¿A dónde se fue la escritura prolífica?
Se fue, se fue, a sentir afuera, a vivir afuera. A moverse y hablar y no tener tiempo para su mundo interno. A ser música y palabras para otros. A decir te quiero y recibirlo de vuelta.
Pero el mundo interno reclama y arrastra. Como las olas, como las lágrimas.
Y llorar, a veces, no es suficiente, porque botas la emoción pero todavía no sabes —no puedes— explicar lo que sientes.
¿Cómo decirle al mundo lo que te pasa si ni lo entiendes tú? ¿Cómo se lo explicas a los que esperan tu serenidad, tu suavidad?
¿Qué pasa si recién estás construyendo cosas y esta es la impresión que das?
Ahogada en amor si poder encontrar consuelo.
