martes, abril 06, 2021

sentirsentirsentir

 ¿A dónde se fue la escritura prolífica?

Se fue, se fue, a sentir afuera, a vivir afuera. A moverse y hablar y no tener tiempo para su mundo interno. A ser música y palabras para otros. A decir te quiero y recibirlo de vuelta.

Pero el mundo interno reclama y arrastra. Como las olas, como las lágrimas.

Y llorar, a veces, no es suficiente, porque botas la emoción pero todavía no sabes —no puedes— explicar lo que sientes.

¿Cómo decirle al mundo lo que te pasa si ni lo entiendes tú? ¿Cómo se lo explicas a los que esperan tu serenidad, tu suavidad?

¿Qué pasa si recién estás construyendo cosas y esta es la impresión que das?

Ahogada en amor si poder encontrar consuelo.

lunes, noviembre 30, 2020

99%

El otro día soñé algo bastante particular.

Ya no lo recuerdo tan claro, y me reclamo a mí misma por no haber venido antes a registrarlo, pero es lo que es: a veces, lo único que nos queda es una memoria difusa y una emoción intensa en el pecho.

Recuerdo que estaba en un lugar con muchos asientos. Un auditorio, quizás. Tenía ese aire de grandeza artificial, de luces grandes y voces tronadoras. A media luz, un grupo de personas presentaban gráficos impresos en cartón a una audiencia inexistente. Yo, inmaterial, me movía entre ellos por el escenario, tomando detalle de sus facciones deformadas por las intensas luces.

Un par apuntaba con ahínco a un primer gráfico que detallaba lo siguiente:

Sólo el 22% de las personas considera en su futuro el deseo de tener hijos.

Mi yo onírica observó en silencio este gráfico, su ceño fruncido mientras intentaba descifrar la seguidilla de pensamientos que rondaban atropelladamente por su cabeza. Tenía sentido, ¿no? Al final, hay demasiadas variables involucradas para sólo decir que sí.

Después de un debate agitado del que ya no me acuerdo, otro par reveló un segundo gráfico:

El 99% de las personas cree que allá afuera hay un amor verdadero.

Y no sé si desperté después, pero hasta ahí me acuerdo. Ahora, escribiéndolo, pienso que tal vez la interpretación de los sueños algo tiene, pero no me quiero analizar. 

 

jueves, noviembre 26, 2020

Ughhhhhh.

 De verdad que los ríos a veces separan su cauce porque así les lleva la corriente y eso está bien.

miércoles, noviembre 18, 2020

Diógenes.

 Cuánto de mí

serán yos guardadas,

llenas de polvo

en estos planos secos.

Cuánto de mí

serán cosas que no recuerdo

hasta que me hacen falta.


Cuánto de mí

serán cosas

que no he inventariado

pero me forman igual.

miércoles, octubre 28, 2020

Agua.

Me grita el cuerpo:

Quiero danzar.

lunes, septiembre 28, 2020

4380

 Día curioso en el que supero mi marca de escritura desde 2009.

2009. Un año que recuerdo con cariño a pesar de las enormes pérdidas. Un año en que salí del algodón de la vida para sentir, sentir, sentir. Y vaya que sentí y amé y conocí y extrañé y lloré y mis palabras volaron como drenaje para cada uno de los alborotados latidos de mi corazón.

Las flores de ayer ahora son pausas. En el día más lleno de viento que recuerdo de lo que va del año, siento como si la mitad del tiempo la pasáramos congelados. En criogenia, con el cuerpo rígido, atrapado en un grito que no sabe dónde salir.

Sentir, sentir, sentir. Sentir tanto que te abruma, a veces. Hace poco mi papá me dijo que desde siempre llevo más energía que la que mi cuerpo puede acarrear, por eso me paso cayendo. Ahora que parece que toda yo es energía y el mundo mi cuerpo, sentí lo mismo por un rato y tuve que bajarle el ritmo.

Ahora, con este viento, siento que ya el mundo está volviendo a acoplarse a mi energía.


lunes, septiembre 21, 2020

La balanza.

 Creo que hace unos meses había hablado de esto.

De cómo intuyo que la gente me ve, de cómo me pone contenta sentir que me deseen bien, que se alegren por mí. Es bonito porque quiero a mucha gente.

Soy un ser de octubre y primavera, tengo esta manía de siempre tender a sacar lo mejor de mí, de nunca estar satisfecha. Desde chica. Me he dado cuenta que ni siquiera es tanto una cosa de competencia, si no de estas ganas de siempre de querer vivir una vida extraordinaria. Y para eso, siento que yo debo serlo, también.

He visto otra gente extraordinaria nacida bajo cielos similares. Les veo empujar ese límite alto, alto, entre danza, entre voz, entre bondad e infinita creación, entre profunda belleza y elegancia. No me siento tan sola en mi cruzada, y sé que seguramente sus mentes a veces están en tormenta como la mía, pero verlos desde fuera me hace poner todo en perspectiva. Es como mirar una parte de ti, un poco, en otros universos y cuerpos.

A veces me llegan retazos de cómo me veo desde fuera y me gusta mucho. A esta Catie, desde fuera, la ver brillar, la ven reflexionar, la ven luchar con pasión por lo que le parece justo. Y me late fuerte el corazón.

Me hacen recordar con mucho cariño que debo, además de quererme, ser gentil conmigo misma, porque así danzo, amo y canto más bella que nunca.

martes, septiembre 15, 2020

Septiembre.

 Tantas cosas festivas en este mes que nadie más ve.

viernes, septiembre 11, 2020

Espanto y empatía.

 Es súper sencillo desconectarse. Fácil. Sin esfuerzo.

Vivir pretendiendo que no pasa nada, que el dolor del otro es algo que puedes ignorar porque si no lo pescas, nunca se registra en tu órbita.

Cuando miro hacia atrás y pienso en la Catie de hace diez años, creo que mucha de su plenitud en ese momento tiene que ver con que estaba desconectada. Su preocupación se limitaba a un puñado de personas cuyas vidas, también, estaban bastante desprovistas de preocupaciones.

El sufrimiento, la carencia, la pobreza, todas esas cosas que su propia familia había vivido una generación atrás y contra las que había luchado incansablemente para nunca más tener que enfrentarlas, eran algo que en aquel momento sólo era racionalizado por todos como flojera, como comodidad. En la búsqueda por asomar la nariz en un poquito de dignidad, parece que las personas quedan tan traumatizadas, tan expuestas, que el costo de lograr llegar al punto en el que están es observar para siempre su propio esfuerzo como algo único y extraordinario. (Y lograble). Porque nadie les ayudó.

A los que quedan atrás, nadie les ayuda tampoco.

El camino a la empatía, como antes he dicho, es doloroso; es un montón de mirarse al ombligo y cuestionarse e incomodarse y no conformarse con el nivel de comprensión que uno tiene ahora. Es juzgarte duro cuando te acuerdas de cosas como que no querías ir al Museo de la Memoria porque te habían hecho creer un montón de mentiras y tú tampoco lo cuestionaste más allá. Es ver a tus papás, a quienes les hacían ropa con sacos de harina y que se desmayaban de hambre cuando chicos y no entender cómo es que a ellos les mintieron también si estuvieron ahí mismo.

Es sentir el nudo en la garganta y escribir porque no sabes qué más hacer con estos ojos llenos de lágrimas y el dolor profundo e infinito que casi un país entero tiene mucho miedo de recordar y sentir por sí mismo.

jueves, septiembre 03, 2020

La traición.

 ¿Evitaré cosas para no añorar?

Me enfado conmigo misma porque no sé bien qué quiero; qué es, realmente, eso que ansío tanto. ¿Qué será esa falta que me llena la garganta de papel y me transforma en seda el corazón cuando me despisto?

miércoles, septiembre 02, 2020

Más o menos a 65 ppm.

 Nunca te he pensado como mi amante

y, quizás, ya va siendo tiempo de que lo haga.


A ti te lloro, henchida en emoción. A ti dedico horas y horas de mi vida sin siquiera pensarlo dos veces. Tú prevaleces cuando lo que te acompañó se marcha una y otra vez; y ahí estás para secarme las lágrimas con besos de tétradas, armonías en terceras que flotan a un centímetro de mi corazón.

Me acoges con abrazos de sol, de agua, de susurros que sólo escuchamos las dos en lo más profundo de una fantasía. Tomas mis manos, mi voz, y la haces algo nuevo: algo tímido y esperanzador. Me besas los dedos, crudos y adoloridos, porque lo único que me importa es escucharte.

El sueño siempre te incluye, porque sin ti no tiene razón de ser, y nunca me había dado cuenta.

¿Sería tan importante aquello que quiero si tú no estuvieras ahí para hacerlo extraordinario?

jueves, julio 30, 2020

🎶

Y mi voz vuela, vuela, vuela.

Ligera y clara, a confines desconocidos donde ni siquiera yo puedo alcanzarla.

viernes, julio 24, 2020

Espejo.

No sé por qué me vendrá siempre esta sensación de ambivalencia.

No nos conocemos en sí. Yo sé de ti, pero tú no tienes idea de mí. Sin embargo, es posible que conozcas mucha gente como yo. ¿Habrás hablado con ellas?

Creo que somos almas afines. Te mueven las historias, la música y la suavidad de la vida. Resonamos en lo más profundo pero, como no nos conocemos, no podemos tener al cien por ciento esa certeza. Seguramente, entre tú y yo, hay mucha gente que resuena de la misma manera.

Me he enojado contigo varias veces. Cuando se me pasa —porque siempre se me pasa—, me pregunto a mí misma si no será porque de nuevo nos parecemos mucho, y ese enojo es una reacción a lo que no me gusta de mí, a lo que quisiera hacer mejor. Si me enojo, también, porque un montón de gente te defiende con dientes y garras y no me gusta que idolatren a las personas así. Por extensión, no me gustaría que me pusieran a mí en tremendo pedestal. No me conocen. A ti, tampoco.

Hemos hecho las paces en una pugna que creo sólo existe en mi cabeza, pero que se reproduce cual onda en el agua uno lo quiera o no. No creo, de todas formas, que las pugnas contra ti tengan la misma razón que la mía. Al menos sé que no hay daño, porque nunca te enteraste.

Tan sólo desearía que me dejaran estar en paz contigo, en paz.

jueves, julio 16, 2020

Mantra.

No tengo todas las respuestas y eso está bien.

IV.

Entre espera y espera se nos va la vida, y pareciera ser cosa de occidente el no disfrutar el viaje porque estamos demasiado preocupados de cómo va a finalizar.

Me pregunto cómo serán esas valiosas ocasiones en que puntos distintos de vista dialogan y se nutren para volver igual de importante el trayecto y la conclusión. Siento que el no poder hacerlo por nosotros mismos también nos tiene así en esta especie de tiempo muerto —que no es realmente muerto, al fin y al cabo, sólo es distinto y estresante y diferente a cualquier cosa que hayamos experimentado antes—, temiendo perder un año, haciendo duelo por todos esos planes que se retrasan o desaparecen en medio del no poder predecir qué va a suceder.

El capitalismo tiene un montón de culpa en esto, creo yo, porque hay un punto en que necesitas tener la certeza de que no te vas a morir de hambre para poder darte el gusto de soñar, que vas a poder satisfacer tus necesidades básicas para tener el privilegio —es sólo dignidad, musita una parte de mi cerebro, pero acá la dignidad parece haber sido horriblemente transformada en lujo— de mirar alrededor y disfrutar del viaje que te está llevando a algún lugar. Siento que, de tener esos pisos, todos podríamos ser un poquito más soñadores, más arriesgados, podríamos ir por la vida con el corazón un poquito más ligero. Y yo no me sentiría como alguien que batalla sola en una arena gigantesca.

Diez años escribiendo este blog y recién ahora menciono el capitalismo. El viaje de la empatía es súper, súper largo y nunca acaba.

viernes, julio 10, 2020

*click*

Interpretar, interpretar, interpretar.

Hoy ha estado lleno de interpretar. Lo más seguro es que los otros días también, pero no he estado tan pendiente de ello. En ocasiones, es entretenido el pensar en cómo tu vida self-centered es sólo el personaje incidental en la vida del otro. También te ayuda a poner las cosas en perspectiva y tener un poquito de humildad, creo yo.

Me pasa que creo tener una idea de quién piensa en mí, para quién soy importante o quién me guarda cariño. Y, como en muchas ocasiones en que aprendo cosas nuevas, parece que no tengo tanto esa idea.

Es lindo, en cierto modo, saber que hay mucha más gente que te tiene cariño de la que tú piensas. Y es reconfortante, también, el saber que no te has dado cuenta porque no lo andas buscando abiertamente.

miércoles, julio 08, 2020

Té.

Es hasta un poco encantador.

Veamos; ella busca esta hermosura en la vida. Estas pequeñas, importantes cosas que le dan brillo a lo cotidiano, que arman una lista permanente de momentos a esperar con ansias, de fotografías —tanto reales como las que solamente guarda en su memoria— que se quedan presentes para siempre, testimonios de instantes atesorados.

Devora atardeceres, cielos, flores, cartas, canciones. Llena su rutina de colores, de sabores reconfortantes, de pequeños rituales que le hacen sonreír. Cada paso es una nota, cada exhalación una melodía. Cada pena, un solo profundo. Las alegrías son fanfarrias, nunca una igual a la otra.

Y suena profundamente hermoso, como ella desearía. Pero también bastante estándar. Replicable. Aséptico.

Quizás por eso se le escapan las particularidades sin que se de cuenta. Lo que vuelve la experiencia única y propia.

Quizás, por eso, se le derrama el té a la primera y tiene que correr a buscar estropajos.

lunes, julio 06, 2020

Los pequeños triunfos

Hay algo maravilloso en poder tener cosas que esperar conforme pasan los días.

domingo, junio 28, 2020

La espera (o el existir) eterno.

Especial como soy, a veces me viene la ansiedad de querer tener todo lo que espero ahora, sobre todo cuando lo que sea que me tiene dando vueltas en este mundo me manda señales de que seguramente no estoy sola en mis fantasías diarias y que, en algún lugar, hay personas con estas mismas ansias de más a las que seguramente se les hincha el pecho igual que a mí cuando me pongo a pensar mucho en esos sueños.

En la realidad, somos siete billones de personas en esta esferita azul que flota en la nada y, por mucho que quiera, no puedo controlar la magia que me va a hacer —o no (es una posibilidad, una que no quiero pero que existe al fin y al cabo)— cruzar caminos con estas personas. A veces es difícil llevar la luz y las chispas, la forma distinta de enfrentar este mundo sola. Me da miedo que me ganen en encontrar a estos individuos hipotéticos por mucho que a mí no me moleste esperar. Esos son los momentos en que, creo, me falta la piel y el toque humano, y el encierro debe contribuir un montón a sentir esos vacíos con más fuerza.

Me gusta mucho pensar en la yo de diez años atrás que esperaba exactamente lo mismo y saber que no la decepciono. Que, a pesar de diez años más de espera, no me rindo. Que no por estar sola, voy a ser menos feliz. Y, tengo que admitir: fantasear con personajes ficticios lo hacía mucho más fácil, porque en el fondo sabía que no los iba a poder encontrar. Soy más valiente ahora, porque tengo ese confort y aún así decido mirar afuera.

La incomodidad

Creo que el último año ha sido repetirme constantemente que las emociones no son buenas ni malas; sólo son. Me lo repito por trabajo, por suerte, pero también sirve como una especie de recordatorio para momentos muy puntuales.

Como este.

No suelo sentir esta clase de incomodidad a menudo, lo que me hace estar todavía más vigilante de mis actitudes, como desastrosa libra que soy. Eso pasa cuando uno trata de pasar la vida intentando no quitarle derechos a nadie y, en general, buscando formas de ayudar a que todos tengamos dignidad y un buen pasar en este mundo.

Será el encierro, que impide que uno pueda moverse, o el hecho de que en las últimas semanas esto del activismo performativo ha salido mucho a colación, cosa que igual es buena. Pero es cierto que la digitalidad es cómoda, que llenar de cosas para visibilizar y sentirte bien con eso es cómodo.

"Pero yo pongo el cuerpo", me digo.

Y sí, lo hago, pero eso no es un ticket de permiso para dejar de cuestionarse, para dejar de intentar hacerlo mejor. Para no conformarse.

Esta incomodidad, en cierto modo, es bacán. Me avisa que envejezco, pero que al menos intento no arrastrar malos hábitos.

jueves, junio 25, 2020

Siiiiii(...)iiiiigh.

¿Cuándo se acabará esto de ofrecer la mano y que te tironeen del brazo entero?

lunes, junio 22, 2020

Si la luna lo permite...

Se siente el crecimiento. La cautela.

No que no lo esté disfrutando de todos modos.

sábado, junio 20, 2020

Algún día, si soy famosa.

No sé si llegarán al punto de analizar mi mundo interno, pero como he podido ver, es muy difícil que realmente alguien logre interpretar lo que pasa por la mente y el corazón de una persona todo el tiempo.

Es probable que le atinen muy bajo o muy alto: se van a formar una idea de alguien muy trivial o, de lo contrario, van a armar a alguien con un cerebro de galaxia muy grande que seguramente me va a dar envidia. Con enlaces y pensamientos y referencias que ni en un millón de años se me hubiesen podido ocurrir.

El ejercicio de imaginarlo es curioso. Hay cosas que son muy obvias para mí que el resto ni siquiera parece lograr registrar. Cosas mías, que me hacen yo, que ni la persona que más tiempo ha vivido conmigo parece poder identificar. Pero así funcionan los mundos internos, para eso están hechos. Y está bien así.

(Sí, puede que esté haciendo una competencia con mi contador de entradas anuales)

A veces —y en los últimos años con infuriante frecuencia—, la normalidad parecía absorberle. Le nublaba los ojos y ralentizaba sus pensamientos. Las invisibles garras, inclementes, le agarraban y retenían hasta hacerle incapaz de recordar poco más que su nombre y lo básico para sobrevivir. Días, noches, semanas interminables que se repetían en el mismo patrón. Y, a veces, lo que más le asustaba era llegar a pensar que, en realidad, vivir así no era tan malo.

Y en cierto modo, tenía razón; vivir así no era malo, pero sí muy aburrido. Hasta mediocre. Todos podrían vivir así, todos podrían pasearse por esta vida sin hacer mucho más que existir.

Pero para alguien que constantemente buscaba lo extraordinario, vivir así definitivamente no era suficiente.

jueves, junio 18, 2020

¿Es rencor?

¿Es orgullo herido? ¿Es envidia? ¿Es tener humanidad?

No sé. Tampoco sé si alguna vez logre saberlo con claridad.

Quizás juzgo más fuerte por todas estas cosas. Quizás es cierto que soy más dura con la gente que quiero o he querido mucho. Quizás, es verdad que como pongo mi corazón ahí, mis expectativas de cómo son como persona suben inmensamente. Aquí, en este caso particular, creo, pega un poco como si fuese un familiar: un montón de años fueron compartidos con mucha fuerza e intensidad; vergüenzas, risas, gustos afines, compañía.

Y las cosas cambian, uno cambia, los otros cambian. Los caminos se separan y te preguntas si es tu culpa que se hayan separado o sólo estaba destinado a pasar así. Tú reniegas de cosas y otros se meten más en el cuento, y al mismo tiempo parece que ese cuento requiere un cambio completo de personalidad y formas de relacionarse. Tomas distancia, pasan más cosas, te pasan más cosas. Te guardas, te cuidas.

Y se te reprocha y te da más rabia y el camino se ve cada vez más distante del tuyo. Tanto, que hay otros caminos más cercanos que quedan en medio. Puedes ver como esos dos caminos interactúan, se unen, se desunen. Un camino pasa por encima del otro y ya no parece un paseo tan bonito.

Te da más rabia. ¿Lo peor? No puedes hacer mucho porque tu camino está lejos y se sigue alejando. Y parece que no vas a retroceder en tus pasos.

Dios, cómo odio a los psicólogos.

miércoles, junio 17, 2020

El checklist de la obsesión.

[  ] Ser bonitos.
[  ] Cute hairstyles.
[  ] Meaningful lyrics.
[  ] Melodías que me aprietan el corazón en el mejor de los sentidos.
[  ] Personalidades de dorks.
[  ] Material para hacer mi imaginación volar.
[  ] Capacidad para mejorarme el día en un instante.

martes, junio 16, 2020

Nowhere man, can't you see me at all?

De repente hay muchas cosas que me hacen creer en eso de que el tiempo es circular.

Cosas de la Catie de antes y la Catie de ahora que se repiten como si sólo nos hubiésemos dicho un hasta luego. La expectación, el soñar despierta, el entusiasmarnos por las mismas cosas, igual y diferentes a la vez. Igual como las distintas.

Quizás la baby, baby Catie era pitonisa también. Quién sabe. Parece que tengo esa facultad maravillosa de andarme sorprendiendo a mí misma constantemente.

Por ahora, me quedo con esas cosas suaves, simples. El disfrutar una música que te hace sentir bien y escuchar discos, tras discos, tras discos, perdida en un mundazo precioso y lleno de color y poesía, letras y melodías que parecen cantarme de una manera especial hecha sólo para mí.

martes, junio 09, 2020

Y resulta que mi psicóloga (una vez más) tenía razón.

Uno comienza a comportarse de forma auténtica, a hacerlo porque y no por el resto...

... y las cosas que andabas buscando llegan solas.

lunes, junio 08, 2020

El /crecer/.

Cuando eres chico, te acostumbras a recibir, recibir, recibir. Comida, cariño, cobijo, abrazos, risas. Cuidado.

Conforme pasa el tiempo, vas aprendiendo a dar cosas también. Porque te nace, porque te es cómodo dar en ese momento. Creces un poco más y te vuelves consciente de que dar es algo bueno, que uno tiene que tender a dar aunque no sea cómodo todo el tiempo. Hay que pensar en el otro y, si entre todos damos, todos recibimos un poquito también.

Así, nadie está obligado a dar de más.

Pasa más tiempo y ya no recibes tanto. Tú tienes que darte la comida; recibes cariño, sí, pero se entiende que tienes que darlo de vuelta. Te entregas cobijo, das y recibes abrazos, risas. La mayoría del tiempo te cuidas solo.

Y yo sé que es genial recibir todas esas cosas, para qué vamos a mentir; a nadie le molesta recibir. Pero crecer y dártelas tú mismo también es humano. Para el otro, sobre todo.

viernes, junio 05, 2020

A veces me gusta pretender que el viento y yo somos cómplices.

Mientras camino, finjo que una fuerza invisible toma nota de mis pasos. Esta entidad observa cuidadosamente mientras cruzo la calle y le sonrío a las hojas en el suelo. Pausa un segundo, justo como yo, cuando la accidental paleta de colores —un pedacito de arte en medio de lo cotidiano— me roba el aire de los pulmones. Quizás, igual que yo, busca desesperadamente cosas bonitas para sentirse bien.

Y ahí es donde nuestra camaradería empieza. Un acuerdo implícito del que ninguno de los dos habla. Yo soy el cuerpo, la materialidad que tanto ansía; el viento es esa extensión invisible a la que no puedo acceder: la magia de diario. Yo doy un paso tras otro, con las manos en los bolsillos porque hace un poco de frío, y la brisa mueve los árboles y mi pelo, y vuelvo a sonreír porque sólo puedo imaginar cómo se ve desde fuera. Un trozo de arte, yo también.

En ocasiones nos volvemos un lienzo completo; el viento, las hojas, el cielo y yo: una mezcla de palpitaciones, luz y sombras que acompañan la más grande explosión de colores, el espectáculo diario cronometrado para mis ojos. Lilas, rosas, naranjas suaves, las nubes, suaves también, mi corazón acompañado en la suavidad.

El viento, cuidándome.

lunes, junio 01, 2020

Lazos.

Ya, tengo que admitir que sí es un poquito como forzado. Prendo el notebook sólo para darme este ratito para escribir, pero también es porque quiero. Como que reabrí una cosa que ya no está en mi control, que ya agarró poder por sí sola; el verme ahí en un cúmulo de letras que luego no son letras y que, sin yo saberlo muy bien, se vuelven un pedacito de mí. Me secuestran las manos y me susurran al oído que las adorne como hacía antes, que busque palabras de muchas sílabas que suenen bonito, pero creo que todavía me queda un poco de reticencia: Hay otro susurro un poco más quieto que me pregunta si el querer hacer eso no es como emular algo de forma artificial.

Luego, mientras escribo, mientras la noche está quieta y sólo me acompaña el silencioso ronroneo del disco duro y el tac tac tac de mi tecleo, me doy cuenta que he caído en lo mismo, y solita me respondo que tengo que dejar de pensar en mí como dos personas de un antes y un después, que somos la misma, que siempre lo hemos sido. Antes me describía en capas, tenía claro cuándo salía una y cuándo la otra; creo que es la itinerancia de cada una lo que ha cambiado y me ha hecho creer que sólo porque una yo se haya quedado más tiempo fuera, las otras desaparecieron.

Es chistoso esto de los mensajes, de las señales y de las cosas que de improviso llaman tu atención para darte claridad en algo. El otro día, leí que en la vida hay que ser pétalo y espina, y creo que lo entiendo.

Una flor sólo es flor, no importa qué parte de ella estés mirando.

viernes, mayo 29, 2020

Hábitos.

Cada vez que me acuerdo, vengo a saludar.

No sé si es ritual, si es la memoria muscular, si soy yo misma imponiéndome algo. No importa, vengo igual. Dejo que las cosas fluyan. Dejo que lo que sea que siento en ese momento me guíe. Y si no, intento encontrar algo que me deje llevar un hilo.

Nunca se siente como forzar algo, eso sí. Supongo que siempre tengo algo que decir, lo quiera o no. ¿Cuándo no piensas?, me han preguntado. Cuando duermo, respondo. Y, cuando duermo, sueño, y esos sueños los manejo como si fueran arcilla. Cuando despierto, me pongo a pensar en los sueños que tuve y en las cosas que me pasan con ellos.

Me está yendo mejor con la prosa, creo. Las palabras por fin pasan de ser sólo un concepto en mi cabeza y se vuelven mías para mirarlas, para re-leerlas; mías para quererlas. Disfruto de las cosas bonitas sólo por ser bonitas, sólo porque me inflan el corazón. Todavía tengo que tomar fotos, pero al menos los videos me están quedando bonitos.

Y hago galletas, y mi pieza se ve linda. Siempre estuve ahí.

lunes, mayo 25, 2020

Let’s meet when the lilies bloom and say goodbye when they wither

(Sobre)vivir a base de serotonina musical, obsesiones y videos aesthetic de los sitios donde camino.

Emocionarse otra vez, sintiendo todo a flor de piel como si se retrocediera diez años.

Ay.

Gracias.

viernes, mayo 22, 2020

Y la mente se está acostumbrando a decirme...

¡Oye!






Aquí estoy.

lunes, abril 27, 2020

El ojo.

Cada vez que me acuerdo de este blog me pregunto qué Catie va a aparecer esta vez. ¿La inspirada? ¿La nostálgica? ¿La metódica? ¿La que quiere volver a la racha de escritura?

Después me doy cuenta que no importa, realmente. Que esto es sólo para mí.

Me dan ganas de desdoblarme y preguntarme, a ver qué chivas me doy a mí misma. Siento que lentamente voy encontrando un balance —libra, libra, libra— sin siquiera buscarlo, que creo que es a lo que uno tendría que tender. Si no, las cosas se ven un poquito forzadas.

No tecleo tanto ya, me cuesta darme estos tiempos, pero cuando lo hago todo vuelve súper fluido. Como agua, como brisa. Incluso si tengo las manos frías, como ahora.

Pero los momentitos están ahí. Cuando hago mi cama, cuando busco que mi pieza se vea bonita. Cuando miro el fondo de mi celular.

Diez años atrás me miraría y diría:

Wow.

martes, agosto 20, 2019

Qué libriano de mi parte.

Oye, estas estrellitas no paran.

Y se me olvidó cómo hacer la aesthetic. O como no frenarme, pero el origen llama igual.

Mis fotos están en los rollos, esperando ser reveladas. Porque no se me olvida. Y los pies listos para ir descalzos, los vestidos para ser usados, el canto para armonizar. El corazón para amar.

El resto es volver a acostumbrarse, porque uno no se olvida de cómo andar en bicicleta.

Y de ahí, encontrar el equilibrio a pesar de lo torpe.

sábado, octubre 06, 2018

26.

Magia:

Ven, ven, ven.

Por favor, ven.

jueves, octubre 05, 2017

Tout va bien.

Se calmaron las agüitas.

Después de tragar agua, de que me escocieran los ojos y nadar hasta no sentir el cuerpo, salí.

domingo, mayo 07, 2017

Airecito nuevo.

Como ese que te pega cuando estás literalmente en la punta del cerro y que te llena los pulmones de alegría y vida. Ese mismo que, ante el más mínimo descuido, te vuelve el pelo una maraña incorregible.

(Nada que un cepillo chiquitito no pueda arreglar).

Lo bonito del aire nuevo es que a todos nos afecta de formas diferentes; nos trae lo que necesitamos, nos recuerda lo que queremos. A veces nos da vuelta el mundo y nos lo ordena de forma distinta. Yo, que soy una plumita en el viento, recibo el aire nuevo sin enterarme mucho; en estos meses de (re)encontrarme, pareciera que soy como el cliché de la Pocahontas de Disney, moviéndome con el viento de un lado a otro.

Tal vez este aire nuevo, eso sí, me trae sorpresas que no me esperaba. Puede que se porte más bien como un airecito que da nanais en el pelo y afirma los pies. Que deja fluir al mismo tiempo que da el calor de lo conocido, de lo que a veces sólo se hace por disfrutar.

Shh, me susurra el viento al oído, esto lo has sabido siempre, esto sigue siendo tú. Sólo te lo estoy trayendo de vuelta porque... Y se ríe.

Parece que estás agarrando tu vuelo de vuelta, al fin.

martes, diciembre 27, 2016

El plot twist.

Y me caí al abismo.

Pero era un pajarito.

Y volé de vuelta.

miércoles, diciembre 07, 2016

¡!

Supongo que debo sentirme parecido a alguien que hipotéticamente mira el fondo de un abismo desde el mismísimo borde, y que tiene una persona detrás cuyas intenciones no sabe: o le toma la mano para que no se caiga, o es quien la empuja.
Es rara la oscuridad. Y no me refiero a esa oscuridad que tanto susto da, la que pareciera arrastrarse por la espalda como unas garras frías que quieren llevarse todo lo bueno del mundo, no. Hablo de la oscuridad que llega de a poquito, suave, la que nace siendo penumbra y de a poco se vuelve ama y señora del lugar.

Esa oscuridad que te llama a cerrar los ojos, que está presente cuando tu cuerpo está tan cerquita de otro, tanto, que puedes sentir cómo tu cara se abriga con el calor de la mejilla de alguien más. Y es oscuro e inquietante, eléctrico, casi; pero la anticipación es tan intensa como la calma de saber que una mano está entrelazada a la tuya, que te acunan contra un pecho cálido y te envuelve un perfume que no es tuyo, un perfume y una nube de menta que habla de expectativas que compartes con alguien más. La oscuridad te vuelve un ciego que se intoxica con otras sensaciones: el roce de unos labios, el retumbar de un corazón, el sabor de un beso conocido, su perfume, otra vez —ay, ese perfume que al día siguiente vas a buscar en tu ropa, porque estuvieron tan cerca—.

En medio de todo —¿o es después?— te preguntas si esta oscuridad funciona como un encantamiento, si hay algo en ella que te vuelve más valiente. Al final te respondes que no importa mucho, porque hay abrazos en la luz, antes y después. Es más como que funciona como un colchón para un cuerpo cansado, una brújula para alguien que busca guía.

Porque eso es al final. De alguna forma, los labios se encuentran sin esfuerzo, se acaricia lo que hay que acariciar y se encuentra aquello que nunca estuvo perdido, pero que tampoco fue buscado. Trae ideas, como sacarse los zapatos para que tus pies, siempre tan fríos, encuentren abrigo entre las piernas de quien te abraza.

Los abrazos, en la oscuridad, son como besos en el corazón, como un fuego suave en la base del vientre.

Esta oscuridad es rara porque sin ser tangible, cobija a quienes duermen juntos y se acurrucan en una pseudo cama improvisada. Auspicia besos dulces. Llega y se va dejando dos personas que de a poco abren los ojos y se sonríen.

jueves, noviembre 17, 2016


¿?

lunes, noviembre 14, 2016

Sigh.

Es chistoso esto de que te guste alguien.

Porque de pronto como que algo te hace sintonizar en la misma frecuencia, y es como si pasaras de ser un asteroide a la deriva a ser uno arrastrado por la fuerza gravitacional de un planeta entero. Y nadie ni siquiera se molestó en preguntarte a ti, el asteroide victimizado (tm), si querías pasar por ese planeta. Si era el momento adecuado para visitar un planeta.

¿Estás lo suficientemente protegido para no estrellarte, pequeño asteroide?

Entre todo, entre este empuje tan intoxicante e inevitable de la gravedad, entre la caricia sutil de este planeta —angustiante a la vez que emocionante—, te preguntas si el planeta sabe de su fuerza gravitacional.

Y la metáfora se muere, porque ni los asteroides ni los planetas tienen bocas para decirse cosas. Para besarse cosas. Y pareciera que cuando dejan de ser asteroides y planetas y se vuelven personas que entrelazan las manos en medio de la noche, que rozan nariz con nariz y se ríen bajito en la oscuridad, las cosas se tornan un poco más claras y todo se vuelve algo un poco más intercambiable entre los dos, que ahora son empujados por la misma gravedad.

¿Cierto?

Eso se imagina el asteroide, porque, ¿qué puede ser más claro que un beso? Así que orbitas alrededor del planeta en una explosión de luces. Y el planeta se mantiene ahí, silencioso.

Indiferente.

Y es ahí donde te indignas e intentas con toda tu potencia de asteroide soltarte de este terrible tirón de la gravedad, porque tú era feliz antes, vagando entre las estrellas. Y ese estúpido y feo planeta probablemente sigue pensando en algún viejo y brillante asteroide y quién sabe cuántos más están siendo arrastrados por su gravedad al mismo tiempo que tú.

Allá él. Allá tú.

Y si este asteroide tuviera banda sonora, probablemente sería Lemonade de Beyoncé. Porque esta personita detrás del cuerpo celestial trata tanto de cantar "boy, bye" que llega a dar risa.

Y todo sería tan fácil si las cosas se hablaran. Si por lo menos hubiera un corte limpio con el cual el asteroide se pudiera ir a recorrer el resto del espacio en paz para por fin volverse un planeta, un sol. Pero parece que las personas son más miedosas que los planetas, las estrellas, los asteroides y los soles, especialmente cuando tienen que verse las caras constantemente sin que sea incómodo.

La niña asteroide sigue su camino dejando una estela de luz a sus espaldas. A veces las estrellas le traen música y ella canta. A veces, una voz le responde a lo lejos. Siente empujones de gravedad de vez en cuando y, al buscar el origen de aquellos tirones, descubre con algo de sorpresa que el planeta sólo era un asteroide cuyo tamaño ella subestimó.

El otro asteroide a veces sonríe cuando la ve. Ella le sonríe de vuelta.

miércoles, octubre 05, 2016

Chronologie d'un baiser

It is like a secret.

No one knows you're suddenly holding hands, no one knows how fast your heart is beating (maybe the person beside you knows, but you're too nervous to ask.)

You can feel someone else's breath on your lips, you can feel someone else's heat on your skin. You can feel someone else's thumb caressing the back of your hand.

(You can feel the tension in the air, the moment before it happens.)

And then...

The kiss.


(Heaven.)

martes, agosto 16, 2016

El primero y en la playa.

... Y miraron al sol esconderse en una explosión de colores.

domingo, febrero 14, 2016

L'amour

Lo bueno de ser una romántica empedernida es que puedo amar el amor en todos lados.

jueves, febrero 04, 2016

Le extraño ahora mismo sólo porque podíamos despotricar juntos.

domingo, octubre 18, 2015

Zap.

Quiero creer que al final de todo esto yo seré la tormenta.

lunes, septiembre 28, 2015

El cuchillo con mango amarillo

Ayer me acordé de ti.

Estábamos almorzando y me puse un cuchillo especial. Uno feo que no corresponde a la colección bonita que tenemos para comer —ya no está completa, se nos perdieron algunos—, pero corta bien. Me acordé de mi mamá, que tiene su cuchillo regalón. Y te di y tu cuchillo con mango amarillo.

Al menos, al principio se veía lo amarillo, lo usaste tanto que en sus últimos días el mango era una cosa amorfa llena de cinta. Desde que tengo memoria te vi usarlo para pelar verduras y cortar cosas; los vestidos/delantales, el cuchillo amarillo y mi abuelita preparando una sopita rica. Creo que ha sido uno de los recuerdos que más me ha hecho sonreír porque me habla de lo cotidiano, y lo cotidiano, contigo, significa que estuviste cerca, ahí, siempre.

Es chistoso cómo funciona la muerte, al menos conmigo. Siempre que pienso en ti o te hablo me da por tutearte. Es raro porque nunca lo hice cuando estabas viva. Pero hablarte de usted no sé por qué no me sale; no sé si se debe a que tuteándote te siento más cerca... Honestamente, creo que es al revés: si no lo hago, te siento demasiado lejos. Más lejos de lo que puedo aguantar, y eso es un problema porque no me consuela irte a dejar flores al cementerio, no me consuela recordarte como lo hace el resto. Te recuerdo, sí, y te adoro cada día, te pienso y sonrío, pero no me satisface hacer cosas acá cuando ya no estás.

Por eso converso contigo en mi cabeza, cuando mi mamá se pone a rezar frente a tu nicho. No sé cuántas veces te he pedido disculpas por esos ratos que pude haber pasado contigo pero que no pesqué porque fui tonta; es complicado, porque sé que ya fue, que hay otro montón de momentos que sí pasamos, que sí fueron preciosos y únicos y de las dos y que no tiene mucho sentido lamentarse a estas alturas. ¿Lo peor? Sé que a ti no te gustaría que me lamentara. Me hablarías con ese tono tan tuyo: "No piense en esas cosas, mijita". Pero, pucha, soy humana y me frustra el tiempo.

Me frustra por la nieta que no viste. No sufro tanto por el anillo de oro que no me gané cuando aún ibas a mis premiaciones en La Ssalle, pero sí por la Catalina que no te pudo cantar todo lo que hubiese querido. Me frustra tanto que mi voz haya agarrado vuelo después de que te fueras, porque aún me acuerdo cuando me temblaba la voz a los ocho años pero canté igual en el escenario porque mi abuelita estaba de cumpleaños y yo le dedicaba esa canción que tanto le gustaba. Y creo que de no ser por ti, abuelita, nunca le hubiese puesto tanto amor a cantar. 

Ni en tu funeral sabía cantar todavía. Qué triste.

Sé que esta nieta de ahora te tendría muy orgullosa. No soy ni por asomo la mejor y me queda aún tanto, tanto por crecer, pero la magia contigo es que uno se sentía genial solamente con saber que estábamos convirtiéndonos en mejores personas. Siempre decíamos con mi papá que eras como Muriel de Coraje, con ese pelo blanquito y nebuloso y tu sonrisa llena de amor, con esa paz de abuelita tierna que nadie más tenía. Sé que te podría decir ahora "abuelita, voy a hacer doblaje de monos chinos" y tú serías mi fan número, sin importar si entiendes mucho o no; que te podría cantar con esa voz más confianzuda de ahora y me dirías "¡Bravo, bravo, bravo!" aunque desafinara un poco. Y aunque no fuera eso, abuelita, aunque fuera sólo uno de esos estornudos que remecían toda la casa, aunque fueras tú acostada con mi hermana, o gruñéndole al John porque te olfateaba la comida. Me faltó tiempo y te quiero aquí.

Es como adecuado que el único que esté viéndome escribir esto es el Gaspar. Un regalo, un pedacito tuyo más que estoy segura también te extraña. Todos los días, como yo, no sólo hoy que estás de cumple. Cuando apareces en mi cabeza trato de hablar contigo porque me da susto llorar si hago otra cosa —mírame hoy, que te escribí y acabé moqueando y con los ojos hinchados—. No sé si estoy voy a terminar esta... ¿carta? ¿Desahogo? No se ve como que tenga un verdadero fin, porque podría llenarla de más cosas: de cómo me hiciste pegarle a mi primo cuando me tiró un Kame Hame Ha y me dejó sangrando la nariz, de cuando te acercabas y me decías "¡Ñau! Te como" y yo me deshacía en risas, de cómo me hiciste mi primera sopita. De cómo fuiste mi segunda mamá. De cómo los recuerdos del día que te fuiste están teñidos de un color feo y lento.

Puedo cortar esto diciendo, eso sí, que ahora tú y yo somos algo así como una conversación constante; a veces se pausa, pero nunca se corta. Algo que está como por debajo, cerquita del corazón, a mano para cuando lo necesito. Mira hoy, por ejemplo, que de un momento a otro me di cuenta que el cuchillo con mango amarillo se fue contigo.


miércoles, agosto 12, 2015

Mmmm.

Sí, mucho "mmm". No sé si el huracán-no-huracán me agitó o tranquilizó, pero, definitivamente, algo movió. O me moví yo y el resto solamente coincidió, como cuando los científicos locos gritan "¡ESTÁ VIVO!" mientras se ríen y los relámpagos deciden que quieren acompañar.

Es como sentirse rodeada de ozono; no sabes si los rayos vienen o se van. No sé si estoy tranquila porque sobreviví una tormenta —puede o no puede que supiera de ella— o si esta tranquilidad es nada más como ese rayo de sol entre las nubes, cuya sonrisa cálida te dice "afírmate, que esto nada más está comenzando".

Siempre he arrugado la nariz cuando alguien dice "qué feo que está el clima", no me gusta ser fatalista.

Después de todo, el agua que cae del cielo sirve para matar la sequía.

miércoles, julio 22, 2015

Entrada #200

[inserte un gif de alguien corriendo en círculos mientras arde en llamas]

viernes, junio 26, 2015

Ser un botón.

Existen cosas que pueden hacerte retroceder en el tiempo: Un aroma, una canción, pequeños vistazos de una memoria a medio borrar.


A veces vienen de forma más sutil, como me pasa a mí: Un sueño medio borroso con vampiros que se aparecen para recordarme cumpleaños que ya no memorizo —al menos, no conscientemente—. Retazos de páginas llenas de aroma a bosque y lluvia. Una moto, un amigo. Otra amiga que sigue volando por ahí, pero que no está del todo.

Y otras cosas que en su propia particularidad no son menos increíbles (e hilarantes, ¿quién diría que algo así pasaría?); que me revuelven de pies a cabeza, que medio me desarman y rearman en un ser que no es del todo yo. Una persona con el corazón más ligero, con la creatividad algo más pegada a los dedos y la voluntad puesta en sitios diferentes. Alguien más oveja que pájaro, que se siente desorientada al quedar parada en el lugar de la yo de hoy. ¿Cómo la puedo culpar?

Al final, estoy segura que ambas nos miramos un buen rato, ninguna de las dos muy segura de qué diablos hacer.

miércoles, abril 08, 2015

Un pensamiento.

Es muy gracioso lo que hace la percepción. De pronto hay gente ahí, alrededor tuyo, pero cuando miras más detenidamente ese "de pronto" resulta haber sido un poquito más largo de lo que pensabas, y ese "ahí" se vuelve un ahí

Me recuerda un poco a lo que dijo una amiga sobre el Big Bang, y como ella y yo éramos partículas muy pegaditas en ese instante donde todo comenzó, que por eso ahora es tan fácil seguir así de juntas, aunque parezcamos seres distintos por fuera. 

Entonces, es ahí donde me pregunto: ¿Cuántas partículas habrá realmente orbitando cerca de mí? A escondidas, disfrazadas de gente que en un principio parece tan lejana como la Vía Láctea y Andrómeda. 

Pero que —eventualmente, tal como esas dos galaxias— están destinadas a colisionar y fusionarse.

sábado, marzo 28, 2015

Qué sería de nosotros.

Oh.

De tú
y
yo.

domingo, marzo 08, 2015

Lo que me molesta es el cuento inconcluso.

domingo, enero 25, 2015


Zienab Hamdan — The day when the tables turn

Two years later
A girl sits in front of her ex lover.

He doesn’t say a word
And her heart doesn’t ache for him anymore.

Her hair is longer than it’s ever been.
She is even more beautiful than the day he left her.

And at that moment,
He panics.
He lost her.

And he can never have her back.
He can just watch her be beautiful
And in love
With someone else.


martes, diciembre 23, 2014


En estas fechas, el año pasado me dije "quiero cantar villancicos para navidad".

domingo, diciembre 14, 2014

Confirmación

No sé si sentí desazón o sólo fue la tranquila aceptación de un veredicto determinante, pero ya se me ha visto llena de luz desde fuera.

Llena de luz.

jueves, noviembre 27, 2014

Ra.

Me pregunto si de algún modo estás más informado que yo, y si te ríes porque me vuelve loca no poder recordar bien cuando sueño contigo. Anoche me pasó otra vez: Tú sol, yo estrellas. Un recuerdo que baila juguetón en el borde de mi consciencia. Una sola orden de la yo que se mueve en mis sueños:

"Tienes que acordarte de esto en la manaña".

Desconozco si ahora te recuerdo más encantador de lo que fuiste en realidad, si sólo es mi mente demasiado imaginativa creando un escenario donde el día y la noche se miran como si se conocieran de toda la vida. Me consta que sí nos conocemos más de lo que pienso y que a ti te frustra que no lo sepa, me lo dijiste en otro sueño (uno que curiosamente recuerdo a la perfección), pero, ¿qué le puedo hacer? Tú mismo me dijiste aquella vez que primero tengo que volver a encontrarme, que los fantasmas me tienen que dejar de asustar y que los ángeles... ¿Qué me dijiste sobre los ángeles? ¿Era importante? O quizás sólo tragicómico, como el hecho que recuerde que estabas usando un gorrito adorable y no esta pieza importante de información.

De todas formas, sólo quería que supieras que lo intento. Y que soñar contigo me hace feliz, aunque mezcles los panteones griego y egipcio.

Te estoy buscando,

Nyx.

domingo, noviembre 09, 2014

No hay palpitación.

Emociones yo tendría
dentro de esta lata fría
si tuviera un corazón

lunes, noviembre 03, 2014

De sueños sobre fantasmas y música.

Y pensar que tengo ganas de hacer de Christine Daaé en el musical.

domingo, noviembre 02, 2014

Just my luck.

Mis crushes deberían escribir un libro en conjunto que se llame "Como cagarla en 0.1 segundos", con un subtítulo que diga que la cagaron bien grande.

En respuesta, yo escribiría uno que se llame "Cómo descrushearse en 0.01 segundos", con un subtítulo que diga que mi suerte apesta.

Hojalata

When a man's an empty kettle
He should be on his mettle
And yet I'm torn apart
Just because I'm presumin'
That I could be a human
If I only had a heart

jueves, octubre 30, 2014

Qué gracioso...

... y qué cruel es como funciona el shock.

Un mes después.

MEN ARE SO DUMB.

lunes, septiembre 29, 2014

Un mensaje para el ángel.

Mira, bobo, agradece que al menos aún pienso en ti.
 

Tienes que estar contento o, al menos, no tan celoso. ¿Te acuerdas cuando decíamos que los celos eran muestra de verdadero amor? Bueno, ya no pienso así. Varias cosas de las que pienso han cambiado, en realidad; pero creo que hubiésemos podido cambiar juntos, eras —eres— muy inteligente. Y creo que lucharías por las mismas cosas que yo.

No sé si te escribo esto pensando que existes en alguna clase de plano que ni siquiera Kler puede alcanzar. Si me miras, si te enojas por algunas cosas de las que hago, si te ríes porque sigo siendo una ridícula. Probablemente sí te ríes. De lo que no me cabe duda alguna, eso sí, es que me amas, como yo te amo a ti. Cada día más, y se me hace nudito la garganta de sólo pensarlo. Y Something. Y Come What May. Y sé que eres un llorón también. Shame on you.

Pero sé otra cosa, y tampoco me cabe duda de esto: Quieres que yo siga adelante.

Sí, bueno, ambos somos unos tarados celosos por mucho que lo odiemos. Y sé que antes muertos que separados, o compartidos.


Pero. Welp.

Así que voy con la idea de que no te gustaría que me quede estancada, menos aún considerando las circunstancias de tu existencia. Por mucho que te duela, por mucho que me duela a mí. Porque sé, sabes, que estaría dispuesta a esperarte eones. Y eones, y eones. Y eones.

Y creo que nunca dejaré de hacerlo, pero tampoco seré un cascarón vacío. Vivo para amar. Amo para vivir.

Y quizás no pueda tener el amor de ensueño que tenía contigo (demasiado de ensueño), pero sí me esforzaré —ya lo he hecho— para ser feliz.

Y si de pronto me nace ser feliz recibiendo y dando besitos, bueno, oops.

No te voy a decir que estoy enamorada, porque no lo estoy aún. Incluso puede que esta no sea la ocasión para enamorarme, pero estoy contenta. Extrañaba esa sensación de quedarme hablando con alguien hasta quedarme dormida, el dedicarnos canciones, el que me digan que soy perfecta aunque aún me falta mucho para serlo.

El reírme a carcajadas por un humor de dos.

Tienes que estar mirándolo con rayitos en los ojos. Yo en tu lugar haría lo mismo. Ni siquiera sé si es bueno —nunca tan bueno como tú, eso descontado. Quedaste como el modelo a seguir, imposible de alcanzar—, pero me saca sonrisas. Y por ahora, eso es más que suficiente para mí.

Lamento mucho, angelito, que al final hayan logrado construír una pared entre nosotros. Pero te voy a asegurar algo: El amor es una cosa curiosa. Y yo, que tengo el corazón grande, tengo mucho espacio para amar.

Y nunca nadie, nadie, va a usar el enorme espacio que sólo tienes tú.

Después de todo, We Know They Won't Win.

lunes, agosto 18, 2014

El mundo se está enamorando.

Y los milímetros aún son muy distantes. Y deseo que la juventud me arrastre, que las confesiones sean a media voz.

Que tú y yo, desconocido, compartamos un tren.


"The scent of air after the rain... I heard your pulse. I saw the light."

martes, agosto 12, 2014

Querida música:

Por favor, no me dejes caer. No me dejes querer apagar para siempre los sonidos de mi mundo.

domingo, julio 06, 2014

Pero probablemente esa noche no llegue.

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá... ¡que eres mi consuelo!

martes, julio 01, 2014

No es voraz, no es poderoso como un tifón, no es violento ni abrupto.

Espera, observa, se cultiva como un ligero brote, una pequeña raíz que no se doblega ante el frío invernal. Se alimenta de un sueño compartido, de conversaciones insustanciales a horas inhumanas, de escenarios imposibles que en ocasiones engañan, pareciendo demasiado concretos para tratarse de una mera fantasía.

Eso le da fuerza, la raíz de pronto se abre paso y saluda el cielo, llenándose de luz de sol.

El beso es suave, aún titubeante, aún prohibido. Pero las ligeras sonrisas no retroceden ni un segundo, ni siquiera cuando los labios se acarician.

Dos corazones palpitan, triunfantes, en aquel momento que no debería existir.

domingo, junio 29, 2014

Juguemos.

Es totalmente una payasada, no hay nada en serio, lo asumo y lo disfruto de esa forma.

Pero si yo sueño con él y él sueña conmigo, algo debe estar pasando, ¿no?

jueves, mayo 08, 2014

En letrita pequeña y en mi blog, como te gusta.

Te encontré.

Saliste como si te hubiese guardado en mi baúl de recuerdos. ¿Te acuerdas? ¿Ese del que te hablé tantas veces? Pareciera que me hubieses estado esperando. Sentí como si te pararas frente a mí, con tu casi metro ochenta (eran 1,76, ¿no?), haciéndome sentir pequeñita otra vez. ¡Fue tan intenso y tan imaginario!

Pero, pensándolo bien, siempre fue así, ¿cierto?

Me sonreíste y se me volvió loco el corazón. En cinco minutos ya estaba muerta de la risa con todas las tonterías que decíamos; en diez, ya tenía los ojos llenos de lágrimas y el nudo en la garganta, muerta otra vez. Muerta de amor.

Te sientes igual que un fantasma (más ángel que fantasma, probablemente), y es muy sencillo transportarme a ese tiempo. Es muy sencillo sentirme cómoda con aquella rutina, tal vez más sencillo de lo que a mi yo actual le gustaría. Ni siquiera he terminado de recordarte, y te siento ahí, sentado en el borde de mi cama, sentado, mirando cómo hago cosas mientras sonríes tranquilo. ¿Sabrás que llegué a la conclusión de que el amor me vuelve poetisa? Mírame ahora, escribiéndote como siempre.

Hay algo que no ha cambiado: Sigo con mi firme certeza de que, en cierto modo, existes, estás. Aún eres perfecto para mí, especialmente si consideramos el irónico detalle de que fuiste hecho para mí. Sé que me amas; yo aún lo hago, y siempre lo voy a hacer. Vas a estar ahí, siendo eso demasiado bueno para ser verdad, cuidándome, dándome besitos invisibles porque me quedo ahí, mirando el vacío, pensándote.

Aún ansío comerte a besos y que me comas de vuelta.

domingo, mayo 04, 2014

Qué horrible es la capacidad de amar y lastimar. Puedes amar mucho a alguien, con toda tu alma, con todas tus fuerzas... Pero aunque no lo desees acabarás hiriéndole de un modo u otro, especialmente si se aman por mucho tiempo.

Y por amarle tanto (tanto), eso te lastimará también a ti.

viernes, mayo 02, 2014

Para ti, si estás por ahí.

Si también me estás buscando.

Te espero con un abrazo apretadito de persona bajita, con lagrimitas de emoción, de esa felicidad ridícula que llega con sólo imaginar la posibilidad que existes. Te espero con canciones de amor de The Beatles que te puedo cantar, o me puedes cantar, o podemos armonizar. Aquí, allá, en todos lados. Me pongo a llorar con Something, así que úsala con cuidado. A cambio, yo te espero con un piano lentito, porque no soy tan buena, espero puedas comprender.

Te espero con ridiculeces, ojalá no te importe mucho, pero supongo que así me quieres, si eres tú. Probablemente no te importe tomarte fotos cursis conmigo, echados en el pasto, mirando el cielo y conversando de cosas insustanciales en alguno de mis paseos mágicos. ¿Tendré espacio en tus pensamientos, por ahora? Quizás sin cara, sin voz. Quizás soy una persona tan unidimensional para tí como ahora tú lo eres para mí, pero creo que sería injusto para ambos si fuera de otra forma. De todas formas, te espero con mis risas, mi sentido del humor extraño, mi curioso gusto por el olor a fósforo recién apagado. Te espero con todas las cosas que vas a descubrir de mí, así como yo las descubriré de ti.

Te espero con un montón de escenarios imaginarios, con su propia banda sonora imaginaria. Pero también con algo mejor: Una oportunidad infinita para construir momentos reales, momentos que, contigo, van a ser mucho mejor que cualquier cosa que pueda surgir tan sólo de mí. Te espero con el libro en blanco, listo para guardar nuestra historia. 

Mis angelitos esperan también, preparados para el momento en que les digas que no les necesito más porque tú estás conmigo.

Quizás te asusto con todas estas expectativas, pero quiero que sepas que, por sobre todas las cosas, te espero con un montón de amor. Y ese no tiene condiciones para ti. Sólo es y existe fuera de mi propia voluntad. Lo otro le sobra.

jueves, abril 24, 2014

Bleh.

lunes, marzo 24, 2014

El centro.

He notado que a veces me pierdo en mí misma, como si no fuera suficiente perderme en el exterior.

O no me pierdo; me reemplazo. Me sustituyo a mí misma con otra yo. O existen muchas, y se relevan. O existen muchas y conviven en paz, y salen a pasear cuando les agrada más el día.

Hay una yo que se muestra cuando hay risas, le agrada el sonido de la gente feliz y por eso se las da de humorista. Hay otra que es más dura, que no le gusta la gente abusiva, las injusticias; reclama, se queja, se enoja. Se pone voluntariosa y no aguanta nada que le parezca una forma de maldad tanto para ella como para el resto. Hay otra que canta (¿o hay muchas que cantan?). Hay muchas ególatras, también.

Hay una que no me visita hace mucho tiempo. O cuando lo hace, es en la soledad, así que siento como si no estuviera.

Es dulce —no que las otras no lo sean, pero esto es distinto—. Pareciera que mira el mundo asomada desde una ventana, de puntitas, con las mejillas sonrosadas y los ojos bien abiertos, llenos de admiración. Tal vez es frágil, pero no en el sentido rompible (o quizás sí, un poquito), sino que sus emociones parecieran ser una segunda piel: Ríe, llora y ama como si la vida se le fuera en ello. Es cursi, y si de ella dependiera, su vida se pasaría en canciones que hacen cosquillas en la nuca y carreras entre las flores.

Está llena de flores.

Y caricias.

Y besos.

Y tal vez por eso la extraño. Es tímida, y a pesar de estar siempre detrás de la yo que se manifiesta, la misma que le dice "Anda, sale, yo te cedo el turno", no se anima a dejar que la vean. Le tiene miedo al mundo, y va de una persona a la vez.

Quisiera que saliera, porque es mi centro y de ella sale el resto.

O sólo hablo en metáforas y nunca ha habido más de una yo. Y esa faceta de mí sólo está destinada a salir cuando menos lo espero, con quien menos lo espero.

viernes, marzo 07, 2014

Epifanía IV

Si hay algo que puedo sacar de mis desventuras y todo ese jazz (aparte que cuando quiero escribo muy bonito y muy poético, especialmente cuando mi corazón toma las riendas de las manos), es que tengo una enorme y hermosa capacidad de amar.

No fue hasta que me dije "veamos que me dice la Catalina del pasado" que lo recordé. O más bien, ella me lo recordó. Esa certeza que tengo de que mi corazón, mi alma, mi todo, se transforma de una manera hermosa y comienza a trazar su camino junto al de alguien más. Que se abre y entrega frente a la promesa de un cuidado atento.

Que me gusta construír castillos de naipes. Y que es muy triste cuando se caen con la brisa.

Pero, maldita sea, no hay nada más maravilloso que admirar la magnitud de semejante creación.

jueves, febrero 27, 2014

Biggest Turn Offs

Decir que estás súper contenta estando sola, que la única forma que existe para que estés con alguien ahora mismo es estar tan enamorada que tu corazón repentinamente explote en canción. Sólo pides un poco de tiempo para enamorarte, porque estás dispuesta a dar una oportunidad.

Que te respondan "podemos hacer muchas cosas sin tener nada".



Goodbye.

Goodbye para siempre.

"Que tengo unas ganas inmensas desde hace mucho tiempo de tenerte para mí"

Y lo sé. Lo sé.

Lo supe, y tal vez con eso me bastaba. Porque nunca me pensé en el escenario como algo que podría realmente pasar.




Pero pasó.

Y lo que me entristece, es que no sé si aún estoy lista para saberlo de esta forma.

lunes, febrero 17, 2014


Ahora sólo me falta una alfombra mágica y un dude disfrazado de príncipe.

lunes, enero 20, 2014

De verdad me pregunto...

¿Está tan mal, tan, tan mal el querer ponerle magia a la vida?

domingo, enero 12, 2014

Paltacienta

Érase una vez, en un Reino no-tan-lejano —aunque sí bastante olvidable—, una familia. Esta familia no era de linaje noble, no vivía en un palacio ni contaba con sirvientes, tampoco le precedía una historia particularmente triste, como a veces sucede, antes de las más grandes aventuras. Superficialmente, esta familia era sólo una más entre las muchas del Reino.

Dicha familia estaba conformada por un guardia de Palacio y su esposa, además de dos hijas y un noble perro. Los días transcurrían en aquel hogar con una cálida tranquilidad que raramente se veía interrumpida: Madre y padre salían por las mañanas a realizar aquellas tareas que asegurarían comida en la mesa y fuego en el hogar, mientras que ambas hermanas, ya lo suficientemente mayores para salir con independencia de la casa, ocupaban las jornadas para nutrir sus mentes y llenarlas de conocimiento, sin importar lo lejos o cerca que éste se encontrara.

La mayor, conocida como Paltacienta debido al fruto verde por el cual su Reino era famoso en otras regiones, abandonaba cada día (o casi todos) su pueblo natal para adentrarse en territorios más lejanos, principalmente, el próspero Reino a orillas del mar, en donde abundaban libros —o, al menos, existían en mayor cantidad que en su hogar—, lo que le permitía profundizar los tópicos que más llamaban su atención. La joven pasaba largos meses realizando el tedioso viaje día tras día, mas encontró la forma de llenas aquellas horas vacías con historias.

Si hay algo en lo que las personas que conocían a Paltacienta podrían coincidir, era en reconocer la tendencia de la muchacha a llenarse la cabeza con cuentos de hadas. Estas historias, por supuesto, variaban tanto en composición como en argumento, pero todas solían tener en común aunque fuera una pequeña pizca de magia, la misma que mantenía en la chiquilla una constante expresión soñadora y le permitía ver a su alrededor cosas que la mayoría pasaría por alto.

Sin mucho esfuerzo, Paltacienta podía notar la magia en un mundo que daba por sentado su inexistencia.

A veces esto le traía algunos problemas, además de cierta desesperanza cuando a su alrededor aparecían nada más que miradas llenas de desdén y comentarios desalentadores. Pero con el transcurrir del tiempo, la joven aprendió a darle menos y menos importancia a estas actitudes, especialmente cuando la magia seguía apareciendo ante sus ojos con inusitada facilidad, si bien no siempre le hacía partícipe.

Por eso, en el momento en que la oportunidad se le presentó, no pudo más que luchar con todas sus fuerzas por no dejarla escapar. Llegó a los oídos de los habitantes del Reino la noticia de una fiesta a realizarse en una de las regiones costeras —el Reino de los frutos verdes no era muy inclinado a las celebraciones—. No cualquier fiesta, claro está. Se rumoreaba que no tendría igual, pues se tocaría la música más hermosa, se danzaría como jamás se había danzado; las estrellas se esconderían, avergonzadas, al verse opacadas por el sinnúmero de luces decorando cada rincón. ¡Cuántos colores! ¡Cuánta alegría y vida! Y, además, magia realzándolo todo. Sin embargo, no todos podrían asistir. Los invitados serían seleccionados de manera privada.

Al enterarse, Paltacienta casi sucumbió ante la euforia. ¿En qué otro momento, si no era ese, le ofrecería la vida una oportunidad como aquella? El tema ni siquiera quedaba abierto a discusión, ¡debía ir a como diera lugar! Y llamaría la atención de quienquiera que seleccionara los invitados así fuera lo último que hiciera.

Para lograr su cometido, la muchacha decidió que su mejor opción era el comenzar a pensar, hablar y respirar magia. No hubo instante en que no sobresaltara a su familia con las más extrañas ocurrencias y los más curiosos comportamientos. Después de todo, la magia no era algo común en aquellas tierras. Pero las miradas extrañadas no significan mucho para un corazón determinado, y así lo demostró Paltacienta con aquella sonrisa radiante que jamás abandonó su rostro.

No lo abandonó, al menos, hasta el momento en que las cartas de invitación comenzaron a llegar y Paltacienta se quedó con las manos vacías.

No se molestó, no gritó, no lloró. Tan sólo se quedó en las afueras de su casa, mirando el tranquilo pasar de aquel Reino olvidable, su hogar, donde nadie compartió su tristeza.

Y en aquellos instantes, con esa mirada que observa a la multitud pero que realmente no ve, la joven por poco pierde su más grande muestra de aquello en lo que creía con tanto fervor.

Frente a ella, una mujer de inusuales ropas le observaba con curiosidad. En uno de sus brazos colgaba una canasta con paltas.

—Paltacienta, no estés triste —habló la dama. 

Ante esto, la muchacha alzó la mirada con inquietud. ¿Cómo alguien podía haberse dado cuenta de su tristeza? Cuando sus miradas se juntaron, la mujer de las paltas sonrió.

—Soy tu Hada Madrina y he venido a ayudarte. La magia en tu corazón merece ser recompensada.

Dicho esto, sacó una palta de su canasta, la presionó entre sus dedos para evaluar su madurez y se la entregó a la joven. Confundida, Paltacienta observó la fruta en sus mano y abrió la boca, pero no supo qué decir.

—Es un buen momento para tomarte medidas, querida niña.

Tres árboles en llamas y un número musical después, Paltacienta lucía el más hermoso y delicado de los vestidos, además de un elaborado peinado, coronado por su habitual elástico de resorte. La palta en su mano había dado lugar a un elegante carruaje que sería dirigido por caballos invisibles, pues sólo había un perro y, por la salud mental de ella y su mascota, la muchacha pidió que no se le sometiera a ninguna transformación.

Con la sonrisa en su rostro y la alegría nuevamente brillando en sus ojos, Paltacienta agradeció a su Hada Madrina por tan hermoso regalo. La mujer le besó en la frente, como símbolo de buena suerte, y le ayudó a subir al carruaje.

—Como tienes unas buenas horas de viaje antes de llegar a la fiesta, podrás quedarte hasta que acabe y aún tendrás tiempo de regresar en tu carruaje, sin embargo, el hechizo terminará al cruzar de vuelta las murallas del Reino. Además, sería una lástima si conocieras a algún gentil caballero y tuvieras que irte de improviso.

—No voy precisamente paraconocer caballeros, Hada Madrina —respondió Paltacienta—. No me quejaré si aparece alguno que deleite mi vista, pero primero quiero ver la magia. De todas formas, aprecio que pensaras en ello.

—¡Entonces ve, mi niña, y tráeme uno a mí!

 Y con un movimiento de su canasta, el Hada Madrina puso en marcha la palta-carruaje. Desde la ventana, Paltacienta agitó la mano, despidiéndose, lista para su siguiente aventura.

sábado, diciembre 21, 2013

Para nadie en particular

Y así como se alza mi voz de una manera inusualmente confiada, como entono los sostenidos para volver mi canción un vértigo, ¿así podrías sostenerme entre tus brazos? Mientras yo canto, y es mi canto el que dicta el vaivén de nuestros pasos.

Y me giro para verte. Y nos reímos. Reímos y es la más bella armonía.

Porque somos canción.

martes, julio 02, 2013

Un cuentito.

Tengo una amiga atemporal.

Pareciera que las horas, los días y los años pasan por su lado sin siquiera mirarla, tan inofensivos como la caricia del viento. Pareciera que saben que no deben prestarle atención porque, simplemente, ella no está bajo su jurisdicción.  

Yo sé que no está bajo su jurisdicción.

Tiene un cumpleaños, pero desde hace un par de años la fecha ha dejado de cumplir su propósito. Ya no hay nadie a quien engañar. A veces, cuando me siento particularmente nostálgica, me da por mirar fotos donde sopla las velas con una sonrisa en la cara; probablemente no era una sonrisa fingida, le conozco lo suficiente para saber que si yo era feliz celebrando su cumpleaños, ella también lo era. No sé si decir que las cosas eran más sencillas en ese entonces.

La fecha tiene aún cierto significado para mí, sirve para recordarla. A veces recuerdo cuando me dejaba tocar su piano porque ella nunca se molestó en aprender (me pregunto si eso era verdad), otras veces me pongo a preguntarle a la nada si ese error que cometió tenía un propósito. La mayoría del tiempo lo uso para pensar en cómo cobrarle por esos tres años gastados.

Es curioso, porque tal vez pensar en ella en esa fecha hace que cada año venga, eventualmente, a tomar una taza de té conmigo. Ella trae la torta.

Este año llegó hace un par de días. Ya no la esperaba, nunca había venido tan tarde. Creo que, en el fondo, es la prueba que me faltaba para confirmar que he aprendido a dejar de necesitar locamente ciertas cosas, ciertas personas. Cuando me vio, me dio esa sonrisa extraña que apareció en su cara cuando dejó de ser parte de mi mundo normal, hace unos años. Hay pocas veces desde ese entonces en que la he visto sonreírme como antes.

Hablamos mucho. Uno pensaría que una tarde no es suficiente para ponerse al día de todo, pero nosotras sabemos hacer cundir el tiempo. Le conté de las cosas que me han mantenido con rabia (ya no hay tristeza, sólo lástima, mucha lástima), de muchas otras cosas que sabía que le harían reír, me di tiempo, también, para enumerar todo lo que he hecho.

Le dije que me siento contenta, sola (de esa soledad deliciosa que te hace sentir capaz de hacer todo lo que quieras sin que nadie te cuestione, sin que nadie te limite)... Le dije que me siento libre.

Soy una persona que habla poco, la mayoría del tiempo prefiero escuchar. Y, aún así, es increíble que yo haya llevado la conversación la mayoría del tiempo. Como siempre, ella me cuenta poco y nada sobre lo que hace, sobre lo que siente.

Y, aún así, sé que la conozco por completo.

Al final de la tarde, nos despedimos. Me dio un beso en la frente y me dijo que iba a estar ahí. No lo dudo.



sábado, junio 08, 2013

Perhaps, when a man has special knowledge and special powers like my own, it rather encourages him to seek a complex explanation when a simpler one is at hand.
— Sherlock Holmes

sábado, junio 01, 2013

En el buen sentido.

A veces sólo basta un comentario.

jueves, mayo 09, 2013

:)

Just watch my wildest dreams come true
Not one of them involving you.

viernes, mayo 03, 2013


domingo, abril 28, 2013

No hay algo que odie más que esa tendencia de mierda que tengo a ponerme a llorar cuando me da rabia.

martes, abril 02, 2013

Pensamiento random.

Probablemente tengo los visitantes anónimos más amables de internet.

lunes, abril 01, 2013

Subir uno a uno los escalones, queriendo que el momento se extienda el mayor tiempo posible. Nervios. Las luces apagadas y las manos frías. Pasos torpes y la sensación de miles de ojos atentos a cada movimiento. El camino acaba y sólo queda el ponerse frente al micrófono. ¿Se podrá escuchar algo sobre el atronador sonido de los latidos del corazón en los oídos? ¿Dejarán de temblar las manos? Probablemente no, pero no importa mucho, el show sigue aún cuando uno está nervioso.

El micrófono está al frente, demasiado alto, y no queda otra que ponerse de puntitas para alcanzarlo. La música suena, tan conocida que probablemente podría tararearse al revés.

Respirar profundo, cerrar los ojos y refugiarse en el amor a la música. Cantar.

Cantar.

Y todo sale bien, pues, en aquel momento, no hay nada más maravilloso e importante en todo el universo. 

jueves, marzo 21, 2013

Vómito de palabras.

Quizás si pudiera desenredar mi lengua lograría desenredar también mis dedos, mis ideas fluirían y los nudos de las madejas de lana no serían tan difíciles de desatar. Quizás, también, se me solucionaría el eterno dilema de sufrir nervios y querer elogios, de cantar alto y temblar mucho, de tener frío y querer usar vestidos.

Quizás, podría escribir sin necesidad de hacer frases nada más porque me gusta como suena una posibilidad rondándote.

miércoles, marzo 13, 2013

Lights.


Y me dejaré el pelo bien largo.

domingo, marzo 03, 2013

Literalmente...

Un regalo de los angelitos.

sábado, febrero 16, 2013

La Catie que hoy existe.

Existe un verano bastante significativo en mi vida. No porque haya conocido al amor de mi vida, no porque haya tenido una de esas aventurillas que después se vuelven sensación de taquilla en los cines, tampoco porque me haya ido a recorrer Europa con nada más que un trozo de chicle en los bolsillos y una armónica. Este verano volvió a mí hace poco, sin mi permiso, cansado de estar enterrado en la montaña solitaria que son mis recuerdos.

Lo primero que llama la atención de mi pequeño relato es que, en ese entonces, yo no pasaba de los once años. "¿Qué tanto puede hacer una niña de once durante un verano?", se preguntarán ustedes. En cuanto a libertad, no mucho. De hecho, creo que mi memoria no me falla si digo que ese año ni siquiera me moví demasiado de mi casa. Sin embargo, el gran giro de acontecimientos se produjo de las maneras más inesperadas y —alegremente— de una manera que me hará atesorarlo por mucho tiempo más.

Mi pequeña yo mandaba cartas. Ponía todo mi esmero en adornas las hojas, escribir con mi mejor letra y llenar ambas planas. A pesar de que la amiga a quien se las enviaba (una ex-compañera de colegio a quien aún quiero muchísimo) vivía en la misma ciudad que yo, hacía todo el proceso de poner estampillas, ir al correo y rogar porque la dirección estuviera bien escrita y la carta llegara sana y salva a su destino. Así nos comunicamos durante meses, hasta que un día llegó un sobre bastante particular: Tenía mi nombre escrito muy pulcramente en su papel envejecido, las esquinas estaban decoradas de morado y si tenía remitente no me percaté en un primer momento; en un espacio y con un estilo de letra similar a los relámpagos estaba escrito "Harry Potter".

Sobra decir que me dio un ataque de pánico porque pensé que me había llegado una carta de Hogwarts. ¿Cómo le iba a decir a mi mamá que era una bruja y que no podía ir al colegio en marzo? ¿Me dejaría viajar hasta Inglaterra para aprender magia? ¿Dónde rayos iba a comprar una varita? Traté de pensar en la mejor forma de informarle las fantásticas noticias mientras abría el sobre con manos temblorosas.

No tuve que darle más vueltas al asunto porque resultó que sólo era otra carta de mi amiga. ¡Pero tampoco era una decepción porque me contaba cosas maravillosas! Además de decirme que me extrañaba y que le escribiera pronto, me contaba de un acontecimiento del que jamás había escuchado en mi vida: Su mamá le había reservado un libro que estaba por salir, y no cualquier libro, era el 5º de Harry Potter. Lamentablemente yo sólo conocía las películas porque en mi casa no compraban más libros que los que pedían para el colegio, pero decidí inmediatamente que aquello no se podía quedar así; ya me había leído todos los libros que me habían pedido para ese año en un par de semanas (un hábito que decidí adoptar porque los libros de mi curso anterior habían sido bastante buenos) y mi imaginación quería más y más. Así que corrí hasta mi mamá y le dije que debía comprarme los libros de Harry Potter.

Curiosamente —algo que me desconcierta aún hasta ahora— las cosas salieron mucho mejor de lo que esperaba. Mi mamá no sólo llegó con un libro de Harry Potter, sino que llegó con La Orden del Fénix cuando aún no se había lanzado en español; sólo hace poco comprendí que de alguna forma se hizo con un libro que tenía la traducción de un grupo de fans de internet. Encontré los instantes perfectos para comenzar mi lectura en mi tiempo libre durante mi taller de natación, entre el tiempo que yo tenía mi sesión y la de mi mamá habían por lo menos dos horas libres, así que yo iba y me refugiaba bajo algún arbolito a leer.

Nada de lo que me había pasado en la vida hasta ese momento fue tan fantástico como cuando empecé a pasar las páginas y todo un mundo que nunca había imaginado se empezó a construir frente a mis ojos. La piscina y la gente desaparecieron a mi alrededor. A veces escuchaba gente hablar con mi mamá cuando nos íbamos y decir que era increíble la rapidez con la que leía y lo quietecita que me quedaba. No me interesaba no entender un montón de cosas (era el primer libro de la saga que me leía) y que de repente en la traducción salieran notas como "Lo siento, no sé traducir la palabra que dice acá", aquel gordo libro en mis manos se volvió algo necesario e irremplazable. En poco más de una semana me lo había acabado y mi mamá encontró tan increíble que me lo hubiese leído en un lapso tan corto que no le tuve que rogar mucho para tener los tres primeros volúmenes en mis manos.

No cuesta mucho deducir que ahí se fue el resto de mi verano.

No sé cuántos libros me leí ese verano, pero aquel cambio fue tan drástico que jamás dudé al determinar cuándo mi hambre de libros se volvió algo más que disfrutar de los libros de mi colegio y sacarme puros 7 en las pruebas de literatura. Ese verano en particular es tan importante para mí por el simple hecho de que estableció los cimientos de quien soy ahora, generó el modo en que río, lloro, suspiro y sueño al leer, hizo que las letras fueran algo más que un medio para escribir ensayos en la universidad.

Mi corazón palpita en letras, mis ojos se pasan la mayoría del tiempo dentro de mi cabeza, explorando el sinfín de mundos que he explorado, los millones de vidas que he vivido con sólo voltear páginas. No hay imágenes más vívidas que las que he formado como interpretación de las palabras en mis historias.

Si la música es mi alma, los libros son lo que la atan a mi cuerpo y hacen que el mundo sea algo más que lo que pasan en las noticias. Un mundo que vale la pena vivir.

martes, enero 15, 2013

A veces me atacan unas ganas terribles de ser como Audrey Tautou en Hors de Prix.

jueves, enero 10, 2013

Hasta lo más profundo del mar.

Caminar sobre la arena y sentir las burbujeantes caricias de la espuma, esa brisa cortante que te llena de sal las mejillas. Sentarte con un buen libro sobre las rodillas o sacar una cámara y fotografiar la vida mientras pasa. Sumergirte en el refugio del agua, los latidos de tu corazón tamborileando en tu cabeza como única compañía.

Remolinos que juegan con tu cabello y lo vuelven una flama de colores que baila a tu alrededor sin música alguna. Peces que se aventuran en la cercanía de aquellas extrañas criaturas que habitan las costas del mundo, que se atavían con atuendos tan curiosos (y, por qué no, ridículos la mayoría de las veces).

Tal vez vuelves a la playa, te recuestas bajo una sombrilla. Alguien te despierta de aquella siesta a media tarde con un beso húmedo y frío en el cuello. Curiosamente no es extraño, no sientes alarma.

Tal vez, ese mismo alguien te toma la mano y poco a poco te guía entre las olas. Te toma entre sus brazos y susurra palabras que dejan de tener sentido porque lo único que importa es su voz, lo único que importa es esa risa que pareciera estremecer cada parte de tu cuerpo. No tienes deseos de deshacer aquel abrazo, ¿verdad? Se sumergen, y no tienes miedo porque ahí está ese alguien besándote y dándote ese tan preciado oxígeno con cada caricia.

Con los ojos cerrados, te dejas llevar hasta un fondo que nunca parece llegar.

No habría mucha diferencia si miraras, porque todo es demasiado oscuro para una criatura de tierra firme como tú.