Ríe. Baila. Sueña. Canta. Escribe. Grita. Confía. Lucha. Inspírate. Respira. Observa. Acaricia. Abraza. Besa. Duerme. Protege. Vuela. Acurrúcate. Piensa. Innova. Dibuja. Existe. Ama.
Y, por sobre todas las cosas, nunca te rindas.
viernes, agosto 26, 2011
lunes, marzo 28, 2011
domingo, marzo 06, 2011
domingo, febrero 20, 2011
viernes, febrero 18, 2011
sábado, febrero 05, 2011
miércoles, enero 26, 2011
:)
Un saludo a la gente que se da el tiempo de entrar en mi blog, que la siento más cerca mío por leer estas cositas. No pensé que fuera tanta.
viernes, enero 21, 2011
martes, enero 11, 2011
And it breaks my heart. ♫
miércoles, septiembre 22, 2010
Mi historia de amor favorita.
Ella siempre fue bonita, lo sabía, estaba rodeada de amigas, iba a fiestas, se divertía. Tal vez huía de su casa, porque no era exactamente una princesa ahí, le tocaba más de Cenicienta la mayoría del tiempo. Su mejor amiga siempre fue su mamá; era la menor de la familia, la única que quedaba.
Él tuvo que ser valiente. Viajó desde lejos para buscar su vida; fue inteligente, brillante, de hecho, sus sueños le ayudaron a formar su propia historia, solito como estaba. No era de muchos amigos, es más, comunmente andaba serio y abstraído. Le gustaba pasear y mirar, aún le gusta.
Nunca compartía lo que pensaba o lo que sentía, por eso no muchos se daban cuenta de su pequeño pasatiempo.
Todas las tardes, casi religiosamente, se sentaba en una banca de la plaza a observarla sonreír.
Estaba muy consciente de que ella ni siquiera tenía una remota idea de su existencia, que ni siquiera le había visto por casualidad; curiosamente, no le importaba, después de todo, ¿qué oportunidad iba a tener él con una mujer tan bonita, tan interesante y distinta a él? No, él debía aprender a conformarse y sólo observar a aquel ángel desde lejos.
Aunque, a veces el destino quiere otras cosas, como tener amigos en común y encontrarse en la casualidad de ser presentados.
—Katty, te presento a Manuel.
Ella le saludó con un beso en la mejilla, y ambos con esa caricia se sintieron morir.
No fue fácil el tiempo siguiente. Se amaron, se ignoraron, se aproblemaron, terminaron, volvieron, los separaron, siguieron unidos, se amaron por sobre todas las cosas. Hacían magia en su pequeño mundo, donde no había más que ellos dos después de vivir tanto. ¿Qué importaba el resto? ¿Qué importaba que la mamá de ella lo echara de la casa con un sable?
Se casaron.
¿Qué importaba que los hicieran dormir separados en el espacio del matrimonio civil hasta los meses después y el casamiento por la iglesia?
¡Ni siquiera interesaba que tuvieran que comprar aceite suelto para que el sueldo les llegara hasta fin de mes!
Nada importa para los enamorados cuando pueden despertar todos los días mirándose a los ojos, escuchando un 'te amo' una vez más.
Todo, ciertamente, vale la pena cuando aún veinte años después ellos dos bailan en medio de la cocina, perdidos en su propio mundo mientras él le da besos en la frente. Porque siguen siendo uno.
Feliz aniversario, mis viejitos. ♥
Él tuvo que ser valiente. Viajó desde lejos para buscar su vida; fue inteligente, brillante, de hecho, sus sueños le ayudaron a formar su propia historia, solito como estaba. No era de muchos amigos, es más, comunmente andaba serio y abstraído. Le gustaba pasear y mirar, aún le gusta.
Nunca compartía lo que pensaba o lo que sentía, por eso no muchos se daban cuenta de su pequeño pasatiempo.
Todas las tardes, casi religiosamente, se sentaba en una banca de la plaza a observarla sonreír.
Estaba muy consciente de que ella ni siquiera tenía una remota idea de su existencia, que ni siquiera le había visto por casualidad; curiosamente, no le importaba, después de todo, ¿qué oportunidad iba a tener él con una mujer tan bonita, tan interesante y distinta a él? No, él debía aprender a conformarse y sólo observar a aquel ángel desde lejos.
Aunque, a veces el destino quiere otras cosas, como tener amigos en común y encontrarse en la casualidad de ser presentados.
—Katty, te presento a Manuel.
Ella le saludó con un beso en la mejilla, y ambos con esa caricia se sintieron morir.
No fue fácil el tiempo siguiente. Se amaron, se ignoraron, se aproblemaron, terminaron, volvieron, los separaron, siguieron unidos, se amaron por sobre todas las cosas. Hacían magia en su pequeño mundo, donde no había más que ellos dos después de vivir tanto. ¿Qué importaba el resto? ¿Qué importaba que la mamá de ella lo echara de la casa con un sable?
Se casaron.
¿Qué importaba que los hicieran dormir separados en el espacio del matrimonio civil hasta los meses después y el casamiento por la iglesia?
¡Ni siquiera interesaba que tuvieran que comprar aceite suelto para que el sueldo les llegara hasta fin de mes!
Nada importa para los enamorados cuando pueden despertar todos los días mirándose a los ojos, escuchando un 'te amo' una vez más.
Todo, ciertamente, vale la pena cuando aún veinte años después ellos dos bailan en medio de la cocina, perdidos en su propio mundo mientras él le da besos en la frente. Porque siguen siendo uno.
Feliz aniversario, mis viejitos. ♥
viernes, agosto 27, 2010
Rêveurs.
Los soñadores a veces se sienten perdidos, opacados entre el mar de gente normal, molestados y apartados. Son contagiados por la nube gris de la monotonía que en ocasiones se confunde con el estandar, apagando la propia luz característica de ese pequeño grupo de personas felices.
A las soñadoras les gusta hacer magia, aman poder darle su toque a todo lo que les rodea, adoran el poder jactarse de hacer burbujas de colores con cada latido de sus corazones. En muchas ocasiones se sienten solas, incomprendidas y dañadas por un mundo demasiado cruel para comprender las pequeñas señales que ellas dejan en la cotidianeidad con el fin de que su mitades les sigan; más aún cuando el soñador amigo no parece llegar.
Incluso, pareciera que se apagan aún estando en presencia de sus semejantes, porque son muy sensibles, y a veces el mundo gris a su alrededor deja marcas en ellas que consiguen meterle miedo al soñar.
Pero, siempre está el soñador que abraza y da palabras de aliento, y que, por supuesto, jamás abandona a estas frágiles criaturas. Porque él comprende cómo es estar sólo, alejado e indefenso, y también conoce cómo los sueños se vuelven más coloridos al volver a creer en esta luz especial.
El soñador acoge, y ama como sólo él puede, a pesar de todo.
A las soñadoras les gusta hacer magia, aman poder darle su toque a todo lo que les rodea, adoran el poder jactarse de hacer burbujas de colores con cada latido de sus corazones. En muchas ocasiones se sienten solas, incomprendidas y dañadas por un mundo demasiado cruel para comprender las pequeñas señales que ellas dejan en la cotidianeidad con el fin de que su mitades les sigan; más aún cuando el soñador amigo no parece llegar.
Incluso, pareciera que se apagan aún estando en presencia de sus semejantes, porque son muy sensibles, y a veces el mundo gris a su alrededor deja marcas en ellas que consiguen meterle miedo al soñar.
Pero, siempre está el soñador que abraza y da palabras de aliento, y que, por supuesto, jamás abandona a estas frágiles criaturas. Porque él comprende cómo es estar sólo, alejado e indefenso, y también conoce cómo los sueños se vuelven más coloridos al volver a creer en esta luz especial.
El soñador acoge, y ama como sólo él puede, a pesar de todo.
martes, agosto 17, 2010
miércoles, julio 21, 2010
Blah.
Me consideraba yo misma más valiente, más independiente y más segura... Quién iba a decir que luego me encontraría con los ojos llenos de lágrimas por nada.
A veces uno —o tal vez sea sólamente yo, que jamás he sido demasiado normal— teme mucho cuando tiene la felicidad justo al lado, cuando puede tocarla, saborearla todos los días, o por lo menos más que la mayoría de la gente que no se conforma con nada. Y me regaño, porque al final acabo siendo igual que todos, que pido más, y más, y más... Y no me maravillo con todas las luces incomparables que ya puedo ver iluminándome la cara.
Son tan pesados los nudos en la garganta... Pasan por nada y dificultan sonreír, a veces también nublan la vista con agua antipática. No me gusta llorar.
Por lástima, he descubierto que soy una persona que cuando entrega algo, se da demasiado, dejando retazos de ella misma que no le sirven para vivir por sí sola, o aguantar compartir a las personas que sin querer deja como sus protectores al ofrecerles su propio cariño. A veces teme que se le esfumen como el viento, que se aburran de ella y sus innumerables defectos; como este mismo tan antipático, sentirse como la mierda a veces sin motivo no invita mucho a la gente a que se te acerque.
No me gusta llorar, no me gustan los estados así... Pero a veces es necesario desahogarse de alguna manera, sin importar que alguien más pueda verlo.
Tal vez así simplemente comprendan y no pregunten.
A veces uno —o tal vez sea sólamente yo, que jamás he sido demasiado normal— teme mucho cuando tiene la felicidad justo al lado, cuando puede tocarla, saborearla todos los días, o por lo menos más que la mayoría de la gente que no se conforma con nada. Y me regaño, porque al final acabo siendo igual que todos, que pido más, y más, y más... Y no me maravillo con todas las luces incomparables que ya puedo ver iluminándome la cara.
Son tan pesados los nudos en la garganta... Pasan por nada y dificultan sonreír, a veces también nublan la vista con agua antipática. No me gusta llorar.
Por lástima, he descubierto que soy una persona que cuando entrega algo, se da demasiado, dejando retazos de ella misma que no le sirven para vivir por sí sola, o aguantar compartir a las personas que sin querer deja como sus protectores al ofrecerles su propio cariño. A veces teme que se le esfumen como el viento, que se aburran de ella y sus innumerables defectos; como este mismo tan antipático, sentirse como la mierda a veces sin motivo no invita mucho a la gente a que se te acerque.
No me gusta llorar, no me gustan los estados así... Pero a veces es necesario desahogarse de alguna manera, sin importar que alguien más pueda verlo.
Tal vez así simplemente comprendan y no pregunten.
Una noche
Se me lleno de luz la noche
Y es porque yo vi nadar
Delfines en tu voz
Una vez, hablando con una amiga, no preguntamos si esa sería una metáfora que sólo los enamorados podían entender.
lunes, julio 12, 2010
Sueños de niña.
Cuando chiquita me conformaba con la alfombra de la casa para volar, con el sillón como bote para hacerme la muda y escuchar a los pececitos susurrar "¡Bésala!"; incluso, podía hacer como que mi pequeño estante era la biblioteca magnífica de un castillo. Tan sólo tenía que mirar a la nada para encontrar al príncipe de turno sonriéndome.
Con el tiempo, todos esos juego nada más se volvieron lindos recuerdos. Aún danzaba medio soñadora por la casa cuando quedaba sola y podía poner mis canciones de niña en la radio. Me gustaba sentarme, cerrar los ojos y evocar las imágenes que más me hacían volar; ya no era la princesa, pero daba igual.
Tampoco estaba buscando a los príncipes ya.
Por eso, me tomó por sorpresa cuando llegó sin aviso este individuo sin caballo, sin castillo y sin corona, pero con más alma de príncipe que cualquiera. Y me eligió a mí, como su princesa.
Puedo escribir esto simplemente porque quiero, porque soy feliz todos los días.
Con el tiempo, todos esos juego nada más se volvieron lindos recuerdos. Aún danzaba medio soñadora por la casa cuando quedaba sola y podía poner mis canciones de niña en la radio. Me gustaba sentarme, cerrar los ojos y evocar las imágenes que más me hacían volar; ya no era la princesa, pero daba igual.
Tampoco estaba buscando a los príncipes ya.
Por eso, me tomó por sorpresa cuando llegó sin aviso este individuo sin caballo, sin castillo y sin corona, pero con más alma de príncipe que cualquiera. Y me eligió a mí, como su princesa.
Puedo escribir esto simplemente porque quiero, porque soy feliz todos los días.
miércoles, julio 07, 2010
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