrospectiva, y atesorarlo como el maravilloso testimonio de mi capacidad de amar.
Creí que entre las armonías de ese cuarteto iba a encontrar cosas que soñé y no pasaron, otras que sí. Aún hoy, creo que la prosa bonita, las metáforas y todas aquellas imágenes que han alimentado la historia de la música por más de cincuenta años, cuidan celosamente el lado más suave, más tierno y lleno de esperanza de muchas personas que buscan no dejarse perder en lo mundano.
Ahí está mi corazón, y ellos lo cuidan entre sus discos.
viernes, julio 07, 2023
5.
El día que se murió el John era julio, y había llovido mucho. Me acuerdo que unas señoras se habían caído al barro un poco antes, en el entierro de mi tía.
Yo no fui, porque el Johncito estaba postrado y había que estar vigilándolo.
El día que se murió el John no destaca mucho en el calendario, a veces se me olvida hasta cuál es la fecha exacta. Pero destaca el calor de la estufa, que pasó encendida para que estuviese abrigadito, el almuerzo que le hizo mi mamá y que no comió. Mi pena grande, grande, grande.
Todavía no puedo ver los videos de esos últimos días, y no quiero pensar que eso fue todo lo que mi papá pudo ver porque estaba en el hospital.
El día que se murió el John fue de arte improvisado, de una masa de sal para guardar las huellas de sus patitas. Ese recuerdo también se lo llevó la humedad.
Fue de pensar en pequeños consuelos: Poner una plantita de manzano en su tumba porque él amaba las manzanas.
Ese árbol, ahora, es más alto que yo.
(No es mucho, pero él era tan, tan chiquitito).
El día que se murió el John fue de una desolación que rara vez he vuelto a sentir, de un llanto que nos sacudía las entrañas. Fue hacerle cariño hasta el último momento para que se fuese acompañado y amado a pesar de que se me rompía el corazón.
El día que se murió el John-- Su última gentileza, fue quedarse abrigadito bajo mi mano hasta que tuve que decirle adiós en la tierra.
Aún puedo sentir su pelito, el tacto fantasmal más preciado.
sábado, diciembre 24, 2022
lunes, diciembre 19, 2022
La suavidad como un modo de vida.
Entre canciones acústicas, la caricia de la arena en los pies. La delicada toma de una cámara análoga.
Las palabras que sangran en el papel.
(Es necesario).
miércoles, diciembre 14, 2022
martes, diciembre 13, 2022
En el camino.
jueves, septiembre 29, 2022
Derecho al olvido.
(Siempre suele ser septiembre de epifanías).
Mi hermana me recordó el concepto de FOMO. Es muy consciente de ello, y creo que su propia consciencia me ayudó a tomar el término y aplicarlo a mis propias experiencias.
Creo que sí, lo sufro. Lo sufro mucho. Muchas de las cosas que he hecho han sido por el miedo a estarme perdiendo algo importante.
Pero otra cosa que aprendí es que es sano permitirse olvidar un poquito, así el miedo no te ataca, porque simplemente voló de tu mentecita a otros lugares.
(Sigo aprendiendo).
