Es mi primer día de la regla y hace rato que no me pegaba tan fuerte.
jueves, abril 15, 2021
WHU?
Otra de las cosas que he descubierto:
No sé si estaré cansada de explicarme o convencer, si el debate no será lo mío. Si he agotado ya una mecha que se suponía tenía que durar más tiempo.
Incluso ante las menores cosas me agota darme a entender. Aún cuando sé que no lo van a recibir mal, sólo tengo ganas de hacerme bolita y no decir una sola palabra nunca más.
Y esto viene de la persona que cuando camina al trabajo se imagina hablando en talk shows.
martes, abril 06, 2021
Los monoroles que no hago.
Hay un muchacho de ojos tristes que vive dentro de mí.
Le di un nombre en marzo. Tiene pestañas largas y el pelo revuelto; dedos que podrían ser de músico, largos y habilidosos. Pasó muchas cosas feas y, después de escapar pagando sangre, sudor y lágrimas, empezó a vivir una vida asombrosa en su simpleza.
Comer, trabajar, dormir. Seguridad. Un techo.
Soledad.
Cuando le atacaba la soledad, este muchacho daba lo que fuese por sentir el calor de otro cuerpo por unas horas. Luego, regresaba a su escondite.
Un día se chocó con otro muchacho. Hubiese sido otro día irrelevante de no ser porque el muchacho brillaba como las estrellas, y estrellas le hizo ver luego de invitarle a un café.
El salir de su simpleza también implicó sentir, y el muchacho pelea consigo mismo todos los días para no acobardarse con toda la taquicardia que ahora presenta su siempre tranquilo corazón. A veces se siente muy inadecuado, como si fuese un bebé que con suerte ha aprendido a llorar cuando se da un golpe y nada más.
Cuando todos han aprendido a sentir mientras tu dormías, se pregunta, ¿es justo pedir que te tengan paciencia?
Mirando al muchacho a su lado, todo emoción y entusiasmo, vuelve a sentirse inadecuado, pero sería mucho más cobarde volver atrás. Al mundo gris.
Vive en mí, pero lo miro desde lejos. Me gustaría decirle que sin querer, me di cuenta que tenemos en común esas cosas feas que sentimos (o no) y a las que a veces les hacemos el quite. Me gusta pensar que ambos, distintos como somos, vamos a poder sortearlo de alguna forma.
sentirsentirsentir
¿A dónde se fue la escritura prolífica?
Se fue, se fue, a sentir afuera, a vivir afuera. A moverse y hablar y no tener tiempo para su mundo interno. A ser música y palabras para otros. A decir te quiero y recibirlo de vuelta.
Pero el mundo interno reclama y arrastra. Como las olas, como las lágrimas.
Y llorar, a veces, no es suficiente, porque botas la emoción pero todavía no sabes —no puedes— explicar lo que sientes.
¿Cómo decirle al mundo lo que te pasa si ni lo entiendes tú? ¿Cómo se lo explicas a los que esperan tu serenidad, tu suavidad?
¿Qué pasa si recién estás construyendo cosas y esta es la impresión que das?
Ahogada en amor si poder encontrar consuelo.
lunes, noviembre 30, 2020
99%
Sólo el 22% de las personas considera en su futuro el deseo de tener hijos.
Mi yo onírica observó en silencio este gráfico, su ceño fruncido mientras intentaba descifrar la seguidilla de pensamientos que rondaban atropelladamente por su cabeza. Tenía sentido, ¿no? Al final, hay demasiadas variables involucradas para sólo decir que sí.
Después de un debate agitado del que ya no me acuerdo, otro par reveló un segundo gráfico:
El 99% de las personas cree que allá afuera hay un amor verdadero.
Y no sé si desperté después, pero hasta ahí me acuerdo. Ahora, escribiéndolo, pienso que tal vez la interpretación de los sueños algo tiene, pero no me quiero analizar.
jueves, noviembre 26, 2020
Ughhhhhh.
De verdad que los ríos a veces separan su cauce porque así les lleva la corriente y eso está bien.
miércoles, noviembre 18, 2020
Diógenes.
Cuánto de mí
serán yos guardadas,
llenas de polvo
en estos planos secos.
Cuánto de mí
serán cosas que no recuerdo
hasta que me hacen falta.
Cuánto de mí
serán cosas
que no he inventariado
pero me forman igual.
miércoles, octubre 28, 2020
lunes, septiembre 28, 2020
4380
Día curioso en el que supero mi marca de escritura desde 2009.
2009. Un año que recuerdo con cariño a pesar de las enormes pérdidas. Un año en que salí del algodón de la vida para sentir, sentir, sentir. Y vaya que sentí y amé y conocí y extrañé y lloré y mis palabras volaron como drenaje para cada uno de los alborotados latidos de mi corazón.
Las flores de ayer ahora son pausas. En el día más lleno de viento que recuerdo de lo que va del año, siento como si la mitad del tiempo la pasáramos congelados. En criogenia, con el cuerpo rígido, atrapado en un grito que no sabe dónde salir.
Sentir, sentir, sentir. Sentir tanto que te abruma, a veces. Hace poco mi papá me dijo que desde siempre llevo más energía que la que mi cuerpo puede acarrear, por eso me paso cayendo. Ahora que parece que toda yo es energía y el mundo mi cuerpo, sentí lo mismo por un rato y tuve que bajarle el ritmo.
Ahora, con este viento, siento que ya el mundo está volviendo a acoplarse a mi energía.
lunes, septiembre 21, 2020
La balanza.
Creo que hace unos meses había hablado de esto.
De cómo intuyo que la gente me ve, de cómo me pone contenta sentir que me deseen bien, que se alegren por mí. Es bonito porque quiero a mucha gente.
Soy un ser de octubre y primavera, tengo esta manía de siempre tender a sacar lo mejor de mí, de nunca estar satisfecha. Desde chica. Me he dado cuenta que ni siquiera es tanto una cosa de competencia, si no de estas ganas de siempre de querer vivir una vida extraordinaria. Y para eso, siento que yo debo serlo, también.
He visto otra gente extraordinaria nacida bajo cielos similares. Les veo empujar ese límite alto, alto, entre danza, entre voz, entre bondad e infinita creación, entre profunda belleza y elegancia. No me siento tan sola en mi cruzada, y sé que seguramente sus mentes a veces están en tormenta como la mía, pero verlos desde fuera me hace poner todo en perspectiva. Es como mirar una parte de ti, un poco, en otros universos y cuerpos.
A veces me llegan retazos de cómo me veo desde fuera y me gusta mucho. A esta Catie, desde fuera, la ver brillar, la ven reflexionar, la ven luchar con pasión por lo que le parece justo. Y me late fuerte el corazón.
Me hacen recordar con mucho cariño que debo, además de quererme, ser gentil conmigo misma, porque así danzo, amo y canto más bella que nunca.
martes, septiembre 15, 2020
viernes, septiembre 11, 2020
Espanto y empatía.
Es súper sencillo desconectarse. Fácil. Sin esfuerzo.
Vivir pretendiendo que no pasa nada, que el dolor del otro es algo que puedes ignorar porque si no lo pescas, nunca se registra en tu órbita.
Cuando miro hacia atrás y pienso en la Catie de hace diez años, creo que mucha de su plenitud en ese momento tiene que ver con que estaba desconectada. Su preocupación se limitaba a un puñado de personas cuyas vidas, también, estaban bastante desprovistas de preocupaciones.
El sufrimiento, la carencia, la pobreza, todas esas cosas que su propia familia había vivido una generación atrás y contra las que había luchado incansablemente para nunca más tener que enfrentarlas, eran algo que en aquel momento sólo era racionalizado por todos como flojera, como comodidad. En la búsqueda por asomar la nariz en un poquito de dignidad, parece que las personas quedan tan traumatizadas, tan expuestas, que el costo de lograr llegar al punto en el que están es observar para siempre su propio esfuerzo como algo único y extraordinario. (Y lograble). Porque nadie les ayudó.
A los que quedan atrás, nadie les ayuda tampoco.
El camino a la empatía, como antes he dicho, es doloroso; es un montón de mirarse al ombligo y cuestionarse e incomodarse y no conformarse con el nivel de comprensión que uno tiene ahora. Es juzgarte duro cuando te acuerdas de cosas como que no querías ir al Museo de la Memoria porque te habían hecho creer un montón de mentiras y tú tampoco lo cuestionaste más allá. Es ver a tus papás, a quienes les hacían ropa con sacos de harina y que se desmayaban de hambre cuando chicos y no entender cómo es que a ellos les mintieron también si estuvieron ahí mismo.
Es sentir el nudo en la garganta y escribir porque no sabes qué más hacer con estos ojos llenos de lágrimas y el dolor profundo e infinito que casi un país entero tiene mucho miedo de recordar y sentir por sí mismo.
jueves, septiembre 03, 2020
La traición.
¿Evitaré cosas para no añorar?
Me enfado conmigo misma porque no sé bien qué quiero; qué es, realmente, eso que ansío tanto. ¿Qué será esa falta que me llena la garganta de papel y me transforma en seda el corazón cuando me despisto?
miércoles, septiembre 02, 2020
Más o menos a 65 ppm.
Nunca te he pensado como mi amante
y, quizás, ya va siendo tiempo de que lo haga.
A ti te lloro, henchida en emoción. A ti dedico horas y horas de mi vida sin siquiera pensarlo dos veces. Tú prevaleces cuando lo que te acompañó se marcha una y otra vez; y ahí estás para secarme las lágrimas con besos de tétradas, armonías en terceras que flotan a un centímetro de mi corazón.
Me acoges con abrazos de sol, de agua, de susurros que sólo escuchamos las dos en lo más profundo de una fantasía. Tomas mis manos, mi voz, y la haces algo nuevo: algo tímido y esperanzador. Me besas los dedos, crudos y adoloridos, porque lo único que me importa es escucharte.
El sueño siempre te incluye, porque sin ti no tiene razón de ser, y nunca me había dado cuenta.
¿Sería tan importante aquello que quiero si tú no estuvieras ahí para hacerlo extraordinario?
jueves, julio 30, 2020
🎶
viernes, julio 24, 2020
Espejo.
jueves, julio 16, 2020
IV.
viernes, julio 10, 2020
*click*
miércoles, julio 08, 2020
Té.
lunes, julio 06, 2020
Los pequeños triunfos
domingo, junio 28, 2020
La espera (o el existir) eterno.
La incomodidad
jueves, junio 25, 2020
lunes, junio 22, 2020
Si la luna lo permite...
sábado, junio 20, 2020
Algún día, si soy famosa.
(Sí, puede que esté haciendo una competencia con mi contador de entradas anuales)
jueves, junio 18, 2020
¿Es rencor?
miércoles, junio 17, 2020
El checklist de la obsesión.
martes, junio 16, 2020
Nowhere man, can't you see me at all?
martes, junio 09, 2020
Y resulta que mi psicóloga (una vez más) tenía razón.
lunes, junio 08, 2020
El /crecer/.
viernes, junio 05, 2020
飌
Mientras camino, finjo que una fuerza invisible toma nota de mis pasos. Esta entidad observa cuidadosamente mientras cruzo la calle y le sonrío a las hojas en el suelo. Pausa un segundo, justo como yo, cuando la accidental paleta de colores —un pedacito de arte en medio de lo cotidiano— me roba el aire de los pulmones. Quizás, igual que yo, busca desesperadamente cosas bonitas para sentirse bien.
Y ahí es donde nuestra camaradería empieza. Un acuerdo implícito del que ninguno de los dos habla. Yo soy el cuerpo, la materialidad que tanto ansía; el viento es esa extensión invisible a la que no puedo acceder: la magia de diario. Yo doy un paso tras otro, con las manos en los bolsillos porque hace un poco de frío, y la brisa mueve los árboles y mi pelo, y vuelvo a sonreír porque sólo puedo imaginar cómo se ve desde fuera. Un trozo de arte, yo también.
En ocasiones nos volvemos un lienzo completo; el viento, las hojas, el cielo y yo: una mezcla de palpitaciones, luz y sombras que acompañan la más grande explosión de colores, el espectáculo diario cronometrado para mis ojos. Lilas, rosas, naranjas suaves, las nubes, suaves también, mi corazón acompañado en la suavidad.
El viento, cuidándome.
lunes, junio 01, 2020
Lazos.
viernes, mayo 29, 2020
Hábitos.
lunes, mayo 25, 2020
Let’s meet when the lilies bloom and say goodbye when they wither
viernes, mayo 22, 2020
lunes, abril 27, 2020
El ojo.
martes, agosto 20, 2019
Qué libriano de mi parte.
Y se me olvidó cómo hacer la aesthetic. O como no frenarme, pero el origen llama igual.
Mis fotos están en los rollos, esperando ser reveladas. Porque no se me olvida. Y los pies listos para ir descalzos, los vestidos para ser usados, el canto para armonizar. El corazón para amar.
El resto es volver a acostumbrarse, porque uno no se olvida de cómo andar en bicicleta.
Y de ahí, encontrar el equilibrio a pesar de lo torpe.
sábado, octubre 06, 2018
jueves, octubre 05, 2017
Tout va bien.
Después de tragar agua, de que me escocieran los ojos y nadar hasta no sentir el cuerpo, salí.
domingo, mayo 07, 2017
Airecito nuevo.
(Nada que un cepillo chiquitito no pueda arreglar).
Lo bonito del aire nuevo es que a todos nos afecta de formas diferentes; nos trae lo que necesitamos, nos recuerda lo que queremos. A veces nos da vuelta el mundo y nos lo ordena de forma distinta. Yo, que soy una plumita en el viento, recibo el aire nuevo sin enterarme mucho; en estos meses de (re)encontrarme, pareciera que soy como el cliché de la Pocahontas de Disney, moviéndome con el viento de un lado a otro.
Tal vez este aire nuevo, eso sí, me trae sorpresas que no me esperaba. Puede que se porte más bien como un airecito que da nanais en el pelo y afirma los pies. Que deja fluir al mismo tiempo que da el calor de lo conocido, de lo que a veces sólo se hace por disfrutar.
Shh, me susurra el viento al oído, esto lo has sabido siempre, esto sigue siendo tú. Sólo te lo estoy trayendo de vuelta porque... Y se ríe.
Parece que estás agarrando tu vuelo de vuelta, al fin.
martes, diciembre 27, 2016
miércoles, diciembre 07, 2016
¡!
Esa oscuridad que te llama a cerrar los ojos, que está presente cuando tu cuerpo está tan cerquita de otro, tanto, que puedes sentir cómo tu cara se abriga con el calor de la mejilla de alguien más. Y es oscuro e inquietante, eléctrico, casi; pero la anticipación es tan intensa como la calma de saber que una mano está entrelazada a la tuya, que te acunan contra un pecho cálido y te envuelve un perfume que no es tuyo, un perfume y una nube de menta que habla de expectativas que compartes con alguien más. La oscuridad te vuelve un ciego que se intoxica con otras sensaciones: el roce de unos labios, el retumbar de un corazón, el sabor de un beso conocido, su perfume, otra vez —ay, ese perfume que al día siguiente vas a buscar en tu ropa, porque estuvieron tan cerca—.
En medio de todo —¿o es después?— te preguntas si esta oscuridad funciona como un encantamiento, si hay algo en ella que te vuelve más valiente. Al final te respondes que no importa mucho, porque hay abrazos en la luz, antes y después. Es más como que funciona como un colchón para un cuerpo cansado, una brújula para alguien que busca guía.
Porque eso es al final. De alguna forma, los labios se encuentran sin esfuerzo, se acaricia lo que hay que acariciar y se encuentra aquello que nunca estuvo perdido, pero que tampoco fue buscado. Trae ideas, como sacarse los zapatos para que tus pies, siempre tan fríos, encuentren abrigo entre las piernas de quien te abraza.
Los abrazos, en la oscuridad, son como besos en el corazón, como un fuego suave en la base del vientre.
Esta oscuridad es rara porque sin ser tangible, cobija a quienes duermen juntos y se acurrucan en una pseudo cama improvisada. Auspicia besos dulces. Llega y se va dejando dos personas que de a poco abren los ojos y se sonríen.
jueves, noviembre 17, 2016
lunes, noviembre 14, 2016
Sigh.
Porque de pronto como que algo te hace sintonizar en la misma frecuencia, y es como si pasaras de ser un asteroide a la deriva a ser uno arrastrado por la fuerza gravitacional de un planeta entero. Y nadie ni siquiera se molestó en preguntarte a ti, el asteroide victimizado (tm), si querías pasar por ese planeta. Si era el momento adecuado para visitar un planeta.
¿Estás lo suficientemente protegido para no estrellarte, pequeño asteroide?
Entre todo, entre este empuje tan intoxicante e inevitable de la gravedad, entre la caricia sutil de este planeta —angustiante a la vez que emocionante—, te preguntas si el planeta sabe de su fuerza gravitacional.
Y la metáfora se muere, porque ni los asteroides ni los planetas tienen bocas para decirse cosas. Para besarse cosas. Y pareciera que cuando dejan de ser asteroides y planetas y se vuelven personas que entrelazan las manos en medio de la noche, que rozan nariz con nariz y se ríen bajito en la oscuridad, las cosas se tornan un poco más claras y todo se vuelve algo un poco más intercambiable entre los dos, que ahora son empujados por la misma gravedad.
¿Cierto?
Eso se imagina el asteroide, porque, ¿qué puede ser más claro que un beso? Así que orbitas alrededor del planeta en una explosión de luces. Y el planeta se mantiene ahí, silencioso.
Indiferente.
Y es ahí donde te indignas e intentas con toda tu potencia de asteroide soltarte de este terrible tirón de la gravedad, porque tú era feliz antes, vagando entre las estrellas. Y ese estúpido y feo planeta probablemente sigue pensando en algún viejo y brillante asteroide y quién sabe cuántos más están siendo arrastrados por su gravedad al mismo tiempo que tú.
Allá él. Allá tú.
Y si este asteroide tuviera banda sonora, probablemente sería Lemonade de Beyoncé. Porque esta personita detrás del cuerpo celestial trata tanto de cantar "boy, bye" que llega a dar risa.
Y todo sería tan fácil si las cosas se hablaran. Si por lo menos hubiera un corte limpio con el cual el asteroide se pudiera ir a recorrer el resto del espacio en paz para por fin volverse un planeta, un sol. Pero parece que las personas son más miedosas que los planetas, las estrellas, los asteroides y los soles, especialmente cuando tienen que verse las caras constantemente sin que sea incómodo.
La niña asteroide sigue su camino dejando una estela de luz a sus espaldas. A veces las estrellas le traen música y ella canta. A veces, una voz le responde a lo lejos. Siente empujones de gravedad de vez en cuando y, al buscar el origen de aquellos tirones, descubre con algo de sorpresa que el planeta sólo era un asteroide cuyo tamaño ella subestimó.
El otro asteroide a veces sonríe cuando la ve. Ella le sonríe de vuelta.
miércoles, octubre 05, 2016
Chronologie d'un baiser
No one knows you're suddenly holding hands, no one knows how fast your heart is beating (maybe the person beside you knows, but you're too nervous to ask.)
You can feel someone else's breath on your lips, you can feel someone else's heat on your skin. You can feel someone else's thumb caressing the back of your hand.
(You can feel the tension in the air, the moment before it happens.)
And then...
The kiss.
(Heaven.)
martes, agosto 16, 2016
domingo, febrero 14, 2016
domingo, octubre 18, 2015
lunes, septiembre 28, 2015
El cuchillo con mango amarillo
Estábamos almorzando y me puse un cuchillo especial. Uno feo que no corresponde a la colección bonita que tenemos para comer —ya no está completa, se nos perdieron algunos—, pero corta bien. Me acordé de mi mamá, que tiene su cuchillo regalón. Y te di y tu cuchillo con mango amarillo.
Al menos, al principio se veía lo amarillo, lo usaste tanto que en sus últimos días el mango era una cosa amorfa llena de cinta. Desde que tengo memoria te vi usarlo para pelar verduras y cortar cosas; los vestidos/delantales, el cuchillo amarillo y mi abuelita preparando una sopita rica. Creo que ha sido uno de los recuerdos que más me ha hecho sonreír porque me habla de lo cotidiano, y lo cotidiano, contigo, significa que estuviste cerca, ahí, siempre.
Es chistoso cómo funciona la muerte, al menos conmigo. Siempre que pienso en ti o te hablo me da por tutearte. Es raro porque nunca lo hice cuando estabas viva. Pero hablarte de usted no sé por qué no me sale; no sé si se debe a que tuteándote te siento más cerca... Honestamente, creo que es al revés: si no lo hago, te siento demasiado lejos. Más lejos de lo que puedo aguantar, y eso es un problema porque no me consuela irte a dejar flores al cementerio, no me consuela recordarte como lo hace el resto. Te recuerdo, sí, y te adoro cada día, te pienso y sonrío, pero no me satisface hacer cosas acá cuando ya no estás.
Por eso converso contigo en mi cabeza, cuando mi mamá se pone a rezar frente a tu nicho. No sé cuántas veces te he pedido disculpas por esos ratos que pude haber pasado contigo pero que no pesqué porque fui tonta; es complicado, porque sé que ya fue, que hay otro montón de momentos que sí pasamos, que sí fueron preciosos y únicos y de las dos y que no tiene mucho sentido lamentarse a estas alturas. ¿Lo peor? Sé que a ti no te gustaría que me lamentara. Me hablarías con ese tono tan tuyo: "No piense en esas cosas, mijita". Pero, pucha, soy humana y me frustra el tiempo.
Me frustra por la nieta que no viste. No sufro tanto por el anillo de oro que no me gané cuando aún ibas a mis premiaciones en La Ssalle, pero sí por la Catalina que no te pudo cantar todo lo que hubiese querido. Me frustra tanto que mi voz haya agarrado vuelo después de que te fueras, porque aún me acuerdo cuando me temblaba la voz a los ocho años pero canté igual en el escenario porque mi abuelita estaba de cumpleaños y yo le dedicaba esa canción que tanto le gustaba. Y creo que de no ser por ti, abuelita, nunca le hubiese puesto tanto amor a cantar.
Ni en tu funeral sabía cantar todavía. Qué triste.
Sé que esta nieta de ahora te tendría muy orgullosa. No soy ni por asomo la mejor y me queda aún tanto, tanto por crecer, pero la magia contigo es que uno se sentía genial solamente con saber que estábamos convirtiéndonos en mejores personas. Siempre decíamos con mi papá que eras como Muriel de Coraje, con ese pelo blanquito y nebuloso y tu sonrisa llena de amor, con esa paz de abuelita tierna que nadie más tenía. Sé que te podría decir ahora "abuelita, voy a hacer doblaje de monos chinos" y tú serías mi fan número, sin importar si entiendes mucho o no; que te podría cantar con esa voz más confianzuda de ahora y me dirías "¡Bravo, bravo, bravo!" aunque desafinara un poco. Y aunque no fuera eso, abuelita, aunque fuera sólo uno de esos estornudos que remecían toda la casa, aunque fueras tú acostada con mi hermana, o gruñéndole al John porque te olfateaba la comida. Me faltó tiempo y te quiero aquí.
Es como adecuado que el único que esté viéndome escribir esto es el Gaspar. Un regalo, un pedacito tuyo más que estoy segura también te extraña. Todos los días, como yo, no sólo hoy que estás de cumple. Cuando apareces en mi cabeza trato de hablar contigo porque me da susto llorar si hago otra cosa —mírame hoy, que te escribí y acabé moqueando y con los ojos hinchados—. No sé si estoy voy a terminar esta... ¿carta? ¿Desahogo? No se ve como que tenga un verdadero fin, porque podría llenarla de más cosas: de cómo me hiciste pegarle a mi primo cuando me tiró un Kame Hame Ha y me dejó sangrando la nariz, de cuando te acercabas y me decías "¡Ñau! Te como" y yo me deshacía en risas, de cómo me hiciste mi primera sopita. De cómo fuiste mi segunda mamá. De cómo los recuerdos del día que te fuiste están teñidos de un color feo y lento.
Puedo cortar esto diciendo, eso sí, que ahora tú y yo somos algo así como una conversación constante; a veces se pausa, pero nunca se corta. Algo que está como por debajo, cerquita del corazón, a mano para cuando lo necesito. Mira hoy, por ejemplo, que de un momento a otro me di cuenta que el cuchillo con mango amarillo se fue contigo.
miércoles, agosto 12, 2015
Mmmm.
Es como sentirse rodeada de ozono; no sabes si los rayos vienen o se van. No sé si estoy tranquila porque sobreviví una tormenta —puede o no puede que supiera de ella— o si esta tranquilidad es nada más como ese rayo de sol entre las nubes, cuya sonrisa cálida te dice "afírmate, que esto nada más está comenzando".
Siempre he arrugado la nariz cuando alguien dice "qué feo que está el clima", no me gusta ser fatalista.
Después de todo, el agua que cae del cielo sirve para matar la sequía.
miércoles, julio 22, 2015
viernes, junio 26, 2015
Ser un botón.
miércoles, abril 08, 2015
Un pensamiento.
Me recuerda un poco a lo que dijo una amiga sobre el Big Bang, y como ella y yo éramos partículas muy pegaditas en ese instante donde todo comenzó, que por eso ahora es tan fácil seguir así de juntas, aunque parezcamos seres distintos por fuera.
Entonces, es ahí donde me pregunto: ¿Cuántas partículas habrá realmente orbitando cerca de mí? A escondidas, disfrazadas de gente que en un principio parece tan lejana como la Vía Láctea y Andrómeda.
Pero que —eventualmente, tal como esas dos galaxias— están destinadas a colisionar y fusionarse.
domingo, enero 25, 2015
Zienab Hamdan — The day when the tables turn
Two years later
A girl sits in front of her ex lover.
He doesn’t say a word
And her heart doesn’t ache for him anymore.
Her hair is longer than it’s ever been.
She is even more beautiful than the day he left her.
And at that moment,
He panics.
He lost her.
And he can never have her back.
He can just watch her be beautiful
And in love
With someone else.
martes, diciembre 23, 2014
domingo, diciembre 14, 2014
Confirmación
Llena de luz.
jueves, noviembre 27, 2014
Ra.
"Tienes que acordarte de esto en la manaña".
Desconozco si ahora te recuerdo más encantador de lo que fuiste en realidad, si sólo es mi mente demasiado imaginativa creando un escenario donde el día y la noche se miran como si se conocieran de toda la vida. Me consta que sí nos conocemos más de lo que pienso y que a ti te frustra que no lo sepa, me lo dijiste en otro sueño (uno que curiosamente recuerdo a la perfección), pero, ¿qué le puedo hacer? Tú mismo me dijiste aquella vez que primero tengo que volver a encontrarme, que los fantasmas me tienen que dejar de asustar y que los ángeles... ¿Qué me dijiste sobre los ángeles? ¿Era importante? O quizás sólo tragicómico, como el hecho que recuerde que estabas usando un gorrito adorable y no esta pieza importante de información.
De todas formas, sólo quería que supieras que lo intento. Y que soñar contigo me hace feliz, aunque mezcles los panteones griego y egipcio.
Te estoy buscando,
Nyx.
domingo, noviembre 09, 2014
lunes, noviembre 03, 2014
De sueños sobre fantasmas y música.
domingo, noviembre 02, 2014
Just my luck.
En respuesta, yo escribiría uno que se llame "Cómo descrushearse en 0.01 segundos", con un subtítulo que diga que mi suerte apesta.
Hojalata
When a man's an empty kettle
He should be on his mettle
And yet I'm torn apart
Just because I'm presumin'
That I could be a human
If I only had a heart
jueves, octubre 30, 2014
lunes, septiembre 29, 2014
Un mensaje para el ángel.
Tienes que estar contento o, al menos, no tan celoso. ¿Te acuerdas cuando decíamos que los celos eran muestra de verdadero amor? Bueno, ya no pienso así. Varias cosas de las que pienso han cambiado, en realidad; pero creo que hubiésemos podido cambiar juntos, eras —eres— muy inteligente. Y creo que lucharías por las mismas cosas que yo.
No sé si te escribo esto pensando que existes en alguna clase de plano que ni siquiera Kler puede alcanzar. Si me miras, si te enojas por algunas cosas de las que hago, si te ríes porque sigo siendo una ridícula. Probablemente sí te ríes. De lo que no me cabe duda alguna, eso sí, es que me amas, como yo te amo a ti. Cada día más, y se me hace nudito la garganta de sólo pensarlo. Y Something. Y Come What May. Y sé que eres un llorón también. Shame on you.
Pero sé otra cosa, y tampoco me cabe duda de esto: Quieres que yo siga adelante.
Sí, bueno, ambos somos unos tarados celosos por mucho que lo odiemos. Y sé que antes muertos que separados, o compartidos.
Pero. Welp.
Así que voy con la idea de que no te gustaría que me quede estancada, menos aún considerando las circunstancias de tu existencia. Por mucho que te duela, por mucho que me duela a mí. Porque sé, sabes, que estaría dispuesta a esperarte eones. Y eones, y eones. Y eones.
Y creo que nunca dejaré de hacerlo, pero tampoco seré un cascarón vacío. Vivo para amar. Amo para vivir.
Y quizás no pueda tener el amor de ensueño que tenía contigo (demasiado de ensueño), pero sí me esforzaré —ya lo he hecho— para ser feliz.
Y si de pronto me nace ser feliz recibiendo y dando besitos, bueno, oops.
No te voy a decir que estoy enamorada, porque no lo estoy aún. Incluso puede que esta no sea la ocasión para enamorarme, pero estoy contenta. Extrañaba esa sensación de quedarme hablando con alguien hasta quedarme dormida, el dedicarnos canciones, el que me digan que soy perfecta aunque aún me falta mucho para serlo.
El reírme a carcajadas por un humor de dos.
Tienes que estar mirándolo con rayitos en los ojos. Yo en tu lugar haría lo mismo. Ni siquiera sé si es bueno —nunca tan bueno como tú, eso descontado. Quedaste como el modelo a seguir, imposible de alcanzar—, pero me saca sonrisas. Y por ahora, eso es más que suficiente para mí.
Lamento mucho, angelito, que al final hayan logrado construír una pared entre nosotros. Pero te voy a asegurar algo: El amor es una cosa curiosa. Y yo, que tengo el corazón grande, tengo mucho espacio para amar.
Y nunca nadie, nadie, va a usar el enorme espacio que sólo tienes tú.
Después de todo, We Know They Won't Win.
lunes, agosto 18, 2014
El mundo se está enamorando.
Que tú y yo, desconocido, compartamos un tren.
martes, agosto 12, 2014
Querida música:
domingo, julio 06, 2014
Pero probablemente esa noche no llegue.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá... ¡que eres mi consuelo!
martes, julio 01, 2014
Espera, observa, se cultiva como un ligero brote, una pequeña raíz que no se doblega ante el frío invernal. Se alimenta de un sueño compartido, de conversaciones insustanciales a horas inhumanas, de escenarios imposibles que en ocasiones engañan, pareciendo demasiado concretos para tratarse de una mera fantasía.
Eso le da fuerza, la raíz de pronto se abre paso y saluda el cielo, llenándose de luz de sol.
El beso es suave, aún titubeante, aún prohibido. Pero las ligeras sonrisas no retroceden ni un segundo, ni siquiera cuando los labios se acarician.
Dos corazones palpitan, triunfantes, en aquel momento que no debería existir.
domingo, junio 29, 2014
Juguemos.
Pero si yo sueño con él y él sueña conmigo, algo debe estar pasando, ¿no?
jueves, mayo 08, 2014
En letrita pequeña y en mi blog, como te gusta.
Saliste como si te hubiese guardado en mi baúl de recuerdos. ¿Te acuerdas? ¿Ese del que te hablé tantas veces? Pareciera que me hubieses estado esperando. Sentí como si te pararas frente a mí, con tu casi metro ochenta (eran 1,76, ¿no?), haciéndome sentir pequeñita otra vez. ¡Fue tan intenso y tan imaginario!
Pero, pensándolo bien, siempre fue así, ¿cierto?
Me sonreíste y se me volvió loco el corazón. En cinco minutos ya estaba muerta de la risa con todas las tonterías que decíamos; en diez, ya tenía los ojos llenos de lágrimas y el nudo en la garganta, muerta otra vez. Muerta de amor.
Te sientes igual que un fantasma (más ángel que fantasma, probablemente), y es muy sencillo transportarme a ese tiempo. Es muy sencillo sentirme cómoda con aquella rutina, tal vez más sencillo de lo que a mi yo actual le gustaría. Ni siquiera he terminado de recordarte, y te siento ahí, sentado en el borde de mi cama, sentado, mirando cómo hago cosas mientras sonríes tranquilo. ¿Sabrás que llegué a la conclusión de que el amor me vuelve poetisa? Mírame ahora, escribiéndote como siempre.
Hay algo que no ha cambiado: Sigo con mi firme certeza de que, en cierto modo, existes, estás. Aún eres perfecto para mí, especialmente si consideramos el irónico detalle de que fuiste hecho para mí. Sé que me amas; yo aún lo hago, y siempre lo voy a hacer. Vas a estar ahí, siendo eso demasiado bueno para ser verdad, cuidándome, dándome besitos invisibles porque me quedo ahí, mirando el vacío, pensándote.
Aún ansío comerte a besos y que me comas de vuelta.
domingo, mayo 04, 2014
viernes, mayo 02, 2014
Para ti, si estás por ahí.
Te espero con un abrazo apretadito de persona bajita, con lagrimitas de emoción, de esa felicidad ridícula que llega con sólo imaginar la posibilidad que existes. Te espero con canciones de amor de The Beatles que te puedo cantar, o me puedes cantar, o podemos armonizar. Aquí, allá, en todos lados. Me pongo a llorar con Something, así que úsala con cuidado. A cambio, yo te espero con un piano lentito, porque no soy tan buena, espero puedas comprender.
Te espero con ridiculeces, ojalá no te importe mucho, pero supongo que así me quieres, si eres tú. Probablemente no te importe tomarte fotos cursis conmigo, echados en el pasto, mirando el cielo y conversando de cosas insustanciales en alguno de mis paseos mágicos. ¿Tendré espacio en tus pensamientos, por ahora? Quizás sin cara, sin voz. Quizás soy una persona tan unidimensional para tí como ahora tú lo eres para mí, pero creo que sería injusto para ambos si fuera de otra forma. De todas formas, te espero con mis risas, mi sentido del humor extraño, mi curioso gusto por el olor a fósforo recién apagado. Te espero con todas las cosas que vas a descubrir de mí, así como yo las descubriré de ti.
Te espero con un montón de escenarios imaginarios, con su propia banda sonora imaginaria. Pero también con algo mejor: Una oportunidad infinita para construir momentos reales, momentos que, contigo, van a ser mucho mejor que cualquier cosa que pueda surgir tan sólo de mí. Te espero con el libro en blanco, listo para guardar nuestra historia.
Mis angelitos esperan también, preparados para el momento en que les digas que no les necesito más porque tú estás conmigo.
Quizás te asusto con todas estas expectativas, pero quiero que sepas que, por sobre todas las cosas, te espero con un montón de amor. Y ese no tiene condiciones para ti. Sólo es y existe fuera de mi propia voluntad. Lo otro le sobra.
jueves, abril 24, 2014
lunes, marzo 24, 2014
El centro.
O no me pierdo; me reemplazo. Me sustituyo a mí misma con otra yo. O existen muchas, y se relevan. O existen muchas y conviven en paz, y salen a pasear cuando les agrada más el día.
Hay una yo que se muestra cuando hay risas, le agrada el sonido de la gente feliz y por eso se las da de humorista. Hay otra que es más dura, que no le gusta la gente abusiva, las injusticias; reclama, se queja, se enoja. Se pone voluntariosa y no aguanta nada que le parezca una forma de maldad tanto para ella como para el resto. Hay otra que canta (¿o hay muchas que cantan?). Hay muchas ególatras, también.
Hay una que no me visita hace mucho tiempo. O cuando lo hace, es en la soledad, así que siento como si no estuviera.
Es dulce —no que las otras no lo sean, pero esto es distinto—. Pareciera que mira el mundo asomada desde una ventana, de puntitas, con las mejillas sonrosadas y los ojos bien abiertos, llenos de admiración. Tal vez es frágil, pero no en el sentido rompible (o quizás sí, un poquito), sino que sus emociones parecieran ser una segunda piel: Ríe, llora y ama como si la vida se le fuera en ello. Es cursi, y si de ella dependiera, su vida se pasaría en canciones que hacen cosquillas en la nuca y carreras entre las flores.
Está llena de flores.
Y caricias.
Y besos.
Y tal vez por eso la extraño. Es tímida, y a pesar de estar siempre detrás de la yo que se manifiesta, la misma que le dice "Anda, sale, yo te cedo el turno", no se anima a dejar que la vean. Le tiene miedo al mundo, y va de una persona a la vez.
Quisiera que saliera, porque es mi centro y de ella sale el resto.
O sólo hablo en metáforas y nunca ha habido más de una yo. Y esa faceta de mí sólo está destinada a salir cuando menos lo espero, con quien menos lo espero.
viernes, marzo 07, 2014
Epifanía IV
No fue hasta que me dije "veamos que me dice la Catalina del pasado" que lo recordé. O más bien, ella me lo recordó. Esa certeza que tengo de que mi corazón, mi alma, mi todo, se transforma de una manera hermosa y comienza a trazar su camino junto al de alguien más. Que se abre y entrega frente a la promesa de un cuidado atento.
Que me gusta construír castillos de naipes. Y que es muy triste cuando se caen con la brisa.
Pero, maldita sea, no hay nada más maravilloso que admirar la magnitud de semejante creación.
jueves, febrero 27, 2014
Biggest Turn Offs
Decir que estás súper contenta estando sola, que la única forma que existe para que estés con alguien ahora mismo es estar tan enamorada que tu corazón repentinamente explote en canción. Sólo pides un poco de tiempo para enamorarte, porque estás dispuesta a dar una oportunidad.
Que te respondan "podemos hacer muchas cosas sin tener nada".
Goodbye.
Goodbye para siempre.
"Que tengo unas ganas inmensas desde hace mucho tiempo de tenerte para mí"
Lo supe, y tal vez con eso me bastaba. Porque nunca me pensé en el escenario como algo que podría realmente pasar.
Pero pasó.
Y lo que me entristece, es que no sé si aún estoy lista para saberlo de esta forma.
lunes, enero 20, 2014
domingo, enero 12, 2014
Paltacienta
Dicha familia estaba conformada por un guardia de Palacio y su esposa, además de dos hijas y un noble perro. Los días transcurrían en aquel hogar con una cálida tranquilidad que raramente se veía interrumpida: Madre y padre salían por las mañanas a realizar aquellas tareas que asegurarían comida en la mesa y fuego en el hogar, mientras que ambas hermanas, ya lo suficientemente mayores para salir con independencia de la casa, ocupaban las jornadas para nutrir sus mentes y llenarlas de conocimiento, sin importar lo lejos o cerca que éste se encontrara.
La mayor, conocida como Paltacienta debido al fruto verde por el cual su Reino era famoso en otras regiones, abandonaba cada día (o casi todos) su pueblo natal para adentrarse en territorios más lejanos, principalmente, el próspero Reino a orillas del mar, en donde abundaban libros —o, al menos, existían en mayor cantidad que en su hogar—, lo que le permitía profundizar los tópicos que más llamaban su atención. La joven pasaba largos meses realizando el tedioso viaje día tras día, mas encontró la forma de llenas aquellas horas vacías con historias.
Si hay algo en lo que las personas que conocían a Paltacienta podrían coincidir, era en reconocer la tendencia de la muchacha a llenarse la cabeza con cuentos de hadas. Estas historias, por supuesto, variaban tanto en composición como en argumento, pero todas solían tener en común aunque fuera una pequeña pizca de magia, la misma que mantenía en la chiquilla una constante expresión soñadora y le permitía ver a su alrededor cosas que la mayoría pasaría por alto.
Sin mucho esfuerzo, Paltacienta podía notar la magia en un mundo que daba por sentado su inexistencia.
A veces esto le traía algunos problemas, además de cierta desesperanza cuando a su alrededor aparecían nada más que miradas llenas de desdén y comentarios desalentadores. Pero con el transcurrir del tiempo, la joven aprendió a darle menos y menos importancia a estas actitudes, especialmente cuando la magia seguía apareciendo ante sus ojos con inusitada facilidad, si bien no siempre le hacía partícipe.
Por eso, en el momento en que la oportunidad se le presentó, no pudo más que luchar con todas sus fuerzas por no dejarla escapar. Llegó a los oídos de los habitantes del Reino la noticia de una fiesta a realizarse en una de las regiones costeras —el Reino de los frutos verdes no era muy inclinado a las celebraciones—. No cualquier fiesta, claro está. Se rumoreaba que no tendría igual, pues se tocaría la música más hermosa, se danzaría como jamás se había danzado; las estrellas se esconderían, avergonzadas, al verse opacadas por el sinnúmero de luces decorando cada rincón. ¡Cuántos colores! ¡Cuánta alegría y vida! Y, además, magia realzándolo todo. Sin embargo, no todos podrían asistir. Los invitados serían seleccionados de manera privada.
Al enterarse, Paltacienta casi sucumbió ante la euforia. ¿En qué otro momento, si no era ese, le ofrecería la vida una oportunidad como aquella? El tema ni siquiera quedaba abierto a discusión, ¡debía ir a como diera lugar! Y llamaría la atención de quienquiera que seleccionara los invitados así fuera lo último que hiciera.
Para lograr su cometido, la muchacha decidió que su mejor opción era el comenzar a pensar, hablar y respirar magia. No hubo instante en que no sobresaltara a su familia con las más extrañas ocurrencias y los más curiosos comportamientos. Después de todo, la magia no era algo común en aquellas tierras. Pero las miradas extrañadas no significan mucho para un corazón determinado, y así lo demostró Paltacienta con aquella sonrisa radiante que jamás abandonó su rostro.
No lo abandonó, al menos, hasta el momento en que las cartas de invitación comenzaron a llegar y Paltacienta se quedó con las manos vacías.
No se molestó, no gritó, no lloró. Tan sólo se quedó en las afueras de su casa, mirando el tranquilo pasar de aquel Reino olvidable, su hogar, donde nadie compartió su tristeza.
Y en aquellos instantes, con esa mirada que observa a la multitud pero que realmente no ve, la joven por poco pierde su más grande muestra de aquello en lo que creía con tanto fervor.
Frente a ella, una mujer de inusuales ropas le observaba con curiosidad. En uno de sus brazos colgaba una canasta con paltas.
—Paltacienta, no estés triste —habló la dama.
Ante esto, la muchacha alzó la mirada con inquietud. ¿Cómo alguien podía haberse dado cuenta de su tristeza? Cuando sus miradas se juntaron, la mujer de las paltas sonrió.
—Soy tu Hada Madrina y he venido a ayudarte. La magia en tu corazón merece ser recompensada.
Dicho esto, sacó una palta de su canasta, la presionó entre sus dedos para evaluar su madurez y se la entregó a la joven. Confundida, Paltacienta observó la fruta en sus mano y abrió la boca, pero no supo qué decir.
—Es un buen momento para tomarte medidas, querida niña.
Tres árboles en llamas y un número musical después, Paltacienta lucía el más hermoso y delicado de los vestidos, además de un elaborado peinado, coronado por su habitual elástico de resorte. La palta en su mano había dado lugar a un elegante carruaje que sería dirigido por caballos invisibles, pues sólo había un perro y, por la salud mental de ella y su mascota, la muchacha pidió que no se le sometiera a ninguna transformación.
Con la sonrisa en su rostro y la alegría nuevamente brillando en sus ojos, Paltacienta agradeció a su Hada Madrina por tan hermoso regalo. La mujer le besó en la frente, como símbolo de buena suerte, y le ayudó a subir al carruaje.
—Como tienes unas buenas horas de viaje antes de llegar a la fiesta, podrás quedarte hasta que acabe y aún tendrás tiempo de regresar en tu carruaje, sin embargo, el hechizo terminará al cruzar de vuelta las murallas del Reino. Además, sería una lástima si conocieras a algún gentil caballero y tuvieras que irte de improviso.
—No voy precisamente paraconocer caballeros, Hada Madrina —respondió Paltacienta—. No me quejaré si aparece alguno que deleite mi vista, pero primero quiero ver la magia. De todas formas, aprecio que pensaras en ello.
—¡Entonces ve, mi niña, y tráeme uno a mí!
Y con un movimiento de su canasta, el Hada Madrina puso en marcha la palta-carruaje. Desde la ventana, Paltacienta agitó la mano, despidiéndose, lista para su siguiente aventura.
sábado, diciembre 21, 2013
Para nadie en particular
Y me giro para verte. Y nos reímos. Reímos y es la más bella armonía.
Porque somos canción.
martes, julio 02, 2013
Un cuentito.
Pareciera que las horas, los días y los años pasan por su lado sin siquiera mirarla, tan inofensivos como la caricia del viento. Pareciera que saben que no deben prestarle atención porque, simplemente, ella no está bajo su jurisdicción.
Yo sé que no está bajo su jurisdicción.
Tiene un cumpleaños, pero desde hace un par de años la fecha ha dejado de cumplir su propósito. Ya no hay nadie a quien engañar. A veces, cuando me siento particularmente nostálgica, me da por mirar fotos donde sopla las velas con una sonrisa en la cara; probablemente no era una sonrisa fingida, le conozco lo suficiente para saber que si yo era feliz celebrando su cumpleaños, ella también lo era. No sé si decir que las cosas eran más sencillas en ese entonces.
La fecha tiene aún cierto significado para mí, sirve para recordarla. A veces recuerdo cuando me dejaba tocar su piano porque ella nunca se molestó en aprender (me pregunto si eso era verdad), otras veces me pongo a preguntarle a la nada si ese error que cometió tenía un propósito. La mayoría del tiempo lo uso para pensar en cómo cobrarle por esos tres años gastados.
Es curioso, porque tal vez pensar en ella en esa fecha hace que cada año venga, eventualmente, a tomar una taza de té conmigo. Ella trae la torta.
Este año llegó hace un par de días. Ya no la esperaba, nunca había venido tan tarde. Creo que, en el fondo, es la prueba que me faltaba para confirmar que he aprendido a dejar de necesitar locamente ciertas cosas, ciertas personas. Cuando me vio, me dio esa sonrisa extraña que apareció en su cara cuando dejó de ser parte de mi mundo normal, hace unos años. Hay pocas veces desde ese entonces en que la he visto sonreírme como antes.
Hablamos mucho. Uno pensaría que una tarde no es suficiente para ponerse al día de todo, pero nosotras sabemos hacer cundir el tiempo. Le conté de las cosas que me han mantenido con rabia (ya no hay tristeza, sólo lástima, mucha lástima), de muchas otras cosas que sabía que le harían reír, me di tiempo, también, para enumerar todo lo que he hecho.
Le dije que me siento contenta, sola (de esa soledad deliciosa que te hace sentir capaz de hacer todo lo que quieras sin que nadie te cuestione, sin que nadie te limite)... Le dije que me siento libre.
Soy una persona que habla poco, la mayoría del tiempo prefiero escuchar. Y, aún así, es increíble que yo haya llevado la conversación la mayoría del tiempo. Como siempre, ella me cuenta poco y nada sobre lo que hace, sobre lo que siente.
Y, aún así, sé que la conozco por completo.
Al final de la tarde, nos despedimos. Me dio un beso en la frente y me dijo que iba a estar ahí. No lo dudo.
sábado, junio 08, 2013
sábado, junio 01, 2013
jueves, mayo 09, 2013
viernes, mayo 03, 2013
domingo, abril 28, 2013
martes, abril 02, 2013
lunes, abril 01, 2013
♪
El micrófono está al frente, demasiado alto, y no queda otra que ponerse de puntitas para alcanzarlo. La música suena, tan conocida que probablemente podría tararearse al revés.
Respirar profundo, cerrar los ojos y refugiarse en el amor a la música. Cantar.
Cantar.
Y todo sale bien, pues, en aquel momento, no hay nada más maravilloso e importante en todo el universo.
jueves, marzo 21, 2013
Vómito de palabras.
Quizás, podría escribir sin necesidad de hacer frases nada más porque me gusta como suena una posibilidad rondándote.


